Personajes de la Filosofía: Baruch Spinoza

Baruch Spinoza ha sido uno de los personajes de la filosofía más execrados y perseguidos. De familia judía sefardí que se instaló en Ámsterdam luego de la expulsión de los judíos en España, Spinoza, sufrió la excomunión de la comunidad judía siendo, además, expulsado de la ciudad. Sus obras también serían incluidas en el Índice de libros prohibidos de la Iglesia Católica y recibió innumerables críticas con acusaciones de ateísmo y materialismo por parte de los intelectuales de su tiempo. Fue, sin duda, una de las víctimas de la intolerancia religiosa y restricción del pensamiento de su época.

Nació en Ámsterdam (Países Bajos) en 1632 y se educó en la comunidad judía de dicha ciudad. No obstante, su afirmación de que las Escrituras habría que estudiarlas de manera racional y no literal, junto con otras actitudes críticas respecto a la religión, comenzaron a generarle problemas en la comunidad.

El oficio con el que se mantuvo económicamente fue el de pulidor de lentes para instrumentos ópticos, trabajando para científicos de la época.

Baruch fue autodidacta en matemáticas y filosofía cartesiana, con la ayuda de Franciscus van den Enden, quien le dio no solo lecciones de latín, sino de «nueva ciencia» instruyéndolo en las ideas y obras de Copérnico, Galileo, Kepler, Harvey, Huygens y Descartes. Van den Ende era un personaje muy controvertido, de ideas demasiado liberales y excéntricas para su época​. Leyó también a Hobbes, Lucrecio y Giordano Bruno, y estas lecturas lo fueron alejando de la ortodoxia judaica.

Muerto su padre, Spinoza no tuvo ya por qué mantener oculto su descreimiento religioso, silencio que había mantenido por respeto a la figura paterna. Entonces se vio implicado en un proceso con su hermanastra respecto de la herencia de su padre. Habiendo ganado Baruch, renunció sin embargo a su cuantiosa herencia, tomando solamente «una buena cama, con su lino».​ En el curso del pleito fue puesta en cuestión la ortodoxia de Spinoza.​ Los líderes de la sinagoga le ofrecieron una pensión de nueve mil florines si dejaba a Van den Ende y volvía al judaísmo ortodoxo; pero Spinoza no transigió y, el 27 de julio de 1656, la congregación de Talmud Torá de Ámsterdam emitió una orden de ostracismo o expulsión contra Spinoza, por entonces de veintitrés años.

Tras la expulsión, se retiró a un suburbio en las afueras de la ciudad y escribió su Apología para justificarse de su abdicación de la sinagoga, obra perdida. Además, mantuvo su trato con los grupos cristianos de carácter bastante liberal y tolerante.

No podemos olvidar que era época de gran revuelo religioso donde, junto a las persecuciones y guerras entre diversos grupos religiosos, algunos sectores intelectuales reclamaban la tolerancia religiosa y el libre pensamiento.

Spinoza identifica a Dios con la Naturaleza en su totalidad por lo que es considerado un panteísta. Dios no sería, entonces, exterior al mundo, sino que representa todo lo existente. Respecto a la moral, opinaba que debe devenir de la Leyes de la Naturaleza y no de criterios o convenciones humanas. Algunos autores han destacado la similitud de las nociones de Spinoza con filosofías de la India.

En su pensamiento político, defiende un Estado laico que regule el ejercicio de la religión para no perjudicar la paz social ni los derechos naturales de los individuos y, de modo especial, el derecho de libre pensamiento y expresión de las propias ideas.

A pesar de las acusaciones que se le hicieron de ateísmo, realmente no era ateo. Precisamente para su época, la filosofía de Spinoza resultaba particularmente atractiva porque constituía una alternativa al materialismo, el ateísmo y el teísmo. Tres eran las ideas de Spinoza que más atraían: la unidad de todo lo existente, el orden y conexión de todo lo que sucede y la identidad entre el alma y Dios.

Al momento de su muerte vivía en La Haya. Murió con sólo 44 años enfermo de tuberculosis. Un inventario de sus posesiones que se realizó tras su muerte incluía una cama, una mesa pequeña de roble, otra de esquina de tres patas y dos mesas pequeñas, su equipo de pulir lentes, unos ciento cincuenta libros y un tablero de ajedrez.

Victoria Calle

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