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Los Gremios Medievales

Victoria Calle

18 jun 2024 6 min de lectura2.220 lecturas

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Los gremios, en la Europa medieval, eran asociaciones de maestros, oficiales y aprendices de un oficio, reguladas por ordenanzas. Protegían los…

Los gremios eran Asociaciones formadas por los maestros, oficiales y aprendices de un mismo oficio, regida por ordenanzas o estatutos especiales.

Se pueden rastrear precedentes de los gremios o formas análogas en los collegia de la antigua Roma y en las hermandades de artesanos del antiguo Egipto e, incluso de la India.

El fenómeno gremial europeo nace en la Baja Edad Media, al compás del despegue económico del siglo XI y el resurgimiento de las ciudades tras el feudalismo estricto de la Alta Edad Media.

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La función principal de los gremios era la de proteger los intereses de quienes practicaban un oficio y el control de la calidad y el precio de los productos.

Los gremios homologaron la calidad de los productos con reglamentaciones específicas ya que el artesano tenía que respetar la reglamentación al respecto, so pena de ser expulsado de la corporación e imposibilitado para ejercer la profesión en el lugar, al menos.

Así los albañiles tenían reglamentación sobre las proporciones de los materiales para fabricar los morteros, lo panaderos garantizaban la calidad de la harina y el peso de las piezas de pan, etc.

Los gremios establecieron el sistema de aprendizaje de las profesiones. Su estructura jerárquica consistía en tres niveles: maestro, oficial y aprendiz, aunque en algunas partes de Europa solo existieron dos grados: maestro y aprendiz.

La categoría de “oficial” se encontraban un nivel por debajo de los maestros. Se trataba de artesanos con cierto conocimiento que llegaban a cobrar por su trabajo, estando bajo la supervisión del maestro y tratando de perfeccionar sus habilidades. Posteriormente la categoría de “oficial” tendría, a su vez, varios grados.

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El periodo de “aprendiz” duraba varios años, fijados en cada caso por las ordenanzas, oscilando entre dos y siete según los oficios. En algunos lugares existía el contrato de aprendizaje o «firma de mozo», redactado por un notario, donde figuraban los derechos y deberes de maestro y aprendiz, así como las condiciones de la enseñanza. En muchos casos, el aprendiz no cobraba sueldo alguno; ayudaba al maestro mientras aprendía el oficio, vivía en su casa y era mantenido por el mismo maestro.

Para acceder a la maestría una vez finalizado el aprendizaje o desde el nivel de “oficial”, se pedía al aspirante la ejecución de una pieza u «obra maestra», así como el pago de unas tasas al gremio. La dificultad del examen fue creciendo con el transcurso del tiempo, a la vez que se elevaban los derechos de examen, todo ello encaminado a dificultar la entrada en la maestría. Sin embargo, se hacían excepciones con los hijos de maestro, cuyas tasas eran muy inferiores. De este modo, el gremio pasó a ser coto cerrado de unas cuantas familias en cada oficio.

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Igualmente, si algún extraño quería entrar al gremio, podía llegar a serlo tras pasar un examen y una prueba práctica de sus habilidades. Si aprobaba, tenía derecho a abrir un taller propio, ser el dueño de las herramientas, acoger peticiones de trabajo y establecer su propio sistema de comercialización como lo haría cualquier egresado del sistema gremial de enseñanza.

Otra de las funciones del gremio era asistir a sus integrantes en el caso de necesidades como enfermedad o accidente; también amparaba a las viudas y a los huérfanos. En algunos casos mantuvieron hospitales propios. En definitiva, actuaban como una asistencia mutual en una época en que no existía nada parecido. En este sentido proporcionaron un modelo para la creación de las asistencias sociales del mundo moderno.

El gremio controlaba también la cantidad de artesanos y talleres en la ciudad con el fin de evitar competencia exagerada que al final, perjudicaría a todos. Igualmente controlaba los precios y la calidad como dijimos antes, cosa que impedía la competencia desleal a la vez que beneficiaba a los consumidores.

No obstante, como todo en algunos casos de corrupción, este control, pudo llevarse con la sola mira del beneficio del gremio y abusar del poder de la asociación.

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Cada gremio tenía un símbolo, y en algunos casos también vestimentas que los identificaba y diferenciaba del resto de gremios de la población, indicando de esta manera a qué oficio pertenecían.

Los gremios, como cofradías o hermandades de trabajadores, tenían cada uno su “Santo Patrón”, encargándose del mantenimiento de las festividades propias e, incluso de sus santuarios o estatuas. Así, festejaban las fechas de sus patrones incluyendo el aspecto religioso en el trabajo. Con esta ocasión se bendecían las herramientas de trabajo y se hacían ofrendas propias del oficio o relacionadas con el mismo.

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El gobierno del gremio estaba a cargo de unas autoridades superiores, verdadero poder ejecutivo y representativo: el capítulo o junta general de los cofrades que tenía poder deliberante y decisorio. Se reunía al menos una vez al año, normalmente en la víspera de la fiesta patronal. En esta reunión o capítulo anual eran elegidos los mayordomos, magistrados superiores de la corporación que ejercían la dirección y representación del gremio durante el año de su nombramiento. En cuanto al consejo, compuesto por un reducido número de socios, realizaba una labor asesora de los directores del gremio.

Las múltiples funciones de la cofradía y las necesidades subsiguientes dieron origen a diversos funcionarios gremiales, que estaban subordinados a los mayordomos. Los veedores eran los encargados de efectuar la inspección que el gremio ejercía sobre la producción de los artesanos afiliados. Para llevar las cuentas existía un contador. Un escribano o notario se encargaba de levantar acta de las sesiones del capítulo y de redactar cuantos escritos fueran precisos para la buena marcha de la corporación. El luminero se encargaba de la lámpara que continuamente ardía en la sede de la cofradía, ante el altar del santo patrón, y para cuyo aceite se asignaba una parte de las multas.

Únicamente los maestros podían ostentar cargos gremiales y sólo a ellos estaba permitido abrir taller propio.

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Los talleres artesanales estaban compuestos por tienda y obrador; la parte que daba a la calle se utilizaba para la exposición y venta de objetos y, sin mediar separación alguna, en la parte interior se fabricaban los productos, pues se tenía la idea de que los obreros trabajaban mejor bajo la mirada de los transeúntes.

A lo largo del siglo XVIII los gremios, ya muy debilitados, fueron desapareciendo siendo sustituidos por la iniciativa privada, la libertad de industria y comercio propios del capitalismo. Esto se aprecia tempranamente en Inglaterra tras la introducción del domestic system que producía mercancías fuera de la reglamentación gremial.

La moderna sociedad industrial consideró que las hermandades gremiales suponían un estancamiento de la producción y que ponían trabas para la iniciativa privada. Acabó sucediendo que el desarrollo de la industria moderna y la consiguiente quiebra de los talleres artesanales, arrojó a oficiales y maestros artesanos a un tipo de trabajo dependiente y a sueldo.

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Durante el siglo XIX las relaciones de producción capitalistas y la creciente proletarización del trabajo desembocaron en un problema social y la creación de lo que modernamente se entiende por “clase obrera”. En adelante los obreros se organizarían en sindicatos y partidos políticos.

En cierto modo, los gremios constituyeron el antecedente de los sindicatos, más concretamente, en las etapas iniciales de su creación, ejemplo de los cuales fueron las Trade Unions (Sindicatos de Oficio) en los albores del siglo XIX. Son también el antecedente de los actuales “colegios” profesionales como el de Escribanos, Abogados, etc.

No obstante, los gremios, incluidos en el moderno sistema de producción, perdieron en gran parte el sentido de hermandad y el sentido místico del trabajo, así como su dimensión formadora, su íntima relación con las herramientas y el eficaz aprendizaje práctico en los mismos talleres de producción artesanal.

Victoria Calle

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Victoria CalleEscrito por voluntarios de la escuela de filosofía Nueva Acrópolis.
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