Estamos en el siglo XIII y el joven Bacon es un estudiante en Oxford. Se desplaza luego a París donde queda maravillado ante los conocimientos sobre magnetismo, astronomía, y alquimia del ingeniero real Peter Peregrinus de Maricourt, conocido como Pedro Peregrino. Bacon vuelve a Oxford y se dedica intensamente a los estudios. Tiempo después entrará en la orden franciscana y allí desarrollará un gran trabajo de investigación.

Los franciscanos de Oxford se habían dedicado a la ciencia experimental desde Roberto Grosseteste (obispo de Lincoln), pero el carácter poco dócil de Roger, hizo que, aún en la mentalidad abierta de esta comunidad, fuese controvertido; de manera que fue aislado, y posteriormente perseguido, hasta mantenerle en estricta clausura.
Sin duda Roger Bacon (1214-1292) fue un adelantado a su tiempo como muchos inventores. Podemos enumerar algunas de sus muchas investigaciones e invenciones: fabricación de las primeras lentes, proyectar el uso de lentes para telescopios, escribe la primera descripción técnica conocida sobre el vuelo, describiendo un ornitóptero en su libro “Secretos del arte y la naturaleza”. También fabricó autómatas como una especie de paloma que dicen era capaz de levantar el vuelo, además de una cabeza mecánica que hablaba.

Otra de las invenciones fue la mezcla de determinadas sustancias con las que conseguía un gas que le proporcionaba luz. Esto dejó tan asombrados a sus contemporáneos, que no dudaron en asegurar que tenía tratos con el diablo y que este le facilitaba una porción del fuego del infierno para ayudarle a leer por las noches.

Más curioso son los ingenios mecánicos que describió de manera visionaria. Diseñó sobre el papel esquemas de aeronaves voladoras que transportaban pasajeros, barcos propulsados por máquinas mecánicas, y sistemas minúsculos capaces de elevar enormes cargas, dando la seguridad de que se conseguirían en un futuro, aplicando las leyes divinas de la física. Así, este visionario estaba convencido de que la ciencia era otra forma de llegar a Dios. Creía que, al final del milenio, la ciencia iba a servir para robustecer la fe. Desgraciadamente se equivocó en esto.
Aunque algunos se la atribuyen a Galileo, parece que sería de Bacon la frase «la matemática es la puerta y la llave de toda ciencia».
Victoria Calle