Medicina Egipcia IV: El papiro de Ebers

Este curioso papiro médico es uno de los más importantes conocidos hasta la fecha.

Tiene veinte metros de largo por treinta centímetros de ancho, está escrito en hierático y fechado durante el reinado de Amenothep l, faraón de la XVlll dinastía (1525-1504). Algunos pasajes, por su forma de escritura, se corresponden a épocas más antiguas, quizás 3000 años a.C., por lo que, el Ebers seria en parte copia de textos más antiguos.

Está dividido en 110 páginas, con 877 recetas para enfermedades que van desde las lesiones en las uñas, hasta las enfermedades cardiovasculares, neurológicas e incluso enfermedades que hoy llamaríamos psicológicas.

Se distinguen unos 700 productos diferentes, la mayoría de origen vegetal, que combinados en forma especifica y magistral dan una serie muy extensas de remedios para muchas enfermedades.

Papiro Ebers expuesto en la biblioteca de la Universidad de Leipzig.

En este texto encontramos una sorprendente descripción del aparato cardiovascular, demostrando un profundo conocimiento no solo del corazón como órgano, sino también del sistema arterial y venoso.

Los remedios están prescriptos para una gran variedad de enfermedades y lesiones que van, por ejemplo, desde la mordedura de un cocodrilo, a la erradicación de plagas de ratas, escorpiones o moscas.

Hay tratamientos para el aparato digestivo, respiratorio, piel, ojos, sistema nervioso, aparato reproductor, con diferencias bien marcadas en el tratamiento masculino y femenino, y enfermedades de la esfera psicológica entre muchas otras.

Un ejemplo llamativo, entre muchos, es el utilizar pinturas verdes realizadas con sales de cobre para remarcar los ojos; semejante a lo que se utiliza hoy para tratar el tracoma[1] (en Egipto eran muy frecuentes las enfermedades oculares por los vientos, la arena y la sequedad del clima).

Las fórmulas son de una gran precisión, en cuanto a los elementos a utilizar, la dosificación y el procedimiento, demostrando un desarrollo y conocimiento avanzado de la farmacopea.

En el Papiro de Ebers hay, al igual que en el de Edwin Smith, algunas invocaciones a Dioses y al poder que estos canalizan y que los investigadores actuales toman como “actos de magia” y efectos placebo. Sin embargo, como ya ha sido demostrado ampliamente, el efecto “placebo y nocebo” no se pueden discutir, llegando a ser efectivo y eficaz en el 35 % de los enfermos. Una gran proporción de las enfermedades tienen su raíz en la esfera psíquica (mente-emociones), expresándose en el plano físico a través de síntomas o daños en algún tejido, órgano o aparato.

Sanar la psiquis es curar muchas de las enfermedades físicas, o al menos, mejorar la evolución de las mismas, creando las condiciones adecuadas para que el cuerpo repare los daños sufridos. Es por eso que en la actualidad los laboratorios de productos medicinales realizan estudios de mercado entre los pacientes para elegir entre comprimidos o cápsulas, el color y el tamaño de los remedios, eligiendo la forma que más efecto “psicológico” surte entre los pacientes. Se elige el nombre de fantasía que tiene “mejor efecto” y los envases se diseñan para que nos parezcan más efectivos, es decir que en el fondo no es diferente a las fórmulas e invocaciones que hacían los egipcios, salvo que estos se encomendaban a la fuerza sanadora de los Dioses y sus potencias, y los pacientes actuales a la “ciencia” del marketing.

Este papiro encontrado entre las piernas de una momia demuestra que la medicina egipcia era muy avanzada, con conocimiento de una gran cantidad de enfermedades, y con un arsenal terapéutico que iba desde el uso de sustancias minerales, vegetales y animales, hasta la utilización de los tratamientos psíquicos, tanto como complemento de la acción de un medicamento, como tratamiento de base a enfermedades psiquiátricas.

Egipto nunca deja de sorprendernos.

Dr. Gustavo Porras

Centro Médico SERAPHIS Argentina


[1] El tracoma es una enfermedad ocular infecciosa y crónica causada por la bacteria Chlamydia trachomatis. Afecta principalmente a los ojos y puede causar daño progresivo a la córnea, lo que lleva a la pérdida de la visión si no se trata adecuadamente.

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