Mahatma Gandhi, la paz como herramienta

La lucha no violenta que encarnó Gandhi fue el resultado de mucho tiempo de estudio y formación religiosa obtenido a lo largo de sus 78 años de vida. Comenzó en su Portbandar natal de la mano de su madre quien profesaba su fe en la doctrina del hinduismo y se complementaba con el AHIMSA, el mensaje de no violencia y respeto por todos los seres que sienten, la esencia fundacional del Jainismo.

         Más tarde Gandhi, cuando cursaba sus estudios de abogacía en Londres, pudo acceder a textos que lo marcaron para siempre. Entre ellos, El reino de Dios está en vosotros de Leon Tolstoi y el Manifiesto de la desobediencia civil de Henry David Thoreau. Del Budismo tomó también la benevolencia para transitar un camino justo y recto y desarrollar la paz interior necesaria que le permita tomar las mejores decisiones. Se interesó también en esta etapa de su vida en La Biblia que estudió profundamente. Años después, en su estadía en Sudáfrica, habría de interiorizarse en el judaísmo a través de su amistad con German Kallenbach, un judío germano que solventó los asentamientos de Gandhi: la Granja Tolstoi en Johannesburgo y el asentamiento Phoenix en Durban. Eran comunidades donde vivían familias emigradas de la India junto al Mahatma y donde se compartían tareas y responsabilidades entre todos sus miembros; como la crianza de los niños, la limpieza de las viviendas, la atención y cuidado de la huerta y la práctica de la paz como herramienta fundamental para el ejercicio de la vida.

Fotografía de Gandhi de joven.

         Mohandas Karamchad Gandhi nació en el seno de una familia hindú de la casta Vaisha, comerciantes y funcionarios políticos de mediano rango. Terminado el secundario, con algunos obstáculos por los problemas que le causaba su gran timidez, una parte de la familia lo apoyó para que siguiera sus estudios de abogacía en Londres, la otra lo despreció por ello y nunca se lo perdonó.

Tras recibirse de abogado y durante los años vividos en Sudáfrica, fue formándose como el líder natural de sus compatriotas indios que llegaban al país africano para hacerse de un mejor futuro. Sin embargo, sufrían también la discriminación por parte de los ingleses y los bóhers[1] que, sin ser mayoría, disfrutaban de mayores privilegios por su color de piel.

         Una tarde en que Gandhi tomaba el tren desde Durban hacia Pretoria para realizar un trámite judicial, vivió en carne propia lo que sus conciudadanos sufrían a diario: ser menospreciado por su nacionalidad por el incontrolable acto de haber nacido en un lugar u otro. Lo obligaron a moverse hacia el vagón de tercera clase a pesar de que sostenía en su mano el boleto de primera, que hacía juego con su traje Jacquard inglés y su mirada occidental -hasta ese momento, otorgando supremacía a lo que fuera británico por sobre todas las cosas-. Ante su negativa para dejar el vagón, el guardia lo empujó fuera del tren en la siguiente estación y pasó la noche allí, a la intemperie, a la espera del próximo tren que lo sacaría de ese estado de ceguera en el que había vivido. Pues, hasta entonces había entronizado a los ingleses por sobre su gente, tan acostumbrada a mirar al imperio acatando sin quejarse cualquier disposición que estos impusieran en su propia tierra. Nada volvería a ser igual para Gandhi a partir de esa noche. Ni su visión sobre los problemas de la India, ni la fuerza con que se juró defender el derecho de los inmigrantes mientras permaneciera en el continente africano.

         Tras 22 años de lucha pacífica, dejó Sudáfrica con la convicción de que el camino de la independencia de la India había comenzado. Muchos fueron los logros alcanzados a través de la resistencia no violenta, el movimiento pacífico que fue gestando a fuerza de poner el cuerpo y el ejemplo para los indios que allí vivían.

         Gandhi no decía, hacía. Y con ello, el mensaje penetraba profundamente, convenciendo con la acción. A quienes le seguían y se iban sumando a su movimiento, les dejaba saber lo inconveniente que podía resultar para su propia vida, pero la luz se vería finalmente si sabían esperar, en las próximas generaciones de indios libres y respetados en todo el mundo. Debían saber que sumarse a las manifestaciones pacíficas para reclamar por sus derechos los dejaba a merced del orgullo herido de los ingleses; la respuesta de estos iba a ser siempre violenta.

         Alzar la voz y pretender cambiar la situación de las cosas los volvía vulnerables y para unirse a la SATYAGRAHA, el movimiento de resistencia no violenta, debían tener en común estos aspectos:

  • Decir no a las injusticias.
  • No usar la violencia.
  • Aceptar las consecuencias jurídicas de sus actos.
  • Respetar a quién pensara distinto.

         Con estos preceptos como bandera fue ganado pequeñas batallas para su comunidad hasta que en 1914 logró la última y más importante de las victorias en suelo africano cuando consiguió derogar la ley de matrimonio no cristiano que dejaba a sus esposas fuera de la unión civil y las convertía en concubinas, lo que resultaba muy ofensivo para todos los hindúes y musulmanes que quedaban al margen del cristianismo regente.

         Luego de esta gran conquista de derechos y de muchas encarcelaciones a lo largo de esos 22 años decidió dejar África, convencido que el camino de la paz era el único posible para lograr cambios profundos en las sociedades. Y sabiendo ya que su vida estaría plagada de grandes sacrificios puso proa a la India con su familia: su mujer Kasturba, sus cuatro hijos y su grupo más cercano para iniciar el proceso de lo que se convertiría en el objetivo primordial de su vida, la independencia de la India del imperio británico.

         Al llegar a la India fundó un nuevo ashram[2] en Sabarmati en donde se estableció con la familia y un creciente número de adeptos que veían en él un líder espiritual más que político. Para estos años ya había tomado los votos de castidad junto a su esposa Kasturba. En parte por la necesidad de controlar el deseo y desarrollar una conducta de vida ligada al desapego de todo placer carnal que lo apartara de su causa y también para poner fin a esa culpa que lo perseguía desde los 16 años. Fue entonces cuando, cuidando a su padre enfermo ya en su lecho de muerte, dejó de asistirlo para mantener relaciones sexuales en la habitación contigua con su esposa, con quién se había casado en un matrimonio arreglado por las familias hacía ya tres años. Mientras la pareja consumaba el acto sexual, un enfermero lo llamó avisando que su padre acababa de fallecer. Este episodio dejó marcas en Gandhi que terminaron por forjar su Bramacchiara, la renuncia a toda relación sexual mientras durase su vida. Kasturba, como a lo largo de toda su existencia, lo acompañó en sus decisiones y permaneció fiel a su lado hasta su muerte: cuatro años antes de la de Gandhi.

         Comenzó entonces un viaje que lo llevaría por la India profunda, por el interior del interior, para conocer cuáles eran los problemas que necesitaban ser atendidos de forma urgente. Las condiciones de vida de la gente sencilla lo impresionaron de tal manera que lo llevaron a gestar el primer HARTAL, una huelga de cooperación y un boicot a las mercaderías de origen británico. Para dar el ejemplo se deshizo de sus trajes ingleses y con una rueca de madera hiló el algodón con el que hizo su primer Khadi, la manta blanca con la que se lo vería vestido hasta su muerte.

Kasturba, la mujer y compañera de Gandhi

         Luego de la masacre de Amritsar, donde los ingleses mataron a 379 indios que se habían congregado en una plaza pública a celebrar un día festivo para su credo, promovió distintas manifestaciones de desobediencia civil; siempre pacíficas, pero que terminaban llamando la atención del gobierno inglés y por esto su ingreso a las cárceles se hacía cada vez más frecuente.

         En 1930 gestó y llevó a cabo lo que sería la primera gran marcha en contra del imperio: la Marcha de la Sal, que lo puso en la mira internacional y dejó claro ante el mundo que en India estaban listos para comenzar a negociar la retirada de los ingleses de su tierra. La marcha comenzó en Sabarmatí con Gandhi liderando un grupo de apenas 70 personas y luego de caminar por casi 28 días llegaron a Dundi, a 316 km de donde habían comenzado para recoger un puñado de sal de las costas indias sobre el Mar Arábigo. Finalmente, habían llamado la atención de los ingleses. Estos reaccionaron con violencia y encarcelamiento para Gandhi y las más de 60.000 personas que se habían ido uniendo al Mahatma en su camino al mar.

Marcha de la sal

         Todo salió como lo había planeado, antes de comenzar la caminata había llamado a un periodista estadounidense que fue cronicando el viaje día a día y enviando la información al mundo. Para cuando detuvieron a Gandhi, la presión de la prensa fue tal que unos meses después quedó libre y se ganó con eso el pase directo a una negociación en el mismísimo parlamento de Londres; sentado frente a frente con el Primer Ministro inglés para poner en marcha un plan de independencia.

         No obstante, el sueño de Gandhi tendría que esperar 16 años más, hasta el 15 de agosto de 1947 en que se firmó finalmente la salida de los ingleses del subcontinente indio, dando lugar a la creación de la República de la India y el Estado Islámico del Pakistán.

         La partición de la India no era parte del sueño de Gandhi pero fue la salida más elegante que pudieron encontrar los ingleses ante la presión de Jinnah, el líder de la Liga musulmana debido a la gran cantidad de atentados entre musulmanes e hindúes que venían escalando en muertes y que podría acabar en una guerra civil incontrolable por parte de la corona británica que ya comenzaba a retirarse.

         La medianoche que marcaba el inicio del 15 de agosto, marcó también el final de los años de lucha de Gandhi por la Independencia de su país. Este momento histórico lo encontró durmiendo, sin celebración alguna de su parte, la India quedaba libre al fin, pero dividida en dos, una distancia imposible de unir entre dos pueblos hermanos. Más tarde muchos hindúes lo acusarían de traidor por haber preferido que los ingleses traspasaran el poder a los musulmanes con tal de no ver dividida a la India. Cinco meses después moriría asesinado por el director de un periódico ultra nacionalista hindú: Nathuram Godse, quien no se resistió al arresto inmediato después de dispararle dos veces ni pretendió evadir la pena de muerte que se le dio como castigo. Los hijos de Gandhi apelaron la sentencia para que le conmutaran la pena capital por una prisión perpetua aludiendo que su padre, el mismo hombre que Godse había asesinado, no estaría de acuerdo con la violencia de esa condena. No fueron escuchados y el asesino fue ejecutado meses después.

         El 2 de octubre se celebra Gandhi Jayanti con una ceremonia en Nueva Delhi en homenaje a su nacimiento y el 30 de enero, día de su muerte, fue declarado por la ONU como el día internacional de la Paz y la no violencia.

         Hoy la humanidad lo recuerda como el hombre que supo guiar a sus compatriotas por el camino de la paz para alcanzar el objetivo mayor al que puede aspirar una nación libre: la independencia y el orgullo de vivir bajo sus propias reglas.

Gabriela Marassa, directora de GM Producciones y Espacio Cultural Logos


[1] Sudafricanos de origen holandés que se disputaron el territorio con los ingleses.

[2] Centros culturales-religiosos hindúes.

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