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Los ojos y las ideas platónicas

María Kokolaki

28 ene 2019 4 min de lectura812 lecturas

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Ten cuidado con lo que ves, los ojos del alma pueden ver las ideas, como nos enseña Platón. Las ideas no son abstractas, sino imágenes y formas…

“¡Ten los ojos abiertos!”, le dijo y se alejó. Acompañó esta frase con una mirada de alerta y un gesto corto cuya intensidad trasmitía más preocupación que sus palabras…

Me hizo pensar en los ojos. Esos órganos tan especiales de nuestro organismo; sensibles con décadas de músculos atentos. Y la vista… aquella capacidad tan valorada por los griegos antiguos. Tanto que eligieron representar la sabiduría con una lechuza, esa lechuza que acompaña la diosa de la inteligencia y sabiduría, Atenea. Y luego en mis pensamientos apareció Platón… desde que una vez leí que los eruditos lo nombraban “divino”, lo he confirmado varias veces que así lo fue: “divino” Platón.

Los ojos y las ideas platónicas
El divino Platón

Una de las cosas que se admiten es que Platón es el pensador y creador -un verdadero poeta- de muchas palabras que como tales están trasmitiendo conceptos que aún hoy las usamos sin traducción sino solamente transliterandolas desde el griego clásico. El concepto-palabra más destacado, introducido por Platón, es el término: idea. Literalmente significa: lo visto. Con esta palabra, Platón nos indica varios conceptos filosóficos propios de la cultura y filosofía griega. Las ideas son algo que se puede ver y se ha visto. Son formas, imágenes. 

¿Qué ojos pueden ver las ideas?

Los ojos del alma, una especie de foco de conciencia diferente. El ser humano puede elegir mirar hacia las cosas que lo esclavizan o contemplar -otro verbo relacionado con la vista- el Bien y así liberarse, plantea Platón en la alegoría de la caverna. Así como lo explica el filósofo griego: “La educación consistirá en el arte de hacer girar a este órgano sobre si mismo, pero no introduciendo en él la capacidad de ver, porque ya la posee; sino de procurar que se oriente y se dirija hacia la dirección correcta.” (La República, libro VII 518d)

Paul Friedländer, filólogo alemán especializado en la literatura clásica, afirma en su libro Platón. Verdad del ser y realidad de vida: “El alma, pensada según el modelo del cuerpo tiene ojos como él para ver, sólo que esos ojos están enfocados hacia las formas eternas.” (Pág. 31, Editorial Tecnos, Madrid 1989)

Los ojos del alma

Son los ojos del alma los que pueden ver las ideas o mejor dicho pueden recordar las ideas. Desde ahí la educación platónica se plantea como un diálogo de uno consigo mismo con el objetivo de recordar. La dialéctica es el método socrático de la reminiscencia. Las obras del filosofo griego, los diálogos platónicos, son un ejemplo vivo de esa dialéctica donde el rol de Sócrates es indispensable como conductor del dialogo.

Ahora volvemos al mundo de las ideas… Si son lo visto entonces no son tan abstractas como solemos pensar. Para nosotros hoy las ideas significan algo nebuloso, indefinido y teórico. Pero para el “divino” Platón significan imágenes, formas, representaciónes. Diríamos impresiónes-huellas de un instante. No cualquier instante sino uno perfecto, ideal que sirve como modelo. Es un arquetipo, un modelo principal. La idea o arquetipo del Bien, por ejemplo, podríamos pensarla no como la suma de las pequeñas acciones buenas de diferente índole que diferentes seres realizan, piensan o desean, sino la causa metafísica que produjo en el ser humano la voluntad de realizarlas, imaginarlas o desearlas.

¿Será por eso que los ojos son tan importantes y la vista, la capacidad de ver, la areté anhelada por los griegos antiguos? La filosofía es el dialogo de uno consigo mismo y con la naturaleza. Ese enigmático: “Conócete a ti mismo” en la búsqueda del Bien. No es un dialogo ruidoso y molesto que fantasea y confunde. Sino es un verdadero dia-logo (a través del logos) conducido por aquel daimon de Sócrates, la voz interior que cada ser humano puede escuchar, esa voz del silencio de los orientales…

Los ojos y las ideas platónicas
Ulises en la cueva de Polífemo

¿Será Ulises el modelo mítico del ser humano que puede ver, él que dejó ciego al cíclope Polífemo? El héroe con los dos ojos, el protegido de la diosa Atenea, vence al monstruo de un ojo dejándolo ciego. Su arte de vencer se basa en su inteligencia que le otorga la habilidad de salvarse del cíclope, pensaríamos hoy. Quizás no solamente, tal vez su arte de vencer es un dialogo que aprende a realizar mientras se enfrenta con las pruebas que el furioso Poseidon, padre de Polífemo, le impone en su viaje de regreso, impidiéndole el regreso a su patria y la posibilidad de volver a ver su esposa-alma Penélope…

María Kokolaki

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María KokolakiEscrito por voluntarios de la escuela de filosofía Nueva Acrópolis.
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