Personajes de la Filosofía: Boecio

Cuando nacía Boecio (480 – 525) en Roma, los bárbaros ya habían destruido el Imperio y los visigodos de Alarico habían saqueado la ciudad. Los bárbaros hérulos ostentaban el poder en Italia y, pocos años después, el rey hérulo Odoacro, moría asesinado por el visigodo Teodorico.

A pesar de esta época convulsa, Boecio, de una muy aristocrática familia romana, estudia tanto en Roma como  en Atenas y en Alejandría. Su formación fue típicamente helenística y fuertemente influida por el neoplatonismo. No obstante el filósofo ya vive en un mundo eminentemente cristiano donde el paganismo ya era cosa del pasado y aún los nuevos amos de Italia, los bárbaros de Teodorico, eran todos cristianos.

Su vida de estadista fue tan importante como trágica. En el reinado de Teodorico, en el 522 en Rávena, llegó a ser el primer ministro pero sus enemigos conspiraron para hacerle caer acusándole de traición. Boecio terminó sus días torturado y decapitado en la ciudad de Pavía.

No obstante, Boecio pudo compaginar sus tareas como estadista con las otras de filósofo. Fue un gran erudito que llegó a escribir sobre música, poesía, astronomía, teología y aritmética, entre otras disciplinas.

Su dominio del griego le permitió la traducción al latín de algunas obras de Platón y de Aristóteles. Tenía la intención de unificar ambas escuelas aunque nunca pudo concluir su proyecto.

Parece que, de alguna manera, era consciente de que vivía en los comienzos de una época oscura y que tenía la intención de transmitir a los nuevos tiempos la gran cultura grecorromana. Boecio ha sido calificado como el último representante de la cultura romana antigua y el primero de los intelectuales medievales.

Muchas de sus obras se perdieron, sin embargo, la más famosa de las conservadas fue, sin duda, Consolatio philosophiae (La Consolación por la Filosofía) ampliamente conocida en la Edad Media. Se trata de un diálogo entre el propio Boecio y Filosofía, personaje alegórico femenino que se le aparece al autor para aclararle el problema del destino, de por qué los malvados logran recompensa y los justos no. Filosofía intenta consolarle demostrándole que la verdadera felicidad consiste en el desprecio de los bienes de este mundo y en la posesión de un bien imperecedero, que coincide con la Providencia universal que gobierna todas las cosas, concepto que toma del Estoicismo. Se cree que esta obra pudo ser escrita en la cárcel durante el largo año que pasó prisionero antes de ser ejecutado.

Este trabajo tuvo una gran importancia para la ulterior teología del Cristianismo medieval, pese a que tanto la metodología como la terminología que utiliza Boecio son meramente filosóficas y en ningún momento plantea la cuestión en términos de fe cristiana ni cita a Jesucristo ni las Sagradas Escrituras

¿Por qué buscáis la felicidad, oh, mortales, fuera de vosotros mismos?”

(Boecio)

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