La palabra desastre proviene del italiano disastro, formado por dis- («separación», «alteración») y astro, del latín astrum, que significa «estrella». Su sentido original aludía a una influencia desfavorable de los astros, a aquello que ocurre bajo un «mal astro».

Esta noción remite a la cosmovisión atemporal, según la cual la posición y el movimiento de los astros podrían influir sobre las circunstancias humanas.

Etimología: Desastre

Sin embargo, podemos encontrar en esta palabra una imagen todavía más profunda. Desastre puede ser también la pérdida del astro que nos orienta: el momento en que nos separamos de nuestra referencia, olvidamos nuestro eje o perdemos de vista aquello que da sentido y dirección a nuestra vida. Muchas veces, los grandes desastres ocurren cuando la humanidad pierde el ideal que la orienta.

Quizás, entonces, un desastre no provenga solamente de estar a merced de un astro, sino de haber perdido el nuestro. Porque perder la estrella que nos guía es también perder el norte, quedar sin referencia y dejar de saber hacia dónde dirigir nuestros pasos.

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