Chavín de Huantar, el misterioso y antiguo templo andino

Introducción

El sitio arqueológico de Chavín toma su nombre de la cultura que allí se desarrolló entre el 1500 y el 300 a.C. (según estimaciones actuales), en los valles de los Andes Peruanos, más específicamente en la provincia de Huari, Región Ancash. Este antiguo lugar fue un importante centro ceremonial y religioso que atrajo gente de diversas partes del mundo andino a rendir culto. Su apariencia aún hoy es impactante, con una serie de construcciones, terrazas y plazas complejas, rodeadas de estructuras con piedra revestida y ornamentación principalmente zoomórfica.

La característica más relevante de Chavín, y uno de los atributos más destacados, es el complejo sistema de galerías internas superpuestas en varios niveles, además de un extraordinario lanzón de piedra ubicado en el centro de las laberínticas galerías. La exquisita iconografía plasmada en piedra expresa y sintetiza la visión del mundo Chavín.

Las primeras noticias escritas sobre el sitio datan de la crónica de Cieza de León quien en 1549 describe una construcción que al parecer se trata del Centro Ceremonial de Chavín: “Entre los aposentos antiguos se ve una fortaleza grande o antigualla, que es una a manera de cuadra que tenía de largo 140 pasos y de ancho mayor, y por muchas partes de ellas están figurados rostros y talles humanos, todo primorosamente obrado” (Cieza de León, 1553).

En 1593, Don Toribio Alfonso de Mogrovejo, encargado de la Arquidiócesis de la región, llega al pueblo de Chavín y explora el interior del centro ceremonial, indicando que hay: “(…) una guaca de tiempo antiguo, la cual está en una fortaleza y dentro de la dicha guaca van hechos unos callejones debaxo de ella” (Mogrovejo, 1593).

Siguiendo con el relato, en 1616 llega el clérigo carmelita Antonio Vásquez de Espinoza, indicando que el centro ceremonial fue un templo con oráculo, similar en su naturaleza sacra a las ciudades de Roma y Jerusalén, (Vázquez de Espinoza, 1616): “Era Guaca, y Santuario de los más famosos de los gentiles, como entre nosotros Roma o Jerusalem adonde venían los indios a offrecer, y hazer sus sacrificios; porque el demonio en este lugar les declaraba muchos oráculos y assi acudían de todo el reino; ay devajo de tierra grandes salas, y aposentos, tanto que hay cierta noticia que pasan debajo del Río, y que pasa junto a la Guaca o Santuario antiguo”.

Ubicación y disposición del sitio

El centro ceremonial se ubica en un cono de deyección triangular formado por el río Wacheqsa en su desembocadura sobre el río Mosna. El Centro Ceremonial se divide en dos secciones: la del sur ocupado por los templos, y la del norte por la población actual. Los incas llamaban Tinkuy al encuentro armonioso de dos fuerzas, por lo que este punto de confluencia entre dos ríos era considerado un lugar sagrado y muy especial.

Mapa del sitio arqueológico. Puede observarse el espacio triangular en que se emplaza el complejo, la Plaza Cuadrada, la Plaza Circular y la Estructura A.

El emplazamiento habría sufrido modificaciones a lo largo del tiempo, tal vez por eso se puede observar la arquitectura marcada por dos ejes principales. El eje antiguo se extiende desde el Lanzón, en el centro del templo, hasta una plataforma piramidal ubicada en una colina al frente. Con las remodelaciones y construcciones de la fase llamada “Blanco y Negro” (alrededor del 900 a.C.) surgió un segundo eje principal que atravesaba la plaza mayor dirigiéndose a la plataforma sobre la colina. Desde el centro de la plaza circular se puede ver cómo el Sol se proyecta exactamente sobre la plataforma en el amanecer del 21 de diciembre (solsticio de verano).

Esquema donde se ve el complejo con los ejes, supuestos de distintas épocas.

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Ilustración donde se ven los principales edificios del complejo.

Los investigadores actuales proponen que al complejo se habría accedido desde la Plaza Mayor, donde celebraban ceremonias populares. En esta plaza cuadrada además se encuentra el altar de Chonquechinchay, bloque de piedra caliza que pesa 10 toneladas y contiene 7 hoyos tallados en su superficie, que reflejarían las 7 estrellas de las Pléyades, además de mostrar un puma estilizado. Dicen que, si los huecos se llenan de agua en una noche clara y en determinada estación del año, las estrellas se ven reflejadas en cada uno de ellos.

Vista aérea de la Plaza Cuadrangular, situada frente a la pirámide truncada.

Ilustración del altar Choquechinchay.

El camino conduciría hacia El Castillo, o Templo Nuevo, la estructura más destacada del sitio, conformada por una pirámide trunca de 22 m de altura, que mira al oriente. Además, contiene galerías subterráneas, conductos de ventilación y un alcantarillado que drenaba las aguas procedentes del río Wacheqsa, para que atravesaran el centro del Templo, decantando en el cauce del río Mosna (el agua volvía a su cauce original luego de hacer una suerte de bypass). Es interesante destacar que, en muchas culturas, los templos de mayor relevancia se encuentran construidos sobre cauces de agua (naturales o artificiales), siendo el agua el elemento fundamental que “activa” las funciones sutiles del recinto sagrado.

Esquemas del sistema hidráulico. Este sistema tuvo un significado religioso al recibir el agua proveniente de los picos de las montañas y de lluvias, y conducirlas al Mosna mediante canales recubiertos de piedra que atraviesan el complejo “revitalizándolo”.

El templo estaba adornado con lápidas, columnas, pórticos y voladizos de piedras de diversos colores, que tenían personajes grabados en sus caras visibles. En los muros perimetrales del templo se exhibían las célebres cabezas clavas, unos monolitos escultóricos que representan las cabezas de seres míticos de la cultura chavín; todas diferentes, iban mostrando la transformación de un ser humano en un felino, posiblemente un jaguar o puma. Las cabezas fueron guardianes de los muros del Templo Nuevo. Sus rostros son arrugados, fieros, felinos, con colmillos y cabellos en forma de serpientes.

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Cabezas clavas con formas de jaguar y humanos.
galerías subterráneas Perú
La estructura más destacada del Monumento Arqueológico Chavín de Huantar es el Castillo, una gran construcción en forma de pirámide truncada.

La Pirámide Mayor tenía un pórtico hermoso, conocido como Pórtico de las Falcónidas o Pórtico Blanco y Negro, al que se accedía mediante una serie de escalinatas que venían prácticamente desde el río, desde el Este. El pórtico estaba constituido por dos columnas cilíndricas de piedra blanca al sur y negra al norte y un dintel. Todas tenían imágenes grabadas de halcones estilizados ubicados de perfil, siete mirando al norte y siete al sur.

Ilustración de los colores de la etapa llamada Blanco y Negro y detalle friso de la falcónidas.

El camino continuaba descendiendo hacia la plaza circular, la cual estaba adornada con impresionantes decoraciones en piedra, de gran calidad y cuidado del trazado de las líneas. Era un ambiente íntimo, si bien abierto, estaba aislado del mundo exterior debido a la diferencia de nivel con el resto del complejo. Aquí se celebraban rituales importantes. Uno de ellos consistía en arrojar ofrendas a uno de los grandes canales subterráneos, por una abertura del piso de la plaza. A la señal del sacerdote, se permitía el paso de agua por el canal, para que, dejando un estruendoso sonido similar al rugido del jaguar, se llevara las ofrendas. Esta tradición aún se mantiene viva en la actualidad, pues para el primero de agosto, Día de la Pachamama, se revive la ceremonia en muchos lugares andinos.

Esquema de galerías y una imagen general del complejo.

Luego se trepaba por la escalera hasta el sector más sagrado, es decir, al Edificio B o Templo Viejo, donde se encuentran los laberintos y el Lanzón. Se ingresaba a oscuras por las galerías diseñadas para perder la orientación al ingresar.

Las cámaras halladas en el sitio se destacan por su propósito ritual. Dentro del complejo se encontraron cámaras de aislamiento de algunos sentidos. Hay cámaras de aislamiento de la vista, así como del tacto y del oído. Otras de las cámaras se usaban para rendir culto a sus deidades y para almacenar instrumentos rituales. Entre los instrumentos encontrados en estas salas, se hallaron trompetas instrumentales hechas de conchas gigantes.

Ilustración donde se observan los pasajes (celeste) para llegar al Lanzón.
Vistas de las galerías que conducen al Lanzón.

La galería conduce al corazón del templo, donde se encuentra el Lanzón, en la intersección de dos pasillos, es decir, en el centro de una cruz. El Lanzón es una escultura monolítica de 4,5 m que revive la tradición mitológica de la cultura de Chavín. A través de espejos de carbón cuidadosamente pulidos y ductos lumínicos, la luz solar ingresaba a las galerías para iluminar la cara del Lanzón. Según el momento del año, se iluminaban diferentes aspectos del monolito.

El cuchillón monolítico está hecho de granito y representa la deidad suprema de Chavín. En esta escultura es reconocible un rostro semejante al del jaguar, con grandes colmillos y otros elementos orgánicos que le rodean. El Lanzón se posiciona mirando al oriente, mientras su parte superior se encuentra clavada al techo y la inferior enterrada en el suelo. Esto expresa una importante conexión simbólica entre lo divino y lo terrenal, entre cielo y tierra. Por las dimensiones del Lanzón, este no podría haber sido ingresado desde el exterior; algunos investigadores proponen que se talló directamente en el lugar, posiblemente antes de la construcción del templo (algo similar se ve en grandes construcciones como la del Señor de Pakal en México).

Lanzón de Chavín y un dibujo que esquematiza los símbolos en él presente

.Comentarios finales

Este interesante y antiguo centro ceremonial fue uno de los principales focos civilizatorios de Sudamérica, llegando a influenciar a las culturas mochica, chimú y tiempo después, a los incas.

Los símbolos del puma y del halcón son fundamentales en el sitio y tal vez nos ayuden a comprender la razón de ser del mismo. Rodeados de elementos que marcan la dualidad de la vida, el viaje comienza en la plaza cuadrada, representación del mundo material donde se encuentra el altar de piedra dedicado al puma. El viajero espiritual luego se adentra al Castillo, protegido por las cabezas de felinos-humanos a través del pórtico de los halcones; comienzan a aparecer elementos referidos al cielo. Al acercarse al centro de la Plaza circular, las dualidades se sintetizan; se entregan ofrendas a la tierra y luego esta devuelve un rugido en señal de recepción.

Ahora el viajero está listo para adentrarse al laberinto convertido simbólicamente en puma, pues este animal está relacionado con las habilidades psíquicas y el laberinto también. Aquel que logre llegar al centro de este inframundo, se topará con la Lanza, elemento vertical que toma luz del cielo y se entierra en el suelo, para desvelar los misterios de la vida.

Similar al camino que se transita en Teotihuacán, la ciudad donde los hombres se convierten en dioses, es posible que aquel que se adentrara en ceremonia al interior de Chavín, gozara la misma suerte.

Franco P. Soffietti

Referencias

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