El Batido del Océano de Leche, conocido también como Samudra Manthan en sánscrito, es uno de los mitos más famosos y simbólicos del hinduismo. Este relato forma parte de los Puranas, que son escrituras antiguas llenas de mitos y leyendas. El mito describe un episodio cósmico en el principio de los tiempos, donde dioses y demonios trabajan juntos para batir el Océano Primordial con el fin de obtener el néctar de la inmortalidad.

La búsqueda de inmortalidad
Desde el comienzo del universo, los devas (deidades benévolas) y los asuras (deidades violentas y sedientas de poder, semejante a demonios) eran todos mortales y luchaban constantemente entre ellos por el dominio del mundo. Los devas, debilitados y en necesidad de ayuda, acuden a Vishnú, uno de los tres dioses principales del hinduismo, quien les propuso que unieran sus fuerzas a las de los asura con el objeto de extraer la Amrita, o néctar de la inmortalidad, del Océano de Leche.
Para lograrlo tuvieron que recolectar hierbas mágicas del océano, cortar el monte Mandara de forma que se pudiera colocar su cima sobre el caparazón de la tortuga Kurma y utilizar la serpiente Vāsuki, rey de los Naga, para poner la montaña en rotación de manera que batiera el océano. Los devas se encargaron de tomar la cola de la serpiente y los asuras su cabeza. Así comenzaron a batir el océano alternando la dirección de tirón, como quien intenta encender fuego frotando un palo con otro.
Tras miles y miles de años de esfuerzos, el batido produjo un variado número de objetos extraordinarios y unos seres maravillosos:
- Jala-jala, un veneno que Shiva, otro de los dioses más importantes, bebió antes de que se esparciera y destruyera el mundo. Algunas gotas se derramaron y fueron bebidas por las serpientes y los escorpiones dando origen a su veneno.
- Surabhí, la vaca de la abundancia, fuente perpetua de leche y mantequilla, proveedora de todas las necesidades.
- Vārunī, la diosa del vino, que hace rodar los ojos.
- Pariyata, el árbol del paraíso de Indra, que perfumaba el mundo con la fragancia de sus flores.
- Chandra, la luna, con la que Shiva engalanaba su cabellera.
- Uchaisravas, el caballo blanco, ancestro de todos los caballos, cuyas siete bocas simbolizan los colores del arco iris.
- Airavata, el elefante blanco sobre el que monta el dios Indra.
- Kalpavriskha, un árbol que cumpliría cualquier deseo.
- Las apsaras o ninfas celestes.
- Alaksmi, la diosa del infortunio y la fealdad.
- Sri (Laksmí), la diosa de la belleza y de la fortuna.
- Kaustubha, la joya que adorna el pecho de Visnú.
- Dhanuan Tari, el médico de los dioses, sosteniendo en sus manos una copa llena de Amrita, el néctar de la inmortalidad.
En cuanto los asura vieron la copa con néctar se precipitaron sobre ella y la robaron antes de que los devas pudieran intervenir. Vishnú se transformó rápidamente en Mojiní, la mujer más bella del mundo y se presentó ante los asura. Los demonios quedaron paralizados ante tal belleza, por lo que Vishnú aprovechó para quitarles la copa y dársela a los devas.

Los devas, convertidos ahora en inmortales, no podían ser vencidos y arrojaron a los demonios a los infiernos. Durante la lucha, unas gotas de Amrita cayeron sobre cuatro lugares de la India, que se convirtieron en espacios sagrados y centros de peregrinación: el río Godavari, Shipra, el río Ganges y Prayagraj.
Interpretación simbólica
Es interesante destacar los simbolismos de la historia y hacer, en la medida de lo que permita este breve artículo, una interpretación de los mismos.
En la simbología oriental, la tortuga representa la eternidad, un emblema de longevidad y persistencia en el tiempo. Por otro lado, los reyes Naga, figuras mitológicas con cuerpos de serpiente y cabezas humanas, encarnan una fascinante dualidad: aunque son vistos como enemigos de los dioses y moradores del Inframundo, también se les asocia con la sabiduría. Esta cuestión se refleja en el hecho de que, en tiempos antiguos, los hombres sabios eran denominados nagas.

En cuanto a la montaña, esta posee una profunda simbología al ser considerada un nexo entre el mundo material y el espiritual o divino. Representa el punto donde la tierra se eleva hacia el cielo, creando un lugar de encuentro entre ambos planos. Además, simboliza el centro y eje del mundo, el lugar donde el cosmos se unifica y alrededor del cual la vida se mueve.
Finalmente, el océano es visto como un símbolo de lo infinito y lo primigenio, siendo la matriz de donde surge la vida. Esta representación sugiere un ciclo continuo donde todo se origina y eventualmente, donde todo retorna, enfatizando así la idea de un flujo eterno y una fuente inagotable de existencia.
En este escenario mítico, de crucial importancia, se conjuga lo elevado (la cima de la montaña), lo profundo (el océano) y la eternidad (simbolizada por la tortuga). La Serpiente de la Sabiduría se utiliza como una herramienta clave, que dioses y demonios utilizan para agitar el eje del mundo, provocando el surgimiento de tesoros ocultos en las profundidades oceánicas.
Desde una perspectiva cósmica, el mito narra cómo las maravillas de la vida y la perpetuidad del universo se originan en la constante tensión entre el bien y el mal. Este enfrentamiento eterno entre dioses y demonios es lo que, desde tiempos inmemoriales, mantiene el equilibrio universal.
Visto desde una perspectiva humana, los devas simbolizan nuestras virtudes, mientras que los asuras personifican nuestros defectos. La confrontación entre estos dos aspectos, guiada por la sabiduría, culmina en el triunfo de las virtudes, abriendo el camino hacia la inmortalidad.
De la lucha surgirá la armonía, la belleza, la fortuna, junto con otros innumerables prodigios. Esta confrontación no se da en otro lado, más que en el interior de nosotros mismos, en el centro de nuestro ser, donde lo profundo, lo atemporal y lo más elevado se encuentran.
Franco P. Soffietti
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