Las Experiencias cercanas a la muerte (I): ¿Qué son? ¿Realmente existen?

Introducción

Desde los años setenta, un grupo de médicos y psicólogos, en forma individual o en algunas Universidades comenzaron a investigar fenómenos que consideraron muy extraños y que iban en contra de lo conocido hasta ese momento en el campo de las neurociencias. Eran las experiencias relatadas por algunos pacientes que contaban que habían tenido vivencias de plena conciencia durante anestesias o situaciones de muerte clínica, en las que se constataron ausencia de signos vitales y de las que habían podido retornar.

Hay diferentes términos para nominarlas y diferentes clasificaciones, pero por el momento aceptaremos la más difundida y que se la conoce como Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM).

La mayoría de los profesionales consideraban que tan solo son “alucinaciones” debidas al accidente sufrido, o al funcionamiento alterado del cerebro, pero al indagar más profundamente, se puede comprobar que los relatos son similares y que las experiencias tienen denominadores que son comunes. Diferentes grupos de investigadores independientes, y sin contacto entre ellos, han llegado a conclusiones similares en cuanto a que la conciencia puede estar más activa mientras más inactivo está el cerebro, y que más allá de la vida física material, continúa la “Vida”. Junto con esto, médicos muy prestigiosos ya hablan del Alma como una realidad.

Los médicos que hemos actuado en Emergencias sabemos que esto es mucho más frecuente de lo que se piensa, siempre y cuando demos oportunidad al paciente a relatar su experiencia. Y esto se debe a que en general algunos pacientes prefieren olvidar lo sucedido y otros creen “que los pueden tomar por locos” al ser algo tan extraño a sus experiencias habituales. En general los profesionales materialistas no escuchan estos relatos, no les dan importancia y dicen a sus pacientes “olvídese de esto”, “usted estaba muy mal y eso no son más que fantasías o alucinaciones”.

Si aprendemos a “escuchar” a nuestros enfermos y les dedicamos el tiempo que se merecen, muchas veces surge el relato, y cuando les decimos que las ECM son algo habitual, muchos sienten un gran alivio, y nos cuentan lo que vivieron y cómo luego de esta experiencia sus vidas cambiaron al comprender que no todo termina con el cuerpo.

Es por eso que escribimos este pequeño árticulo relatando alguna experiencia de nuestros pacientes que han sido una enseñanza muy importante en nuestra vida profesional.

Incidencia

Es muy difícil decir cuál es la incidencia de estos casos, aunque ya es indiscutible que son reales y más frecuentes de lo que se supone.

El problema con los datos referentes a la incidencia de las ECM radica en las distintas concepciones filosóficas, étnicas, religiosas y científicas que existen entre los distintos equipos de profesionales, ya que aún no se realizó una clasificación y sistematización de los casos. También debemos considerar las grandes diferencias que existen entre distintas sociedades y su concepción, más o menos materialista o supersticiosas.

Diferentes autores tienen visiones muy distintas para considerar que un caso se corresponde a una ECM y cuándo no deben tomarse en cuenta.  Además, muchos centros desestiman completamente estas situaciones por no darles trascendencia.

Dicho lo anterior y tomando un promedio entre diferentes autores, sumando nuestra propia experiencia, se puede estimar que la frecuencia de pacientes con ECM, es de un 30%. Principalmente en aquellos que han atravesado una muerte clínica y que fue posible recuperarlos.

Características de las experiencias

Podemos decir que las ECM tienen algunas características que se repiten en muchos de los casos examinados y que los relatos de los pacientes coinciden mucho sin diferencias de género, edad, condición social, nivel educativo o religiosos.

Algunas de estas características son:

  • Verse fuera del cuerpo, generalmente en una posición más elevada o desde arriba.
  • Aumento de las percepciones sensoriales (vista y oído).
  • Visión esférica, como si vieran en todas las direcciones del espacio a la vez, y a través de los objetos (visión astral).
  • Sensación de paz y tranquilidad.
  • Alteración de la percepción psicológica del tiempo y el espacio.
  • Percepción de lo que describen como paz y/o amor.
  • Encuentro con seres queridos o sentir que hay personas que los acompañan.
  • Ver que están actuando sobre sus cuerpos (intervenciones o reanimación) pero percibirlo como si fuera de otro, lo que no les genera tristeza o angustia.
  • Ausencia de miedo.

Hay algunos relatos (muy pocos en número) de personas que se han sentido acosadas por figuras monstruosas que les generaron mucho miedo y pesar. Lo relatan como algo mucho peor que una pesadilla.

Relato de una paciente

El caso que relatamos es el de una paciente de 23 años que sufrió una experiencia terrible, de la que logró sobrevivir con secuelas, pero que le permitieron continuar una vida adecuada.

Ingresa a Emergencias en shock, e inmediatamente se constata paro cardiorespiratorio por hipovolemia e hipoxia. Trauma grave de cráneo, fractura de pelvis y ambos fémures, múltiples fracturas costales, hemorragias múltiples, entre otros… Dada la edad se realizaron todos los procedimientos de reanimación y estabilización de la paciente para ingresarla a cirugía simultanea por equipo de cirujanos, neurocirujanos y traumatólogos. Sufrió dos paros cardiacos intraoperatorios. En el post operatorio tuvo varias complicaciones entre ellas infecciosas. Fue superando las graves complicaciones gracias a la edad y a ser una persona sana con voluntad de vivir. Luego de pasar un mes aproximadamente en UTI, pasó a Cuidados Intermedios y luego a Centro de Rehabilitación. A los seis meses le realizamos cirugía reconstructiva del cráneo.

HyeronimusHyeronimus Bosch – “Ascensión al Empíreo”.

En una de las charlas que mantuvimos, me relató que su vida había cambiado mucho con vistas al futuro luego del terrible accidente y dando algunos rodeos me preguntó si era posible que ella recordara lo que había sucedido en el quirófano mientras era intervenida. Al decirle que sí, pero no de una forma habitual, me hizo más o menos este relato:

“Me vi a mi misma, pero como si estuviera más arriba, por encima de los que estaban en la sala, y veía a mucha gente vestida con ropa celeste y verde que trabajaban sobre mi cuerpo. No sentía dolor ni preocupación, no tenía miedo, era como si lo que estaba pasando fuera a otra persona, pero allí estaba yo.”

 Recordaba algunos diálogos y detalles del quirófano. Le sorprendía que se sentía muy lúcida, con una gran claridad mental, con una sensación de bien estar. Luego en un momento se sumió en un sueño y sus siguientes recuerdos son borrosos y confusos en la Unidad de Terapia Intensiva donde se fue recuperando lentamente.

Como consecuencia del edema cerebral, la hipovolemia y la hipoxia sufrió trastornos cognitivos por más de 4 meses a pesar de lo cual el recuerdo de la ECM era claro e intenso. Su vida continuó bien a pesar de secuelas que sufría y pudo recuperar su actividad social, laboral y afectiva.

Tomo este caso que sucedió hace mucho tiempo, pero que es similar a muchos más de pacientes que fueron recuperados de situaciones gravísimas en Emergencias pero que vivieron sus ECM. Es curiosa la claridad con la que recuerdan lo vivido a pesar de la falta de signos vitales o de estar bajo anestesias.

Continuará…

Dr. Gustavo Marcelo Porras
Centro Médico SERAPHIS Argentina

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