¿Es posible analizar a Dios?

Desde las tradiciones filosóficas más remotas y para la mayoría de las culturas, todo lo creado en la naturaleza emana de una Deidad Absoluta, muchas veces llamada Dios, lo Absoluto, el Uno y también el Tao.

Esta Unidad que abraza lo que es y lo que existe, por su naturaleza es indefinible e indivisible: no puede ser clasificada, nombrada o ilustrada directamente, ya que de esa manera se la limitaría… y si tuviera límites, no sería una Unidad completa, pues siempre habría algo por fuera.

La Deidad Absoluta no nace ni muere, nunca fue creada ni admite transformaciones; pues si mutara, sería más que una. Por ser la causa de todas las cosas, estando presente en todo y permaneciendo invisible, Dios fue motivo de estudio de sabios y filósofos de todos los tiempos.

En su búsqueda de sentido, el ser humano, principalmente en occidente, toma contacto con la realidad y comprende el universo a través de la razón, hablando en términos platónicos. Esta capacidad mental humana tiene dos caminos a través de los cuales se acerca al entendimiento: el análisis y la síntesis.

Manuscrito de El Timeo de Platón comentando sobre el demiurgo y la formación del Alma del mundo. Una visión filosófica de la deidad.

El análisis consiste en abordar una cuestión compleja, separándola en partes simples para entender el problema completo a través de porciones pequeñas. Esta capacidad de la mente humana ha sido desarrollada principalmente en nuestra última época científica, desde el siglo XV aproximadamente, conformando las bases de nuestra sociedad actual. La síntesis, como habilidad complementaria, consiste en retomar cada una de las porciones analizadas, para luego re-unirlas y volver al problema completo elaborando un salto en la comprensión, expandiendo la conciencia y el conocimiento sobre cierto fenómeno.

Desde el año 1600 aproximadamente, y hasta los días que corren, es posible ver que en la ciencia, por ser principalmente analítica, surgen nuevas ramas en cada disciplina, especializándose, pero estrechando el campo de visión en el estudio. Esto trajo aparejado una grave consecuencia: tanta especialización hizo que nos perdamos en la nervadura y olvidemos de qué tronco provenimos.

Un problema global de la actualidad, es que nos concentramos tanto en analizar las cosas, en etiquetar, separar y fragmentar la vida, que perdimos de vista la unión entre la naturaleza, la sociedad y el ser humano. Al quitar el foco del proceso de síntesis, nos olvidamos de cómo volver al todo, de cómo retornar al principio donde comenzamos.

Ptah dios egipcio de la creación. Simbolizado por el fuego.

El análisis divide, la síntesis unifica; el análisis fragmenta, la síntesis crea algo nuevo. Por ejemplo, supongamos que nuestra situación compleja es preparar una torta. Para ello, necesitamos en primer lugar, separar todos los ingredientes: tres tazas de harina por un lado, dos de azúcar por el otro y así con los huevos, aceite, etc. Una vez que dividimos cada parte y que cada ingrediente está en su recipiente listo para ser utilizado, el proceso analítico está completo; pero la torta aún no está creada. Todavía falta sintetizar los ingredientes. Para ello tenemos que unirlos mezclándolos en un orden determinado y con cierta técnica. Pero nuestro alimento todavía no estaría listo, nos está faltando la cocción. Dejándola el tiempo necesario y a la temperatura justa, todos los ingredientes que antes estaban separados y que no tenían una utilidad por sí solos, conforman una unidad nueva. Ahora sí, la torta está lista.

Para sintetizar hace falta fuego que produzca luz y calor (quizás por eso dioses creadores como Ptah también eran dioses del fuego). Así como una torta alimenta nuestro cuerpo, aquello que podemos comprender por la síntesis de las experiencias cotidianas, alimenta nuestra alma.

Prometeo con la llama encendida, alegría de los mortales por traer el fuego de los dioses.

Pero volviendo a nuestro problema inicial, aún no está explícito por qué no podemos analizar a Dios.

En nuestra sociedad globalizada, por habernos focalizado en acercarnos al universo a través del análisis, a Dios también lo quisimos analizar; pero por su naturaleza indivisible y unitaria, todos los intentos fueron en vano. En el proceso de fragmentarlo se creó una gran confusión, trayendo aparejado, en parte, el ateísmo con que hoy se vive. Pero esto no significa que no podamos “acceder” a la Deidad Absoluta. Para poder acercarnos al Uno, es necesario que volvamos a sintetizar, en el sentido profundo del término.

Depende de cada uno de nosotros despertar una visión unificadora de la vida; recuperar la noción de unidad en uno mismo, con la sociedad y con la naturaleza. Que cada acto sea un reflejo de ideas nobles y de valores humanos, que retomen un sentido fraterno de la humanidad ante tanta fragmentación. Es posible tomar nuestras experiencias y cocerlas en el fuego interior para despertar nuevas comprensiones. Ahí quizás, con un justo análisis y una correcta síntesis, podamos acercarnos a la Deidad.

Franco P. Soffietti

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