DÁNAE Y LA LLUVIA DE ORO

El periodo que conocemos como el Renacimiento dio origen a movimientos humanistas que buscaban reencontrarse con el mundo clásico en todas sus aristas. Artísticamente, se consideró clásico la idea de la belleza basada en la armonía.  Hubo una generación de artistas italianos como Botticelli, Da Vinci y Tiziano, entre otros, que, al mismo tiempo que plasmaban en sus obras ese ideal de belleza, comenzaron a utilizar como inspiración a personajes y escenas mitológicas. Actualmente, podemos apreciarlas en numerosos museos.

Detalle de Dánae en la obra “Dánae recibiendo la lluvia de oro” de Tiziano

En esta oportunidad, a través de la contemplación de uno de los bellos cuadros mitológicos que se encuentra en el Museo del Prado, apreciaremos el mito de “Dánae y la lluvia de oro”. Este lienzo es uno de los seis famosos lienzos que conforman las llamadas Poesías que el veneciano Tiziano Vecellio pintó en el año 1553.

Aquella pintura fue parte de un conjunto de obras mitológicas realizadas por encargo de Felipe II. En cada una de aquellas exquisitas pinturas, Tiziano se vio inspirado en un poema denominado las Metamorfosis de autoría de Ovidio, poeta italiano del siglo III antes de Cristo.

El mito cuenta que Acricio, rey de Argos, confina a su hija Dánae en una cueva subterránea impenetrable, luego de que el oráculo predijera que Dánae tendría un hijo que le daría muerte a su abuelo. Pero Zeus a través de una abertura logra penetrar en forma de lluvia de oro, fecundando así a Dánae.

Acricio se entera de lo acontecido, encierra a Dánae junto a su niño en un cofre de madera y los arroja al mar. Pero el cofre, dirigido por Zeus, llega a la isla Serifos, donde ambos son rescatados por unos pescadores. Ese hijo fue luego uno de los célebres héroes mitológicos: Perseo, quien, después de haber  realizado varias hazañas,  participa de los juegos de atletismo en Argos. Al momento de participar en el lanzamiento de disco, este se dirige al rey Acricio, quien se encontraba como espectador, y se cumple de esta manera la profecía del oráculo.

“Dánae y Perseo bebé siendo rescatados por Corsali en la Isla Serifo”, 1806

En el mito, el rey se creyó capaz de poder contrarrestar la sentencia del destino, desconociendo que el destino es una fuerza invencible y que los hombres son incapaces de modificarlo. El ser humano está sujeto a una ley universal.

En la mitología griega hay una diosa llamada Ananke, que simboliza la fuerza de lo inevitable; los romanos por su parte la conocían como Necessitas (necesidad). Podemos encontrar este concepto de necesidad, y con igual alcance, en el pensamiento filosófico estoico. Los estoicos señalan que en todo lo que sucede puede observarse el juego de un par de fuerzas: la necesidad y la finalidad. Hay una Ley que hace necesarios los hechos de nuestra existencia y una finalidad que los hace útiles y les da sentido.

Así mismo, los estoicos manifiestan la necesidad del hombre de armonizarse  con el ritmo de la naturaleza al punto de transfundirse con ella.  Si observamos la lluvia en la pintura, podemos interpretarla como un hilo que conecta lo terrestre con lo celeste. La voluntad humana conectada a la necesidad divina.

Mario Meunier -retomando el mito –  dice “…aunque Zeus no conoció más que una sola mujer, los poetas nos lo representan muchas veces trashumante para escoger y amar a ninfas de la tierra. Ahora bien: estas ninfas que amó no son más que imágenes graciosas de las diversas fuerzas que entran en juego en la naturaleza y cuando se dice que Zeus se casaba con alguna, es forzoso entender que asociaba su intervención a la ley que rige la armonía del mundo…”

“Dánae recibiendo la lluvia de oro”, óleo sobre lienzo del artista italiano Tiziano, hacia 1565

Los pitagóricos mencionan la armonía como virtud y esto sí depende de nosotros. Si bien hay un camino predestinado, que en la India se llama Dharma, la forma en que transitamos ese camino depende de nosotros.  Si prestamos atención esa lluvia es de oro y, desde la antigüedad, el oro simboliza lo incorruptible, lo virtuoso, lo íntegro.

Al igual que esa lluvia que, cual luz de sol, llega hasta la bella Dánae, denotando gloria, espiritualidad e iluminación, debemos enfrentarnos a la vida y dejarnos  iluminar, debemos recorrer nuestro camino, armonizar con el todo, conquistar virtudes y reflexionar que hoy somos en potencia lo que podemos ser mañana.

María de Jesus Cuadro

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