¿Todos los pueblos tienen un origen mitológico?

Cuando estudiamos las distintas culturas y civilizaciones que vieron la luz en el planeta es posible observar que todas comparten un origen mitológico que les da identidad, sustenta su desarrollo y orienta su accionar. Los mitos, como símbolos en movimiento, se encuentran más allá del tiempo, arraigados en la propia naturaleza humana.

Las culturas clásicas, en la búsqueda de conocer las causas esenciales de la naturaleza y de la existencia humana, debían necesariamente estar regidas por ideales de la misma naturaleza. Un origen simbólico común brindaba a los estados una dirección y un sentido común. La mitología aparecía como la raíz de los pueblos y como fin ultérrimo en la evolución humana.

Así hallamos, por ejemplo, que la ciudad de Atenas, cuna de la filosofía, encuentra su origen en la disputa entre la homónima diosa de la sabiduría y Poseidón, dios de los mares. Los romanos, a su vez, tienen su origen mitológico en Eneas, héroe troyano, hijo de la diosa Afrodita y sobreviviente de la famosa guerra que migra a territorios etruscos. De él descenderían, algunas generaciones después, Rómulo y Remo, fundadores de Roma. En este caso, podemos también encontrar un nexo mitológico entre la cultura griega y la romana.

Atenas y Poseidón, la disputa por la ciudad de Atenas.

Los sumerios toman su modelo de ser humano y su identidad como pueblo en el mitológico héroe Gilgamesh, quien, antes de lograr el desarrollo de un gobierno perfecto, tuvo que recorrer un largo camino hasta encontrarse con Utnapishtim, viejo sabio y único sobreviviente del gran diluvio que otrora azotara al mundo, mostrando conexión con etapas humanas del pasado.

Gilgamesh llega ante Utnapishtim

Los toltecas y aztecas en Centroamérica relatan a través de tradiciones orales que sus antecesores más antiguos provenían de una ciudad ideal gobernada por los dioses llamada Aztlán (relacionada con la Atlántida por historiadores), ubicada en una isla hundida tiempo atrás.

Los incas se dicen descendientes de un personaje legendario llamado Manco Cápac quien, junto a su consorte Mama Ocllo, sienta las bases del imperio. Cuentan las historias que la pareja surge de las espumas del lago Titicaca para, guiados por Inti -el dios Sol-, emprender camino hacia el norte y establecerse donde hoy se encuentra Cuzco.

Manco Cápac con su consorte Mamma Ocllo, sienta las bases del imperio.

Se dice que el milenario imperio celeste chino sería continuador de una primera dinastía divina engendrada por la deidad suprema Shang Ti, compuesta por tres augustos y cinco emperadores. Puede encontrarse en algunos relatos que, de entre ellos, el Emperador Amarillo por ser el tercer augusto y a la vez el quinto emperador fue quien unificaría en esta mitología al ser humano con los dioses.

En Europa, una vez fragmentado el Imperio romano luego de cinco siglos de luchas constantes, de desorientación y de olvido de lo trascendente, los pueblos anglosajones, allá por el siglo X, encuentran en las leyendas del Rey Arturo y la búsqueda del Grial el sostén para atravesar la Edad Media dando vida al Renacimiento. A través del ideal de caballería sentaron las bases sobre las que aún hoy pisamos, aunque hayamos olvidado, el mito fundacional y la fraternidad encarnada por Arturo.

El Santo Grial, el Rey Arturo y sus caballeros de la mesa redonda.

A la luz de la historia, en el intento de comprender a la humanidad hoy, preguntarnos si nuestra cultura globalizada responde a algún símbolo que guarde un mensaje de trascendencia y que mantenga unido a mujeres y hombres probablemente nos habilitará nuevas reflexiones. ¿Tenemos alguna raíz mitológica que nos identifique? Bien podemos rastrear en las tradiciones de las distintas sociedades algún mito o leyenda, pero esta reciente cultura global, que se está gestando velozmente desde las últimas décadas con el advenimiento de Internet y el desarrollo de los medios de comunicación, carece de mitología.

Simbolos que guardan un mensaje de trascendencia.

Según el filósofo Fernando Schwarz, en una entrevista realizada para la Revista Esfinge[1], explica que la pérdida del sentido simbólico es la clave para comprender la crisis que estamos viviendo en la actualidad. Hemos olvidado la posibilidad de aunarnos bajo ideales trascendentales y pusimos el foco en el materialismo superficial, sin dirección ni sentido. Así perdimos el contacto con lo sagrado y fomentamos el egoísmo en todas sus facetas como medio para reprimir nuestras inquietudes existenciales.

Si las Leyes nos acompañan, naturalmente volverán a surgir renovados poetas que, de manera semejante a Homero, quien en el siglo VIII a.C. hizo despertar a la cultura griega luego de siglos de hierro y olvido, pondrán cuerpo a las insonoras voces de las divinas musas para cantar mitos que nos pongan en contacto nuevamente con la esencia, nos vuelvan a unir desde lo profundo y despunten la aurora de un mundo nuevo y mejor.

Franco Soffietti


[1]https://www.revistaesfinge.com/entrevistas/item/1769-la-crisis-simbolica-del-mundo-actual-entrevista-a-fernando-schwarz

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