Lucio Anneo Séneca (1° Parte)

Introducción

Este artículo busca servir de sustento para comprender las ideas de unos de los pensadores más influyentes del Imperio Romano: Lucius Annaeus Séneca. No se busca profundizar en los conceptos que desarrolló en su extensa obra, sino en comprender al personaje, la esencia en su forma de pensar y cuáles fueron sus aportes para la época y para la posteridad. Para esto, es importante introducir los aspectos más importantes de su vida, conocer quienes fueron sus maestros y analizar cuál era el contexto mundial.

Extensión del Imperio Romano durante La Paz de Augusta

Nacimiento y primeros años en Roma

Séneca nació alrededor del año 4 a.C, en Corduba, Hispania. Una provincia económicamente pujante del joven Imperio Romano. En este momento, Roma era la “Caput Mundi”, y gracias a su primer emperador, César Augusto, gozaba de una época próspera, de paz y estabilidad. Está época, conocida como la Paz Romana, fue alcanzada luego de un período repleto de guerras civiles. Por lo que, si bien se destacaba por una estabilidad general, al mismo tiempo, ocurrían cambios radicales en las instituciones ya que Roma se encontraba en una transición política de República a Imperio.

Séneca perteneció a una familia acomodada. Su padre, el procurador imperial Marco Anneo Séneca, era un reconocido político, con grandes dotes de orador y miembro de una distinguida familia. Su madre Helvia Paulina, era una noble, aficionada por los estudios, proveniente de Urgavo. El matrimonio tuvo tres hijos varones, quienes desde su nacimiento, siempre estuvieron rodeados de las más distinguidas esferas de poder.

Si bien no existen muchos registros sobre sus primeros años, se conoce que a temprana edad fue enviado a estudiar a Roma bajo la protección de su tía Marcia. Su padre deseaba que sus tres hijos tuvieran una carrera política exitosa, y en ese entonces, no había mejor formación académica que en la capital del mundo, donde además, él contaba con numerosos contactos y amistades.

Se estima que Séneca se encontraba en Roma cuando ocurrió la muerte de César Augusto en el 14 d.C., quien fue sucedido por Tiberio Claudio Nerón. En este momento, Roma era un agitado foco cultural en el que vivían medio millón de personas, y entre los cuales se encontraban los intelectuales y artistas más importantes de la época. Estos maestros formaban a las elites sociales en asignaturas tales como: oratoria, filosofía, gramática, literatura, arquitectura, entre otros.

Dinastía Julio-Claudio

En sus primeros años viviendo en Roma, Séneca tuvo contacto con Soción de Alejandría, un reconocido filósofo neopitagórico. Incluso llegó a adoptar las doctrinas pitagóricas ascéticas con tal entusiasmo que se hizo vegetariano. Fue su padre, quien preocupado porque esto afectara su carrera política, lo convenció de abandonar esta práctica.

Luego conoció a Papirio Fabiano, un filósofo cínico. Para ellos, la felicidad proviene de vivir acorde a las leyes de la naturaleza. Su vida se basaba en despreciar los bienes materiales, considerados obstáculos para la libertad. Además, rechazaban la participación en cuestiones del estado, hecho que no favorecía a la carrera política de Séneca.

Otra corriente de pensamiento de gran influencia a lo largo del imperio era el epicureísmo que se arraigó en Roma gracias a ilustres poetas como: Lucrecio, Virgilio y Horacio. Su propuesta filosófica se basaba en encontrar un equilibrio entre cuerpo y alma, mediante la ausencia de dolores y el ejercicio de los placeres. Al igual que los cínicos, tenían un profundo desprecio por los asuntos políticos.

Séneca y el estoicismo

Si bien Séneca tuvo relación con todas estas corrientes filosóficas y recibió instrucción de numerosos maestros, su pensamiento comenzó a adquirir una mayor definición cuando, alrededor del año 20 d.C., conoció a su maestro más influyente: Atalo.

Atalo enseñaba la Filosofía Estoica, una corriente de pensamiento nacida en Atenas alrededor del año 300 a.C. de la mano de Zenón de Citio. El nombre de esta escuela se debe a que él acostumbraba a dar lecciones en el pórtico pintado de Atenas: la stoa poikilé, y por esto, las personas comenzaron a llamar a su movimiento “los estoicos”.

En ese entonces, Atenas era el principal foco cultural del mundo. En ella coexistían escuelas filosóficas muy variadas como son: “La Academia” Platónica, “El Liceo” de Aristóteles o “El Jardín” de Epicuro de Samos. Además, se encontraba el movimiento cínico, y sobrevivían corrientes presocráticas, en manos de discípulos de Pitágoras, Heráclito, etc.

Durante su formación, Zenón se vio influenciado por esta gran diversidad de corrientes filosóficas. Este contexto le permitió desarrollar una de las características más distintivas de todos los estoicos de la historia: el ecléctisismo. Está palabra proviene del griego eklegein, que significa “escoger” y hace referencia a elegir lo mejor de cada una de las corrientes, sin caer en competencias estériles de ver cuál es la mejor.

Séneca, 300 años después, se encontró en una situación similar a Zenón, en la nueva capital del mundo: Roma. Durante su juventud aprendió de Atalo el concepto de sociedad. Los estoicos consideraban que el ser humano juega un papel fundamental en la naturaleza, ya que es la única especie capaz de agruparse para formar una entidad superior a los individuos, siguiendo una idea que los exceda y que los mantenga unidos. Es por esto que ellos no despreciaban la participación en la política, siempre y cuando no se terminen persiguiendo fines egoístas y su ejercicio esté verdaderamente orientado al bien común.


De esta forma, el estoicismo resultó ser la piedra fundamental ideal para que Séneca pudiera desarrollar su pensamiento y avanzar en su carrera política, al mismo tiempo que esta filosofía lo ayudaba a sobrellevar sus problemas respiratorios crónicos.
En esta época de juventud, Séneca se convirtió en lo que los estoicos llamaban: un proficiente, es decir un aspirante a sabio. Sin embargo, su primera etapa en Roma se interrumpió en el año 25, cuando se trasladó a Alejandría (Egipto) para acompañar a su tío nombrado prefecto con la intención de recuperarse de sus problemas respiratorios. Durante su estadía Séneca aprovechó para estudiar otro tipo de asignaturas tales como: finanzas estatales, geografía, historia egipcia, geología, oceanografía y meteorología.

Los Estoicos

Comienzos en la vida política

Su regreso a Roma ocurrió alrededor del año 31. Era un contexto completamente diferente, Tiberio se había recluido en la isla de Capri, dejando la autoridad en Roma a Sejano, el prefecto de la guardia pretoriana. Tiberio, quien se encontraba completamente enfermo y paranoico, mandó a ejecutar a Sejano ya que sospechaba una traición orquestada contra su persona. Roma se encontraba sumergida en continuas conjuras de este tipo que desestabilizaban la paz lograda por Augusto.

A pesar del contexto, Séneca inició lo que se conocía en Roma como cursus honorum, es decir, la sucesión de cargos que una persona debía desempeñar a lo largo de su vida política antes de llegar a la magistratura principal: el consulado. De esta manera, en el año 33 accedió a su primer cargo de poder: el de Cuestor. Estos eran quienes se encargaban de cuidar los recursos del Estado y tenían la dignidad de participar en el Senado, institución donde Séneca se destacó gracias a sus dotes de orador.


Características del sabio estoico

Cursus Honorum Romano

Séneca nunca se consideró a sí mismo un sabio, sino un proficiente. Para los estoicos, sus maestros no eran sabios ideales sino simplemente personas que poseían valiosos conocimientos y eran moralmente admirables. Habían aprendido a vivir conforme a las leyes de la naturaleza, aprendiendo a aceptar libremente lo que necesariamente sucede, para un fin que muchas veces no se conoce. Así, el sabio debía regirse por la razón, rechazar los placeres mundanos y abocarse a las cosas que dependen exclusivamente de él, permaneciendo inmutable ante las situaciones externas, por más adversas que estas puedan llegar a ser.

Séneca distinguió que está sabiduría se expresa en cuatro aspectos prácticos fundamentales: la templanza, la fortaleza, la prudencia y la justicia. Naturalmente surge una pregunta: ¿Era posible ejercitar esas virtudes en un contexto de traiciones y deslealtades, como fue ese periodo de la política romana? Para los estoicos, son justamente esas situaciones, dificultosas y adversas, las ocasiones ideales para poner en práctica las virtudes. No son los conocimientos los que demuestran que la persona es virtuosa, sino su actitud firme y serena ante las dificultades que le imponga el destino.

Según Séneca, para el sabio todo lo que no sea el bien supremo, es decir la Virtud, debía ser considerado indiferente. Sin embargo, para transitar la vida, existen“situaciones preferibles” como salud o riqueza, y otras “no preferibles” como su propia enfermedad o la pobreza. El filósofo Cordobés fue criticado por esta forma de pensar, debido a su posición de hombre rico y poderoso. En uno de sus escritos Sobre la vida feliz se defendió diciendo: “Entonces, ¿qué diferencia hay entre tú, el sabio, y yo, el necio, si ambos queremos poseer? Muchísima: pues las riquezas en la casa del sabio están al servicio y, en la casa del necio, al mando”.

Lucius Annaeus Séneca

¿Cómo se desarrolló la vida política de Séneca? ¿Logró poner en práctica las enseñanzas y convertirse en un ejemplo? Lo veremos en la segunda parte de la biografía del filósofo cordobés.

Bruno Sardi

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