La virtud de la amistad
Equipo editorial de RevistAcrópolis
20 jul 2020 4 min de lectura1.144 lecturas
Los primeros pasos del hombre sobre la superficie de la Luna, el 20 de julio de 1969, inspiraron a que en Argentina este día fuera considerado el “Día del amigo”. Tal vez fue el sentido de unión que se despertó, pues gran parte del mundo contemplaba por televisión las andanzas cósmicas de la nave Apolo XI (cuyo nombre nos recuerda directamente al dios griego del Sol y la armonía), lo que llevó a la reflexión sobre la fraternidad universal y la amistad.
Compartir algo que humanamente trascendiera las diferencias étnicas, religiosas o de fronteras nos recordó la clásica virtud de la amistad. Este especial tipo de vínculo entre los seres humanos fue motivo de pensamientos y acciones de sabios y filósofos de todos los tiempos.
Entre los pitagóricos, durante el siglo VI a.C., la amistad fue el núcleo que sustentó la primera escuela de filosofía de la que el mundo occidental tiene registro. Mujeres y hombres diferentes en formas, gustos y aspectos personales estaban unificados por la esencia humana. La amistad humana en su profundo sentido era reflejo de la unidad del cosmos. Para Platón la amistad entre aquellos que buscaban la justicia era el corazón de la sociedad.
Aristóteles posteriormente hablará de diferentes clases de amistad, pero dirá que la verdadera amistad es aquella sustentada en la búsqueda del bien. Y por tener el bien como horizonte, estará apoyada en la virtud y traerá la concordia, entendida esta última como la capacidad de conectar corazón con corazón:
“La amistad es el mayor bien de las ciudades. La unidad de las ciudades es obra de la amistad”.
Para Epicuro la amistad era un concepto universal en el tiempo y el espacio. La amistad perfecta también consistía en buscar el bien en el semejante y constituía una virtud muy especial que nacía del sentimiento de entrega hacia los demás. Una sociedad de amigos era la respuesta que encontraban a cómo debía vivirse en sociedad y con el mundo que nos rodea.
Por el altruismo, hablaban de amistad como φιλία (philía), que significa a la vez amor y amistad. Para Epicuro la amistad era vista como natural y necesaria. No solo era algo que podían realizar los seres humanos, sino era un deber para con la sociedad y con la naturaleza.
La felicidad en la Grecia clásica no era el resultado de satisfacer las pasiones y los deseos egoístas del cuerpo. La felicidad era la “eudaimonía”, la plenitud del ser. Ser feliz era sentirse pleno y no podía lograrse sin amigos.
Las tradiciones orientales también encontramos profundas amistades. Por ejemplo, la que se da entre el héroe hindú Arjuna y Krishna. Este último, una divinidad en la tierra, conducirá el carro de Arjuna en la batalla por recuperar la ciudad de la sabiduría que se relata en la epopeya Mahabharata. Krishna será quien le ayude a disipar las nieblas de la duda y logre cumplir con su papel clave en esta lucha. Fue gracias a este amigo y guía que la sabiduría volvió a las manos correspondientes.
También podemos encontrar reflexiones sobre la amistad en las palabras del filósofo y político chino Confucio cuando decía:
“Para que pueda trabarse una verdadera amistad, es preciso prescindir de la superioridad que puedan otorgar la edad, los honores, la riqueza o el poder. El único motivo que nos debe incitar a la amistad es la búsqueda de las virtudes y el mutuo perfeccionamiento”
Para muchos de estos filósofos clásicos como la amistad lograba ir más allá del mundo sensible y como coincidirá también Epicuro, adquiría un rango de inmortalidad, afirmándose como un vínculo que lograba superar los ciclos de vida y muerte.
La amistad era vista como una virtud, por lo que requería voluntad, esfuerzo y constancia de todas las partes para que se materialice. Como virtud también llevaba a que uno mismo se armonizara con su interior y se volviera amigo de sí mismo, superando las trabas generadas por las pasiones y deseos egoístas.
Por tener carácter trascendental y atemporal, la amistad es capaz de superar las épocas, de estar presente más allá del tiempo y el espacio. Las amistades naturales surgen entre seres humanos que compartían ideas, que comparten la búsqueda del bien y la justicia. Por eso podemos llamarnos amigos de Platón, de Pitágoras, de Arjuna o de Confucio, aunque el tiempo y el espacio generen obstáculos invisibles.
El filósofo es aquel que siente amor-amistad por la sabiduría y emprende este camino para acercarse a ella. La amistad entre los seres humanos facilitará y será sostén de esta empresa. De la amistad fraterna y fundada en la esencia humana surgirá un mundo nuevo y mejor donde todos podamos sentir la felicidad que surge de la plenitud y era conocida como eudaimonía.
Equipo editorial de RevistAcrópolis
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