EL REY ARTURO, LOS CABALLEROS Y EL GRIAL

Entre el siglo X y el XV de nuestros tiempos surgen los relatos sobre el Rey Arturo, un personaje reconstructor de un reino desintegrado, unificador en tiempos de confusión y capaz de reinar con tal justicia que Camelot, su reino, se convirtiera en un modelo simbólico de sociedad armónica.

Entre hechos reales y simbolismos cuyos orígenes se remontan a los celtas y romanos, a la vez que influenciados por el cristianismo de la época, Arturo y sus caballeros fueron el arquetipo de reyes y caballeros que se manifestaron durante la oscura edad media europea, por ejemplo, en la Corte de Enrique II de Inglaterra.

Los caballeros, con Arturo a la cabeza, eran personajes cuya nobleza los convertía en ejemplos de hombres virtuosos, eran establecedores de justicia entre las personas, respetuosos por la naturaleza y se encontraban en un constante mejoramiento de ellos mismos. Tales características fueron conocidas como el ideal de caballería.

Errantes por los caminos, o con la mira fija en un objetivo determinado, se encontraban ante numerosas pruebas que los llevaban a dominar sus miedos y a trascender el egoísmo para superarlas.

Estos caballeros encontraban en la Voluntad, proveniente directamente del espíritu y representada simbólicamente en sus espadas, el arma para llevar a cabo sus batallas contra la injusticia y las tinieblas.

Arturo y sus caballeros

Y aunque tomando a Arturo como arquetipo de ser humano, los caballeros encontraban la inspiración en la Dama (sus fieles compañeras) para introducirse a lo desconocido, a la que debían el más profundo amor y el más sublime respeto. Como lo expresa Miguel de Cervantes Saavedra, en la relación entre Dulcinea del toboso y el Quijote de la Mancha. Damas y caballeros se mantenían inseparables; el trabajo de uno no encontraba sentido sin la existencia del otro.

Cada caballero emprendía sus aventuras para honrar a la doncella y esta le brindaba la inspiración y despertaba en su interior el entusiasmo necesario para perseguir los valores más sublimes. Simbólicamente la dama era quien armaba al caballero, el canal simbólico que permitía el descenso de la voluntad. Lo ideal, proveniente del espíritu, se manifestaba en las acciones del caballero gracias a la mediación de su doncella.

Una vez los caballeros y Arturo habían conquistado las virtudes, durante la evolución de las historias artúricas, se convierten ahora en dignos guardianes de los valores humanos. Una vez se consolida Camelot como reino y Arturo junto a Ginebra -la reina-, se cierra un ciclo. La tarea terrestre había sido completada, la aventura continuaría ahora en un plano más sutil.

Boda del rey Arturo con la princesa Ginebra

Así como en relatos mitológicos y religiosos de todas las culturas, en esta etapa se conforma una primera trinidad[1]: la Voluntad que los impulsa a los guerreros, la Dama que los inspira y la Virtud del Caballero que los pone a andar. El caballero por sí solo, nada podría haber hecho persiguiendo fines egoístas o materialistas, sin una dama por la cual vivir y morir. Sin ideales por los cuales encausar sus fuerzas, ninguna historia atemporal podría haberse escrito.

 (…) la dama era quien armaba al caballero, el canal simbólico que permitía el descenso de la voluntad

La segunda etapa del mito aparece cuando, en un Camelot donde reinaba la armonía, se consolida la mesa redonda. Esta tabla, sugerida por el mago Merlín a Arturo se crea representando la igualdad esencial que unifica a los caballeros, más allá de las diferencias físicas, psíquicas y mentales de cada uno. La mesa redonda pone a todos los guerreros compartiendo el mismo centro, el mismo ideal de caballería.

La mesa redonda, al rededor de ella se sientan los mejores caballeros del mundo

Una vez reunidos todos alrededor de la tabla, aparece ahora la figura del grial. Un cáliz preciado, cuyo contenido pudo saciar los deseos más profundos de los caballeros. Una vez probaron del sabor del éxtasis, el grial desaparece y estos emprenden ahora una búsqueda para recuperarlo.

Durante esta segunda etapa, ligada a la trascendencia espiritual, aparece una nueva trinidad, constituida por el contenido del Grial como eje primero, la esencia pura, la satisfacción y superación del ser humano como tal; por otro lado, el cáliz mismo como sostén: la copa retiene la esencia para que el buscador pueda acceder a ella. Finalmente, la trinidad se ve completa, cuando el caballero nuevamente emprende la búsqueda.

Mientras los caballeros de la mesa redonda se aventuran en las más difíciles contiendas contra monstruos y hechiceros en las profundidades de los bosques, comienzan a librar forzadas batallas contra sus propias personalidades; contra sus apegos, sus deseos y defectos. Esta nueva contienda ya no es terrenal, es una búsqueda exterior e interior del espíritu, de conquistar la etapa humana y alcanzar el profundo conocimiento de las causas de la existencia.

Arturo en este ciclo ya no ejerce un rol activo, sino que permanece como centro inmóvil y sostén de las aventuras. Algunos pocos caballeros alcanzarán el néctar de la Sabiduría que se encuentra en ese cáliz (representado por el caldero en los celtas y por la piedra filosofal en los alquimistas); otros guerreros caerán ante sus propios defectos y traerán el fin de la armonía a Camelot a través de engaños y mentiras impulsados por oscuros motores.

Estos conflictos dan fin a los tiempos dorados, pero los recuerdos se mantienen en lo profundo de los caballeros que lucharán nuevamente para volver a alcanzar el equilibrio terrenal y poder emprender nuevamente una búsqueda del espíritu, en el interior y profundo de cada uno. Según el mito, los guerreros aún hoy siguen velando para que las últimas luces de aquellos tiempos continúen encendiéndose en los corazones de nuevos guardianes, preparando la eterna Camelot hasta que Arturo, “el rey que fue y volverá”, aparezca nuevamente entre nosotros.

Franco P. Soffietti


[1] Por ejemplo, para los egipcios, Osiris, Isis y Horus representaban la trinidad; en India pueden verse Brahma, Vishnú y Shiva; o los arquetipos de Padre, Madre e Hijo.

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