Druidas y bardos
En gran parte de las culturas conocidas, los poetas se caracterizaron por su elocuencia y su manera bella de transmitir ideas mediante palabras, generalmente cantadas. En el mundo celta existían dos tipos de poetas, dos clases diferentes: bardos y druidas, cuyo papel iba mucho más allá del mero entretenimiento, ya que eran guardianes de la sabiduría, la historia, los mitos, los valores y las tradiciones de su gente.

Si bien los druidas eran líderes religiosos, sabios, juristas y a menudo considerados mediadores entre los dioses y las personas, en sus atributos también se destaca el de poetas. Tanto druidas como bardos eran los educadores de los pueblos y los padres de la cultura. En una cultura donde la escritura no era la principal forma de registro, los poetas jugaban un papel crucial en la preservación de la historia y la mitología. Su habilidad para memorizar y recitar extensos relatos era esencial para mantener viva la memoria colectiva y la identidad de los pueblos.
Los poetas celtas eran responsables de la educación de los jóvenes de la nobleza. Les enseñaban historia, leyendas, ética y leyes. Algunos poetas también servían como consejeros de líderes y reyes, utilizando su sabiduría y conocimiento en decisiones importantes. Dada su habilidad para influir en la opinión pública a través de sus composiciones, los poetas podían tener un impacto significativo en la política y los asuntos sociales.
Componían versos en honor a héroes, líderes y dioses, celebrando sus hazañas y virtudes, así como sátiras. Esta última era una poderosa herramienta; bien dirigida podía dañar la reputación y el honor de su objetivo. Se creía que incluso podía tener efectos físicos perjudiciales.
También participaban activamente en ceremonias religiosas y festividades. Sus recitaciones y cantos no solo tenían un propósito de entretenimiento, sino que también desempeñaban funciones rituales y espirituales, lo que les daba un status casi sagrado.
Los poetas jugaban un rol crucial en la preservación y evolución de las lenguas celtas. Su poesía no solo reflejaba el uso del idioma, sino que también influía en su desarrollo.

¿Quiénes eran los poetas?
Posiblemente entre druidas y bardos hubiera existido una relación similar a la conocida entre los poetas y los rapsodas del mundo helénico[1]. El poeta era un autor de obras y a menudo estaba también involucrado en su interpretación y en su transmisión, abarcando temas éticos, culturales, históricos y mitológicos. Por otro lado, los rapsodas eran intérpretes profesionales de la poesía; su función principal era recitar obras poéticas. La relación entre ambos era la de creador y difusor. Los poetas componían las obras, mientras los rapsodas, por su parte, eran los encargados de llevar estas obras al público, recitándolas en diferentes contextos, como festivales, ceremonias y competencias. Es decir, entre los celtas, los druidas habrían tenido una función de sabios-sacerdotes, “creadores”, mientras los bardos[2] se habrían encargado de difundir las creaciones a lo largo y ancho del territorio.
Para profundizar en la cuestión, es interesante remontarse al origen de las palabras. La expresión poeta viene directamente del griego “poietés”, adjetivo que hace referencia a “aquel que crea o hace una cosa”. Para Platón la poiesis se establece como “toda causa que haga pasar cualquier cosa del no-ser al ser”, es decir, la obra del poeta es la que resulta de “subir” al Mundo de las Ideas (no-ser), captar una idea y plasmarla en el Mundo Manifestado. Es interesante comentar que la palabra idea significa literalmente = “aquello que fue visto”, por lo que, en el mundo griego, la idea sería aquello que el alma inmortal había visto en el Mundo de las Ideas, pero antes de volver a nacer, al beber de las aguas del río Leteo, olvidaba. Entonces, la capacidad de ver de los poetas y la capacidad de recordar
aquella sabiduría olvidada del alma, para luego plasmarla en este mundo, estaban estrechamente ligadas; de aquí también la relación entre los poetas y las Musas, diosas protectoras de la memoria humana.
Por lo tanto, no es curioso mencionar que la función de los poetas clásicos, hubiera estado frecuentemente asociada a la videncia, la adivinación y las profecías, ya que los cantos de los poetas no eran estrictamente sus invenciones, sino más bien inspiraciones divinas. Así como en Grecia, Homero y Hesíodo cantaban lo que las Musas les “mostraban”, los poetas celtas hacían resonar los cantos provenientes de un mundo más espiritual y profundo, por eso su labor era sagrada. Sacrificaban su vida (de la etimología sacro oficio u oficio sagrado) en pos de la transmisión de los valores atemporales.
Así, por ejemplo, la etimología de druida, deriva de “daruvid” = vidente en alto grado, sapientísimo. Mientras que la etimología de bardo, significa algo así como elevar la voz o, dicho de otra manera, cantar lo elevado.
Tanto los druidas como los poetas celtas recibían una extensa educación que podía durar hasta veinte años. Los poetas, en particular, aprendían de memoria una gran cantidad de poesía, historia y leyendas. Esta educación a menudo se llevaba a cabo en escuelas druídicas, lo que indica una estrecha relación entre ambos grupos.
La mayor parte de la mitología celta no fue registrada por ellos ni transmitida oralmente de manera directa, si no por autores griegos y romanos. Estos textos ofrecen una visión externa, pero son valiosos para entender cómo veían otras culturas a los celtas. Autores como Julio César y Estrabón mencionan a los celtas y sus prácticas. Aunque la influencia directa de los poetas celtas disminuyó con la cristianización y la romanización, su legado continuó en formas adaptadas, como en la figura del bardo en las culturas galesa y bretona.
Los escaldos nórdicos

Hacia el final de la época celta (siglo I a.C. aproximadamente), habrían llegado a poblar principalmente Gran Bretaña, Irlanda, norte de España, Francia y el norte de Italia; en esos tiempos y en paralelo, comenzaron a desarrollarse los pueblos germánicos. Estos pueblos se establecieron en un primer momento en el Sur de la Península Escandinava, en las Islas del mar Báltico y en las tierras bajas de la Alemania Septentrional, aunque posteriormente recorrieron todo Europa, teniendo gran influencia en las islas británicas y en Islandia, por lo que pueden haber tenido influencia celta. Con los germanos, entre los siglos I a.C. y X d.C., se consolidarían nuevas formas simbólicas y renovados aspectos culturales.
El conocimiento de la mitología nórdica, las sagas y las historias de héroes vikingos llegó a nuestra época a través de las Eddas, dos obras escritas en Islandia hacia el siglo XIII. Las tradiciones de los pueblos germanos lograron registrarse por escrito gracias a los escaldos, el nombre con que se conocía a los poetas nórdicos. Los escaldos fueron importantes figuras, distinguidos por su habilidad en la creación de poesía, especialmente en formas complejas y ornamentadas. Su función fue semejante a los poetas celtas. Estos escaldos no solo eran importantes como conservadores de la historia y la mitología, sino también en la política y la sociedad, ya que su habilidad para influir en la opinión pública a través de su arte era considerable. Los escaldos viajaban a menudo entre las cortes de los poderosos, donde su habilidad era altamente apreciada.
Tal es así, que el oficio de poeta era divino y su origen también. Los poetas derivarían del más sabio de todos los hombres, Kvasir, quien nació de la saliva de los dioses. Entre sus obras se encuentra la participación en la creación del hidromiel de los poetas, elemento mítico de gran relevancia en la mitología nórdica. Esta mágica bebida, deseada por los dioses de Asgard e imbuida de poderes sobrenaturales, es famosa por otorgar habilidades sobresalientes en la poesía y elocuencia. Compartimos el mito del origen del hidromiel y de alguna manera, de la inspiración poética.
Mito del hidromiel mágico
El mito comienza con la guerra ancestral entre dos clanes de dioses: los Aesir y los Vanir. Tras una larga y desgastante batalla, ambas partes decidieron hacer las paces. Para sellar su acuerdo, todos los dioses escupieron en un caldero. De esta saliva y gracias a la intervención de Odín, Frey y Freyja, surgió un hombre especial llamado Kvasir. Nacido de la saliva de todos los dioses, era el más sabio de todos, teniendo la capacidad de combinar cabeza y corazón.
Kvasir era tan sabio que no había pregunta que no pudiera responder. Los dioses, tanto ases como vanires, se atropellaban para hacerle preguntas. En determinado momento decide emprender un viaje por el mundo en busca de preguntas que nunca le habían hecho aún.
Viajó de ciudad en ciudad y de aldea en aldea, conociendo a todo tipo de seres y respondiendo las inquietudes a todos ellos…

En el mundo existían dos elfos oscuros que vivían en un castillo junto al mar, donde practicaban magia y hacían inventos. Eran los hermanos Fjalar y Galar, conocidos por su naturaleza maliciosa y por su envidia. Cruzaron a Kvasir en el camino, lo invitaron a su casa. Allí lo asesinaron y recogieron su sangre, pues el sabio les había aconsejado que, mezclando su sangre con miel y dejándola fermentar, crearían el mejor hidromiel existente, capaz de otorgar inspiración y sabiduría a quien bebiera.
Los enanos, después de asesinar a Kvasir, continuaron con sus actos malvados. Mataron a un gigante llamado Gilling, junto con su esposa, lo que eventualmente llevó al hijo del gigante, Suttung, a buscar venganza. Suttung capturó a los enanos y los llevó mar adentro para ahogarlos. Los enanos suplicaron por sus vidas y ofrecieron el hidromiel mágico como compensación. Suttung aceptó y llevó el hidromiel a una montaña, guardándolo en una cámara a la que solo su hija, Gunnlod, tenía acceso.

Odín, siempre en busca de sabiduría y poder, se enteró del hidromiel mágico y decidió obtenerlo. Se disfrazó como un trabajador llamado Bölverk y ofreció sus servicios a Baugi, hermano de Suttung. Odín/Bölverk trabajó para Baugi durante todo el verano y pidió como recompensa un sorbo del hidromiel. Baugi, desconociendo el paradero del hidromiel, accedió, yendo ambos a buscar a su hermano Suttung. A duras penas, este último comentó dónde se encontraba guardada la bebida mágica. Odín y Baugi intentaron perforar la montaña, y el dios, en forma de serpiente, logró deslizarse por el agujero hasta llegar a la cámara donde Gunnlod guardaba el hidromiel.
Una vez en el interior de la montaña, Odín sedujo a Gunnlod durante tres noches. A cambio de su compañía, ella le permitió tomar tres sorbos del hidromiel. Sin embargo, Odín bebió todo el hidromiel en solo tres sorbos. Ante el descubrimiento del engaño, la joven gigante comenzó a perseguirlo.
Transformándose en un águila, Odín huyó con el preciado líquido. Suttung, al darse cuenta del engaño, se transformó también en un águila y persiguió a Odín. En la desesperada huida hacia Asgard, algunas gotas del hidromiel cayeron a la tierra. Estas gotas fueron la fuente de la habilidad poética de los humanos, quienes solo recibieron un fragmento del poder original del hidromiel.

El hidromiel de los poetas y su mito simbolizan, no solo la búsqueda del conocimiento y la sabiduría sino también la idea de que la poesía y la elocuencia son dones divinos. Es curioso que, en la mitología nórdica, estos dones están marcados por la astucia, el engaño y la transformación, recordando que Hermes griego es dios de los ladrones y que suele atribuirse a Buda la frase: “El Nirvana se toma por asalto”.
Comentarios finales
Es gracias a los poetas, tanto druidas, bardos y escaldos que las tradiciones celtas y nórdicas pudieron llegar a nuestros días. Los poetas en la historia dieron vida a culturas y civilizaciones, pero también contribuyeron a mantener con vida a las mismas. Hoy, que estos personajes especiales con la capacidad de ver en lo invisible y comunicarse con el mundo divino escasean, aún nos queda su legado y podemos, como quien bebe un sorbo del hidromiel mágico, inspirarnos en los símbolos y mitos para desarrollarnos como seres humanos y así guardar los valores eternos.
Franco P. Soffietti