El Siracusia, el “Titanic” de la Antigüedad

A mediados del siglo III a.C., Roma y Cartago han finalizado la Primera guerra púnica. El rey Hierón II (307-212 a. C.) domina la ciudad de Siracusa, reino aliado de la República romana, a la cual pertenece el resto de la isla. Hierón II es uno de los hombres más curiosos de su tiempo. Gozaba de la amistad de numerosos sabios, destacando, entre ellos, el famoso Arquímedes, ciudadano de Siracusa e ingenioso inventor mecánico. Debido a la relevancia que los navíos habían tenido en la guerra púnica, el rey estaba obsesionado con un sueño: construir el mayor barco de su tiempo.

Tetradracma con la imagen de Hierón II

Conocemos la existencia de este barco increíble por Ateneo, escritor griego de finales del siglo II, quien cita una detallada descripción de la nave tomada de una obra más antigua que se ha perdido.

El diseño le fue encomendado a Arquímedes, quien trabajó sin descanso hasta culminar en 240 a.C. la idea de este barco de 110 metros de longitud y 24 metros de anchura, capaz de transportar a 1.943 pasajeros, 600 remeros y 400 soldados. Contaba con jardines, biblioteca, piscina de agua caliente y de agua salada donde se criaban los peces que servirían de menú, gimnasio y una decoración formada por columnas de mármol, grandes mosaicos, estatuas y elementos decorativos de marfil que se dejaban ver por todas las partes del barco, evocando lo que sin duda fue una obra imperial. Incluía también un pequeño templo a la diosa Afrodita.

Dibujo del posible aspecto del Siracusia aunque le faltan muchos elementos descritos  como, por ejemplo, las torretas de defensa

Para la construcción se emplearon 300 artesanos durante un año entero, liderados por el constructor Arquías de Corinto. Las dimensiones colosales del buque tenían su reflejo en la elegancia de su interior. Entre los materiales utilizados, se encuentran madera de ciprés y boj, mármol, marfil, bronce, ágata, azulejos, mosaicos con escenas de la Ilíada que adornaban los suelos, junto con estatuas, jarrones y cuadros.

El navío contaba con 142 camarotes de lujo, cuadras para 20 caballos, y una bodega que podía albergar en torno a las 2.000 toneladas de carga. En esta bodega, además del tanque destinado a agua potable de unas 80 toneladas de capacidad, había un tanque de 6 toneladas de aove, que estratégicamente Arquímedes colocó en el mejor sitio de la bodega para preservarlo de cualquier inclemencia, ya que este depósito, albergaría uno de los bienes más preciados por el maestro Arquímedes, aoveSe transportaba para acompañar guisos y platos maridados con este manjar acompañando a la lujosa gastronomía que se servía en el barco y como símbolo de ofrenda, a los altos cargos mandatarios del puerto donde atracaría, Alejandría.

Posible esquema del Siracusia

Debido a su gran tamaño y peso, el Siracusia no desarrollaba grandes velocidades, por lo que estaba muy expuesto al ataque de otras embarcaciones.  Para su defensa, Arquímedes dispuso en la cubierta ocho torres con enormes catapultas y ballestas. Además, podía transportar hasta 400 soldados entrenados tanto en la disciplina militar como marinera, pues eran también parte de la tripulación, situados en el primer puente. Incluso tenían lugar para 20 caballos. Y como no podía ser menos el ingenio de este sabio, a lo largo del barco se dispusieron panales defensivos que impedían a otros barcos atacar con eficacia a través de sus espolones. También incluyó varios ganchos que ejecutados por medio de poleas podían escorar los barcos enemigos o atrapar a un adversario y arrojarlo al mar con fuerza. En sus botavaras –palos horizontales que sobresalen en los mástiles- se izaban panales de fino cuero que protegían a la marinería de las flechas enemigas. Más que suficiente para defenderse de temerarios e imprudentes piratas.

Dado que una nave de esta envergadura dejaría pasar grandes cantidades de agua a través del casco, el tornillo de Arquímedes fue utilizado a fin de extraer el agua de la sentina. También se realizaron esfuerzos para proteger a la nave de los parásitos marinos, como la broma que se adhiere a la madera produciéndoles graves daños.

Una vez finalizada su construcción, Hierón eligió como primer destino el puerto de Alejandría, deseando ganarse la confianza y alianza de Ptolomeo III Evergetes, rey de Egipto. El barco se cargó con abundantes mercancías, obsequios para el faraón macedónico: 60.000 medidas de grano, 10.000 ánforas de pescado en escabeche, 20.000 talentos de lana y otros 20.000 de mercancías diversas. Una fortuna digna de un reino. De hecho, más tarde el propio Siracusia se convertirá en un regalo para Ptolomeo que lo rebautizará como el Alexandris. Algunos historiadores indican que en este primer viaje del Siracusia estuvo el sabio Arquímedes, quién lo abordó deseoso de visitar la célebre biblioteca de Alejandría.

Este primer viaje, también sería el último completado. Como curiosidad y haciendo un paralelismo, el Titanic de nuestra época y el Siracusa comparten varios detalles a pesar de los miles de años y kilómetros que los separan. Ambos fueron prodigios de la ingeniería de su momento, auténticos colosos marinos, y -por paradójico que resulte- ambos disfrutaron de un único viaje. El Titanic se hundió en el Atlántico en una madrugada de abril de 1912, solo unos días después de partir en su travesía inaugural desde Southampton. El Siracusia llegó a tocar puerto en Alejandría, pero no quedan menciones más allá de este viaje. La tradición dice que zozobró en aguas cretenses, dónde, aún hoy, se continúa la búsqueda de este colosal navío, el más imponente que se haya construido en toda la antigüedad.

Germán Bartolomeo

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