El origen de la Filosofía en nuestro mundo Occidental, se atribuye a un conjunto de pensadores agrupados en diversas Escuelas y conocidos usualmente como Presocráticos. Se considera que con ellos comienza la historia del pensamiento racional, si bien, aunque racional, conservaba resabios de creencias irracionales, religiosas o, simplemente especulativas.

Es de común conocimiento y aceptación que la Filosofía Clásica hunde sus raíces en la religión y en el fenómeno mistérico del mundo clásico. Sin embargo, este hecho histórico casi nunca ha sido convenientemente analizado ni llevado a sus consecuencias lógicas.
A este respecto, el filósofo británico Peter Kingsley ha pretendido explicar que los occidentales hemos sido engañados en lo que respecta a los orígenes de nuestra civilización. “Lo que no se nos ha dicho es que en las mismas raíces de la civilización occidental reside una tradición espiritual” (1)
Peter Kingsley tiene el mérito de atreverse a remarcar este origen espiritual de la tradición filosófica para darle un significado más amplio al concepto de la Filosofía
La tesis de Kingsley sostiene que la labor de los filósofos presocráticos normalmente se considera el comienzo de la racionalidad, de una naciente filosofía griega vista bajo los prejuicios racionalistas y positivistas de nuestra época. Sin embargo esta filosofía, aparentemente sólo racional, sería la expresión de una tradición mística responsable de impulsar el nacimiento de la filosofía y civilización occidentales. Estos sabios, según muestra el autor, que fueron fundadores de nuestra cultura, no eran racionalistas, sino místicos e iniciados que recibieron su saber de un contacto con lo espiritual.
Otro punto que señala Kingsley es que los filósofos no estaban, de ninguna manera, aislados del mundo ni de la vida cotidiana sino que, muy al contrario, formaban parte importante de la misma. Así, la mayoría de los presocráticos fueron políticos, juristas, médicos o astrónomos. Personajes para quienes la Sabiduría era la base tanto de las leyes como del comportamiento moral y que incluía todo conocimiento posible.
Tanto los pitagóricos como los filósofos milesios o los eléatas no eran sabios misántropos que vivían a espaldas de los problemas de su ciudad. Según se decía, cinco eran las ocupaciones de quienes se dedicaban a culto de Apolo: sabiduría, mántica (adivinación), música (y poesía), sanación y política (legislación)
Plutarco, Estrabón y Diógenes —siguiendo el testimonio de Espeusipo— coinciden en afirmar que Parménides participó en el gobierno de su ciudad, organizándola y dándole un código de leyes admirable.
Parménides, el Hijo de Apolo
El estudio de Kingsley se centra especialmente en dos autores presocráticos: Parménides y Empédocles. Del primero, señala la pertenencia al sacerdocio de Apolo y su desempeño como profeta y sanador, ambas cualidades propias del dios al que servía. De Empédocles, uno de los primeros filósofos en determinar la idea de los Cuatro Elementos, recuerda su dedicación a la magia y a la mística.

Según la explicación tradicional, se ha considerado a Parménides como el filósofo que introduce la metafísica y la ontología. Los anteriores a Parménides se los consideran “los físicos” ya que explicaban la naturaleza partiendo de los elementos primordiales.
Parménides acude al discurso racional dentro de su poema alegórico “Sobre la Naturaleza” pero, lo poco que se conserva de esta obra, permite afirmar, sin ninguna duda, que se trata de un poema místico filosófico y que lo postulados de este gran filósofo son tanto lógicos como místicos y que tienden a alcanzar un conocimiento superior de índole espiritual semejante una gnosis. Por tanto, el origen de la Filosofía occidental tendría en su origen un propósito profundamente espiritual.
Sin embargo esto era algo de lo que había pocas pruebas históricas. Habría que esperar al siglo XX cuando un descubrimiento arqueológico en Elea, la ciudad de Parménides (la Velia latina) ofreció otra visión del gran filósofo de Elea.
En 1958 entre las ruinas de lo que pudo ser un templo de Apolo o, tal vez de Asclepios, se encontraron tres basamentos de estatuas con inscripciones en griego. Cada una de ellas tenía el nombre de un personaje sacerdotal, una fecha y dos títulos, “Oulis” y “iatros pholarchos”.
Como es sabido, la ciudad de Elea fue fundada por los foceos para quienes el culto de Apolo era principal. “Oulis y Ouliadês eran, entre los foceos, títulos de alguien dedicado a este dios, una de cuyas advocaciones era “oulios”, el “destructor que sana”, o el “sanador que destruye”, haciendo referencia a la dualidad del dios quien podía tanto sanar como matar. Apolo enviaba las plagas y las enfermedades pero también era el dios de la sanación y de la protección contra todo lo maligno. Apolo era la luz de la conciencia que distingue el bien del mal, agente purificador y poseía la sabiduría de la legislación y la construcción de las ciudades.
El término “iatros” significa médico, de dónde derivaba el término “iatromantes” que añade a la idea de sanador, la de adivino o mago. Los iatromantes realizaban su labor combinando la magia con las medicinas. (2)
Sobre aquellos basamentos habrían estado las estatuas de un linaje de sacerdotes médicos. La palabra “pholarcos” se ha encontrado pocas veces y siempre en Elea. La palabra se refiere a archos (señor, jefe) y pholeos (guarida, cubil, cueva), que vendría a significar algo parecido a “el señor de la guarida”.
Para Kingsley esta “guarida” vendría a ser la caverna o la cripta del santuario donde se realizaba el sueño profético o el estado de conciencia que permitía el conocimiento. Algunos autores, como el citado, lo llaman “incubación”, práctica de meditación que llevaba a aquellos estados de conciencia.
El historiador de las Religiones Ioan Petru Culianu (3), dice que eran sanadores (iatroi), adivinos (manteis), purificadores que conocían el manejo de las energías sutiles (kathartes) y taumaturgos. Que sus experiencias extáticas no estaban ligadas a ninguna sustancia estimulante sino a estados de conciencia alcanzados por lo que parecía una forma extraordinaria de quietud meditativa, la hêsychia (3). Hombres que tenían más de yoguis que de chamanes. Couliano nombra a algunos iatromantes de quienes había quedado constancia histórica: Bakis, Cleónimo de Atenas, Hermótimo de Clazomene, Leónimo de Crotona, Aristeas de Proconeso, Epiménides, el propio Pitágoras… De los iatromantes legendarios como Abaris el Hiperbóreo, llegado a Grecia desde el Cáucaso, Couliano recordaba las tradiciones que lo hacían depositario de una suerte de “lanza” o “flecha” de oro que era “propiedad personal del dios” o “arma del mismo Apolo” y que dotaba a su portador de poderes extraordinarios
Algunos años después, apareció en la excavación un bloque de mármol donde se leía: “Parmeneides, hijo de Pyres, Ouliadês Physikos”. Efectivamente, la tradición sobre la ascendencia de Parménides, como cuenta Diógenes Laercio, lo hacía hijo de Pyres. Lo que se desprendió del estudio de este descubrimiento era que el Padre de la Lógica, el Gran Parménides, había sido ni más ni menos que un médico sanador, un ouliades, sacerdote de Apolo.
“Hay una cosa que hace el conocimiento de estos primeros filósofos tan difícil de aprehender y de darle sentido: el hecho de que su origen no se halla en el pensamiento ni en la razón”, señalaba Kingsley. Era un conocimiento que “procedía de la experiencia de otros estados de conciencia”. (5)
Kingsley supone que el conocimiento era aprehendido por medio de experiencias extáticas o de determinados estados especiales de conciencia pero bien puede entenderse también como perteneciente a una línea de conocimientos tradicionalmente transmitidos por una Escuela iniciática relacionada con Apolo.
También concluyó que la ausencia de fechas en la inscripción alusiva a Parménides se debía a que el filósofo había sido el primero de una lista de sacerdotes de Apolo en la ciudad. Otras inscripciones con los nombres de sacerdotes de Apolo encontradas en Elea llevaban fecha -año 280, año 379, año 446-. Kingsley aventuraba que la de Parménides no llevaba fecha sencillamente porque él era “el año cero”, que Parménides había sido el fundador de aquel linaje iniciático.
Ciertamente y según Diógenes Laercio, Parménides pertenecía a la primera generación de la colonia fundada por los efesios, a los primeros nacidos tras la fundación de la ciudad. No era, entonces, extraño pensar que hubiera podido ser el primer ouliades que Elea hubiera tenido.

También debemos a Diógenes Laercio la noticia de que Parménides había aprendido a llegar a la hèsychia con un maestro pitagórico llamado Aminias. Es decir, practicaba este tipo de meditación que permitía llegar a un estado de quietud interior.
Kingsley se lamenta de que tal descubrimiento en las ruinas de Elea, no haya tenido importancia para la historia de la filosofía: “Respecto a todo lo que tenía que ver con Parménides ya se había tomado una decisión. Era el padre de la filosofía, el fundador de la lógica occidental. Mucho tiempo atrás se lo había convertido en una abstracción, una encarnación ideal de la razón. Unos pocos descubrimientos arqueológicos no iban a cambiar todo eso”. (6)
Todo se guardó en un almacén y nadie se volvió a acordar de ello.
Una Inmerecida acusación a Platón
Creemos que Kingsley no acierta cuando acusa a Platón, y a otros filósofos, de malinterpretar y distorsionar la obra de los presocráticos. La raíz de la filosofía platónica, más allá de su racional presentación, reclama el mismo origen que la de sus predecesores Sin perder el discurso lógico, el filósofo ateniense, maestro de maestros, nos eleva siempre a las regiones de la Sabiduría más profunda, nos lleva a la vivencia de una mística natural a través del mito y el diálogo. No hay que buscar mucho para encontrar las huellas de Parménides en la filosofía platónica y la gran estima y admiración que el filósofo ateniense tenía por el eleata.
Platón en sus Diálogos llama a Parménides “el Grande” (Sofista 237 a) por medio de los personajes de sus diálogos, lo llama «el grande» (Sofista 237 a), «padre» (241 d) y hace decir a Sócrates en el Teeteo que Parménides es «venerable y temible a la vez (…) se me reveló en él una magnífica y muy poco frecuente profundidad de espíritu…Temo que no estemos familiarizados con sus palabras, y que lo que piensa sin decirlo nos rebase por completo«.(Teeteto 183 e, 184 a).
La importancia en la filosofía platónica de la Idea y el Número, nos habla sin duda, no sólo de la raigambre pitagórica, sino del eco de una Sabiduría que interpreta el mundo visible teniendo causa en lo invisible.
Y es precisamente la dificultad humana para acceder a este mundo de las Causas lo que entronca con los viejos misterios, con la mística como vía hacia un mundo superior. Lo racional, no sería opuesto a la experiencia mística, sino una manera de entender el mundo aparente, el mundo ilusorio pero no puede elevarse al mundo invisible de las realidades superiores; para ello necesita el ser humano el desarrollo de otro tipo de experiencia, otra vía de conocimiento superior. Pero lo uno no invalida lo otro sino que lo complementa y lo supera.
Hacia un nuevo paradigma en la Historia del Conocimiento
Da la sensación de que Kingsley ignorara el reconocimiento que se da en la H° de la F° a este hecho en cuestión, es decir, al reconocimiento del origen religioso de la Filosofía Griega. Como erudito de la Filosofía debe conocer este hecho pero, es posible que lo que trata de hacer es señalar otro error: el artificial enfrentamiento entre el conocimiento racional y la vía de la espiritualidad.
Esta íntima relación entre Ciencia, Filosofía y Mística se observa en la mayoría de los filósofos presocráticos. Más allá de referirnos sólo a Parménides o a Empédocles, tendremos también que mirar a la Escuela pitagórica y a la Escuela de Mileto con Tales a la cabeza.
La cuestión no es, como la plantea Kingsley, si la filosofía occidental tiene su origen en lo religioso o en los viejos Misterios, puesto que esto es algo aceptado, sino si la oposición Racionalidad y Mística tiene sentido
Lo que hay que afrontar es la visión comtiana de la Historia (c), dónde el pensamiento filosófico es visto como un avance de la visión religiosa del mundo, así como el pensamiento científico experimental es visto como otro avance sobre las obsoletas teorías de la filosofía antigua.
Es decir, el sucesivo progreso del pensamiento humano habría pasado desde la muy imperfecta explicación religiosa del mundo hasta la verdad incuestionable de la ciencia moderna, pasando por el intermedio de la filosofía racional, mera especulación sobre la realidad.
Esta es, en definitiva, lo que se ha impuesto generalmente en la Historia del Conocimiento desde hace varios siglos y que forma parte de la mentalidad del común de la gente de nuestra época.
No es que nos hayan engañado, como dice Kingsley, sobre el origen de la Filosofía Occidental, es que nos han engañado sobre la validez de otras vías de acceso al conocimiento haciéndolas ver cómo los pasos balbuceantes de una humanidad infantil en su intento de comprender el mundo y a sí mismo.
El ser humano trata de alcanzar la Verdad y para llegar a ella hay diferentes caminos que se complementan. La Verdad puede tener un aspecto racional, filosófico o científico pero hay aspectos que traspasan lo meramente experimental y racional y que entroncan con el misterio que reside en cada cosa, en cada fenómeno.
Utilizando las palabras que Parménides pone en boca de la diosa: “…es necesario que conozca todas las cosas, tanto «el corazón inconmovible de la verdad persuasiva» como «las opiniones de los mortales», porque, a pesar de que en estas «no hay convicción verdadera», sin embargo han gozado de prestigio (vv. 28–32).
En definitiva, necesitamos volver a poner de acuerdo lo racional y lo místico, lo intuitivo y lo experimental, la tradición de los viejos misterios y la ciencia moderna.
Sin esta concordia, el conocimiento permanecerá fragmentado e incompleto, sin la imprescindible síntesis que permite penetrar en lo profundo de la Realidad.~
Victoria Calle
Notas:
- Misterios, fueron escuelas religioso filosóficas del mundo clásico que otorgaban ciertos conocimientos, tanto a través de la explicación lógica como por medio de experiencias especiales. Existía el secreto asociado a las particularidades de la iniciación y la práctica ritual, que no podían ser reveladas a extraños.
- Hêsychia (Hesiquia), es hija de Dike (diosa de la Justicia). Diosa del silencio y la tranquilidad, ayudante de Hipnos. Se refiere tanto a la tranquilidad mental y psíquica que permite ver lo correcto y actuar con ecuanimidad, como en el aspecto místico dónde se refiere a la tranquilidad o paz interior que permite la elevación de la conciencia (semejante al sanscrito, dharana)
- Comte dividió en tres estadios la historia del conocimiento de la naturaleza, cada uno de ellos correspondiente a determinado tipo de concepción del mundo: teológico, metafísico y positivo. (Religión, Filosofía, Ciencia) En el primer estadio, teológico, el hombre intentaba explicar los fenómenos por la acción de fuerzas sobrenaturales, por la acción de Dios. El segundo, el metafísico, es considerado por Comte como un pequeñísimo avance sobre el periodo teológico ya que la explicación de los fenómenos son esencias abstractas. Por fin, el tercero, supera a todas las antiguas etapas, siendo sustituidas por la ciencia positivista. Esta concepción de la Historia del Conocimiento, ha enfrentado hasta nuestros días, lo religioso, lo filosófico y lo científico.
Citas
- a) En los oscuros lugares del saber, Peter Kingsley, Atalanta, 2006
- b) La medicina en la civilización griega antigua prehipocrática, W. Lips Castro, C. Urenda Arias, artículo
- c) Experiencias de éxtasis, Ioan P. Couliano, Paidós, Barcelona 1994
- d) En los oscuros lugares del saber, Peter Kingsley, Atalanta, 2006
- e) En los oscuros lugares del saber, Peter Kingsley, Atalanta, 2006
- f) Obras Completas de Platón, Aguilar
Bibliografía:
- Diccionario de Filosofía, Ferrater Mora, Alianza Editorial, Madrid, 1979
- Obras Completas de Platón, Editorial Bibliográfica Argentina, 1967
- En los oscuros lugares del saber, Peter Kingsley, Atalanta, 2006
- La medicina en la civilización griega antigua prehipocrática, W. Lips Castro, C. Urenda Arias, artículo
- El Pensamiento Antiguo, R. Mondolfo, Losada, Buenos Aires 2003
- Éxtasis y enigma en el poema de Parménidse, Roberto Baldini, artículo: http://www2.unipr.it/~pieri/File%20PDF/L_estasiel_enigma.pdf
- «Parménides. La historia de Velia», Giovanni Pugliese Carratelli, Entrevista. http://www.emsf.rai.it/aforismi/aforismi.asp?d=134)