El Arte poética de Horacio: las características de un buen orador y de una buena obra de arte

Horacio como poeta es multifacético, ya que su creación poética abarca diferentes aspectos del conocimiento. Sus obras son: Sátiras, Epodos, Odas y Epístolas. A la última categoría pertenece la Epístola a los Pisones, más conocida como Arte poética. Ars poetica es la más extensa de las epístolas; es tal vez la última obra que el poeta compuso unos años antes de su muerte. Es el poema más influyente; de hecho, si bien no es un tratado sistemático de teoría y práctica del arte poética, fue reconocido como un canon de la composición poética con una gran influencia en el mundo posterior. No obstante, algunos critican su carencia de orden y estructura. “Ars sine arte tradita” (arte transmitida sin arte), llamó Escalígero al poema. El discurso de Horacio fluye en tono informal dirigido a la familia de los Pisones. Discute un género literario por requerimiento de los Pisones que le piden consejos sobre el drama.

Quinto Horacio Flaco fue el principal poeta lírico y satírico en lengua latina. Nacido  en el año 65 a.C., aun siendo hijo de un liberto, recibe una buena educación tanto en Roma estudiando gramática y retórica como en Atenas instruyéndose en filosofía y lengua griega. Tras el asesinato de Julio César, formó parte del ejército de Bruto, quien fue derrotado en la batalla de Filipos. Horacio no poseía aptitudes militares y escapó abandonando su escudo así como lo habían hecho los poetas Arquíloco y Alceo. Ganó el respeto y la admiración de los círculos de los poetas, tales como Virgilio y Rufo quienes le presentaron a Cayo Mecenas, un noble consejero y amigo de Augusto Cesar. Mecenas se convirtió en su protector. Horacio falleció en el año 8 a.C., poco tiempo después de haber fallecido su amigo Mecenas; fueron enterrados el uno junto al otro.

Horacio, Virgilio y Varius en casa de Mecenas

La imitación de los modelos de la tradición es muy importante para Horacio ya que para él la garantía de una buena obra es seguir los pasos de los antepasados, estudiándolos, analizándolos continuamente, especialmente los modelos griegos. Sitúa el problema de la falta de buenos poetas en la educación de los niños romanos que no cultivan la interioridad ni se ejercitan en poesía y literatura, sino que tienen, principalmente, intereses económicos.

Horacio reconoce dos ejes en la composición artística: el arte (ars) y el artista (artifex). Partiendo del eje de ars, defiende que la lengua de los personajes debe ser acorde a ellos, cada uno debe decir cosas apropiadas. Los personajes ficticios deben ser coherentes hasta el final. La obra poética debe cumplir con el principio de la unidad pues lo híbrido provoca risa. Asimismo debe poseer completitud. La obra tiene que ser una y simple y el arte debe controlar la variedad.

Cálamo es el nombre del instrumento que utilizaban para escribir.

Otro ejemplo de incoherencia, según Horacio, son los poetas que no cumplen con sus promesas; por eso es importante que el poeta conozca sus propios límites y deje de lado lo que lo supera. Cicerón coincide con este principio (decorum) cuando propone la selección de temas y estilos en la oratoria según la ocasión. Esta adecuación a lo que es conveniente viene del dominio de la ética y pasa a la oratoria y a la estética. Tanto Horacio como Cicerón coinciden en que para expresar algo hace falta haberlo experimentado antes.

El orador perfecto usa cada estilo dependiendo del asunto que trata. Por ese motivo el discurso puede variar de acuerdo con lo que exija cada causa. Cicerón plantea que es propio del orador perfecto hablar profusa y extensamente por eso debe adquirir la ciencia de todos los filósofos para poder reflexionar y hacer reflexionar al público. Este conocimiento le permite explayarse sobre diferentes temas. Le brinda amplitud, gravedad, abundancia. Debe conocer el sentido y el valor de las palabras para poder distinguir las verdades de las falsedades y establecer relaciones de causa y efecto. El orador perfecto debe conocer todo lo que atañe a lo divino y a lo humano para establecer relaciones apropiadas.

Acerca del oficio del poeta (artifex), Horacio señala que es posible la combinación del placer con el beneficio. El objetivo del poeta es deleitar instruyendo; la combinación de los dos resuelve la dicotomía entre las cosas oportunas para la vida y las cosas alegres que divierten. Es una antigua discusión acerca de si la poesía debe deleitar o ser provechosa.

Quinto Horacio Flaco más conocido como Horacio. Su obra máxima: Carpe diem ” Vive el día de hoy, capturalo. No te fíes del incierto mañana…”

En las obras de Horacio y Quintiliano nos encontramos con dos conceptos relacionados con la producción artística del artifex que es importante comentar. Se trata de una vieja discusión entre entusiasmo y techne o ingenium y ars. Horacio critica a Demócrito y la idea tradicional que el poeta es excelente cuando está poseído por la divinidad. Demócrito privilegia el ingenium por encima de ars y excluye los poetas sensatos. Horacio, por otro lado, defiende que por medio de un proceso de pulimiento el poeta perfecciona la obra (labor limae). Para el poeta latino se debe combinar el ingenium (aquello que viene por talento) con el ars (aquello que viene por técnica). Para alcanzar la meta el poeta tiene que hacer un esfuerzo. Presenta una caricatura del poeta insensato que está bajo la influencia de furor contraponiéndolo al poeta sensato. El poeta enfurecido no tiene la técnica adquirida de ars para completar su naturaleza; todos le temen y huyen de él o lo siguen solamente otros locos como él. Por otro lado, el poeta sensato tiene influencia en la sociedad y es querido.

Quintiliano señala: «Pero estos preceptos de elocución, así como es necesario conocerlos bien, no son suficientes para una elocuencia con fuerza, si no se añade a ellos una cierta facilidad inalterable, que los griegos llaman hexis»  (I, 1). Facilidad inalterable es un hábito adquirido por entrenamiento. Es la habilidad natural de uno que a la vez se puede moldear. Es la tendencia fijada que resulta de un acto repetido, llamada habitus constans por Cicerón. El trabajo de entrenamiento, la educación, tiene como objetivo convertir una habilidad en una especie de facilidad (facilitas). El entrenamiento transforma el comportamiento convirtiéndolo en algo que parece dado, un talento natural.

Este ars que lleva a facilitas se basa en la imitación de los modelos, la elaboración de los ejercicios y la elocuencia. De modo que se instruyen los procedimientos que permiten al orador poner en práctica lo aprendido. Aunque la imitación constituye una gran parte del arte de la oratoria, hay cosas que no son imitables; tales como el ingenium, el inventium (capacidad de ser original), la potencia (vis) del discurso y la facilitas, entendida como la soltura del orador, su predisposición. ¿Qué se puede imitar entonces? La riqueza del vocabulario, las figuras y el método de composición. Quintiliano aconseja saber qué modelo imitar y por qué este es bueno. También uno debe saber sus propios límites. El maestro puede enseñar el ars pero el ingenium es del estudiante.

María Kokolaki

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s