Constructores de Catedrales: El maestro Manole

La Catedral de Curtea de Argeș (principios del siglo XVI) es una catedral ortodoxa rumana y está dedicada a la Dormición de la Virgen. La catedral está revestida con piedra caliza de color gris pálido. El interior es de ladrillo, enlucido y decorado con frescos.

La iglesia fue fundada por el rey Neagoe Basarab V en 1512 y terminada en la década siguiente por uno de sus sucesores. De tamaño modesto, la iglesia está construida en estilo bizantino. El interior de la catedral está ricamente decorado, en comparación con el exterior, que es más sobrio.

Esta catedral rumana, desde sus inicios, ha sido perseguida por leyendas de tragedia y desgracia.

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Hay una historia, muy arraigada en la zona de los Cárpatos y los Balcanes, que nos habla de su Maestro constructor, un artesano llamado Manole, y del sacrificio que debió realizar para alcanzar su meta, resultando finalmente en una tragedia.

Cuenta la tradición que el rey encomendó al maestro Manole que erigiera una iglesia única, que no se pareciese en nada a los templos ya existentes, tarea que aceptó de buen grado. Pero quiso la fatalidad que el experimentado constructor encontrase destruido cada mañana el fruto de su trabajo, por lo que se empezó a rumorear en la zona que pesaba una maldición sobre el lugar elegido para la construcción de la nueva iglesia.

Pese a que el maestro insistió mucho al rey en que cambiase el emplazamiento de la iglesia, éste hizo oídos sordos a sus peticiones, y amenazó con ejecutarle a él y a sus ayudantes si la obra no estaba terminada en el plazo previsto. En medio de la desesperanza, Manole tuvo un sueño revelador, en el que se le daba la solución al problema: debía emparedar a la primera persona que se acercase a la obra durante la siguiente mañana. Un sacrificio a cambio de terminar con la amenaza que pesaba sobre su cabeza y la de sus obreros.

Cuando Manole expuso a sus ayudantes su sueño de la noche anterior, éstos quedaron horrorizados ante tal perspectiva, pero la idea de ser ejecutados por el rey les hizo aceptar sin mucha dilación. Para desgracia del maestro, la primera persona que se acercó a la obra aquella mañana no fue otra que su esposa Ana, y sin perder tiempo, los nueve ayudantes de Manole comenzaron a rodearla con paredes de ladrillos. Ella, creyendo que se trataba de una broma pesada, no hizo nada por escapar, hasta que estuvo totalmente atrapada.

Para sorpresa de todos, los ladrillos parecieron cobrar vida y atónitos, contemplaron como la iglesia se construía por sí sola a una velocidad alarmante, mientras que la pobre Ana lloraba y pedía desesperadamente que la liberasen. Nadie la ayudó, ni siquiera su propio marido, y en los tres días que permaneció sepultada viva, la iglesia se terminó de construir.

Cuando el edificio estuvo terminado, el rey pasó a contemplar la obra y dar su visto bueno, y realmente quedó impresionado por el resultado, tanto fue así que preguntó a los constructores si serían capaces de construir otra iglesia aún más hermosa que esta, a lo que sin dudar respondieron que sí. Como el rey quería que su iglesia fuera única, decidió encerrarles en lo más alto de la iglesia para que allí muriesen de hambre y sed.  Construyeron unas alas de madera y trataron de volar desde el techo, pero, uno por uno, todos cayeron al suelo. Se dice que en el lugar donde cayó Manole nació una fuente, de la que aun hoy brota el agua.

Una vez más, las leyendas sobre los “constructores” repite el mito de Dédalo huyendo en vuelo del mítico Laberinto.

Equipo de RevistAcrópolis

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