El Fuego de Vesta en Roma

Se decía en la tradición romana, que el fuego de Vesta y el colegio de las vestales, guardianas del fuego, fue instaurado por el segundo rey de Roma, el legendario Numa Pompilio.

Moneda romana con la imagen de Numa.

El fuego de la diosa Vesta representaba el hogar, la sagrada llama que mantenía unida a la familia. Es probable que, en tiempos remotos, esta diosa fuera representada por el mismo fuego que las familias mantenían en sus casas para calentarse y cocinar sus alimentos, fuego alrededor del cual, se reunía la familia.

Históricamente conocemos que en las casas romanas de la época clásica se mantenía este fuego a la entrada, por lo que este lugar era llamado “vestíbulo” y su cuidado estaba a cargo de la señora del hogar.

Templo circular del fuego de Vesta y patio de la casa de las vestales.

Cuando un joven matrimonio se mudaba a su casa propia, lo primero que se hacía era encender el fuego del vestíbulo y hacer una ofrenda a la diosa, no sin antes haber propiciado a los pequeños dioses de las puertas realizando una ofrenda de aceite, por ejemplo. Para evitar la “mala fortuna” que podría significar si la esposa tropezaba en la puerta del nuevo hogar, el esposo la levantaba en sus brazos para atravesar el umbral, evitando así la mala fortuna.

Se dice que cuando Numa Pompilio instauró el fuego de Vesta, lo hizo como símbolo del hogar de todos los romanos. Era el fuego de la ciudad cuidado por quienes representarían a las madres y jóvenes doncellas de Roma, las vestales.

También se dice que el rey Numa, hizo construir el templo de Vesta redondo para imitar la forma de la Tierra, cuyo fuego central representa el hogar de todos los seres humanos. Posteriormente, a este templo circular y relativamente pequeño situado en el foro, se añadió un edificio destinado a ser la Casa de las Vestales.

El templo de Vesta cobijaba algunos objetos valiosos como símbolos de Roma. Sin asegurar que no sea más que una leyenda, se contaba que allí se encontraba el famoso Paladio, la antigua estatua de Atenea llevada por Eneas desde Troya.

Las sacerdotisas mantenían el fuego perpetuamente pues si se apagaba representaba malos augurios para la ciudad. Así mismo es histórico que las vestales guardaban documentos importantes ya que se consideraba un lugar inviolable y, aunque parezca insólito, verdaderamente así fue durante siglos. Tal era el respeto que los romanos tenían por el fuego de Vesta.

Relieve de la diosa Vesta recibiendo ofrendas de las vestales.

El templo ardió completamente al menos en cuatro ocasiones y se incendió en otras dos. Los más antiguos eran, muy probablemente de madera y ladrillos en su mayor parte. El actual templo (sus ruinas) data del año 191, cuando Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo, ordenó una detallada reconstrucción.

Los ritos de Vesta acabaron en el año 394 cuando la llama sagrada fue apagada por iniciativa del emperador Teodosio quien declaró el cierre de todos los cultos antiguos.

Victoria Calle

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑