Una herramienta que revolucionó la medicina, pero cuyo uso irresponsable amenaza su eficacia
Los antibióticos constituyen uno de los mayores avances de la medicina moderna. Gracias a ellos fue posible controlar enfermedades que durante siglos causaron millones de muertes. Sin embargo, su utilización inadecuada está generando un problema de salud pública de alcance mundial: la resistencia bacteriana.
Un antibiótico (del griego anti, «opuesto», y del latín biotĭcus, «relativo a la vida») es una sustancia capaz de retrasar el desarrollo, impedir la reproducción o destruir determinados tipos de bacterias.
Algunos son producidos naturalmente por microorganismos, como ciertos hongos, mientras que otros son elaborados mediante síntesis química en laboratorios.
Es importante recordar que los antibióticos actúan únicamente sobre bacterias, por lo que no son eficaces para tratar enfermedades causadas por virus, como la gripe o la mayoría de los resfríos.

Una historia de más de dos mil años
Aunque solemos asociar los antibióticos con los descubrimientos del siglo XX, la humanidad conoce desde hace mucho tiempo sustancias con propiedades antibacterianas.
Hace aproximadamente 2.500 años, en China se utilizaban preparados derivados de la soja para tratar heridas infectadas. En el antiguo Egipto también se empleaban remedios elaborados con miel y hongos cultivados, tal como lo describen los papiros de Ebers y de Edwin Smith.
El gran cambio llegó durante las primeras décadas del siglo XX con el desarrollo de la penicilina, obtenida a partir de un hongo del género Penicillium. Tradicionalmente este descubrimiento se atribuye a Alexander Fleming, aunque investigadores como el médico costarricense Clodomiro Picado Twight habían comunicado resultados similares algunos años antes, sin recibir el reconocimiento que merecían.

La incorporación de la penicilina permitió tratar enfermedades devastadoras como la sífilis y marcó el comienzo de una nueva etapa para la medicina.
Cuando el remedio se convierte en un problema
La medicina actual se apoya en tres grandes avances que transformaron la atención de los pacientes:
- Las medidas de higiene, ya conocidas en la antigüedad pero olvidadas en la Edad Media europea.
- Los antibióticos.
- Las anestesias seguras y confortables.
Gracias a esta combinación fue posible realizar cirugías complejas, disminuir la mortalidad por infecciones y aumentar considerablemente la expectativa y la calidad de vida.
Como ocurre con muchas herramientas valiosas, los antibióticos pueden perder su eficacia cuando se utilizan de manera incorrecta.
Se estima que alrededor de un tercio de los tratamientos antibióticos prescritos son innecesarios o están indicados de manera incorrecta, sin aportar beneficios reales al paciente.
Además, la automedicación, el uso «por las dudas», la suspensión precoz del tratamiento y la indicación innecesaria favorecen la aparición de bacterias resistentes.
Un ejemplo frecuente es su utilización para tratar enfermedades virales. En estos casos el antibiótico no solo resulta inútil, sino que además elimina bacterias beneficiosas del organismo y favorece el desarrollo de resistencia.
¿Qué es la resistencia bacteriana?
Las bacterias son organismos vivos capaces de adaptarse a su entorno.
Cuando un antibiótico elimina a las bacterias sensibles, aquellas que sobreviven pueden desarrollar mecanismos de defensa que les permiten resistir futuros tratamientos. Esa capacidad de resistencia se transmite a las siguientes generaciones e incluso puede compartirse con otras bacterias relacionadas.
Por eso, cuando un tratamiento se interrumpe antes del tiempo indicado o se utiliza un antibiótico inadecuado, aunque el paciente mejore gracias a la acción de su propio sistema inmunológico, pueden quedar bacterias resistentes que dificultarán futuros tratamientos.

Este problema afecta no solo a quien recibió el antibiótico, sino también a toda la comunidad, ya que estas bacterias pueden transmitirse entre las personas.
Durante décadas la industria farmacéutica logró desarrollar nuevos antibióticos capaces de superar la resistencia que iba apareciendo.
Hoy la situación ha cambiado. Existen grupos completos de bacterias multirresistentes para las cuales las alternativas terapéuticas son muy limitadas.
En los hospitales, por ejemplo, se observan infecciones producidas por bacterias resistentes a prácticamente todos los antibióticos disponibles, lo que convierte a estas infecciones en un enorme desafío para los equipos de salud.
La Organización Mundial de la Salud considera actualmente a la resistencia bacteriana como una de las principales amenazas para la salud pública mundial.
El papel de la microbiota
Los antibióticos no distinguen entre bacterias perjudiciales y bacterias beneficiosas.
Nuestro organismo alberga millones de microorganismos que forman la microbiota, fundamental para la digestión, la producción de vitaminas, la regulación del sistema inmunológico y la protección frente a otras infecciones.
Cuando se administra un antibiótico, parte de esta microbiota también resulta afectada, lo que puede provocar diarreas, gastritis, sensación de debilidad, fiebre y alteraciones del equilibrio inmunológico.
Las bacterias no son solamente agentes causantes de enfermedades; muchas de ellas son indispensables para nuestra salud.
Un uso responsable salva vidas
Los antibióticos continúan siendo una de las herramientas más eficaces de la medicina. Utilizados correctamente, salvan millones de vidas cada año. Sin embargo, cuando se emplean sin indicación médica o de forma inadecuada, ponen en riesgo tanto al paciente como a toda la sociedad.
Por eso es importante recordar algunas recomendaciones fundamentales:
- No automedicarse.
- No utilizar antibióticos para tratar enfermedades virales.
- Completar siempre el tratamiento indicado, aunque los síntomas desaparezcan antes.
- No guardar antibióticos sobrantes para utilizarlos en otra oportunidad.
- Consultar siempre al médico antes de iniciar un tratamiento.
Nuestro sistema inmunológico cuenta con millones de años de evolución y, en muchas infecciones comunes, puede responder eficazmente sin necesidad de antibióticos. El criterio médico es quien debe determinar cuándo estos medicamentos son realmente necesarios.
Un antibiótico bien utilizado es una bendición para la medicina; mal utilizado, puede convertirse en una amenaza para la salud de todos.
Dr. Gustavo Porras – Centro Médico Seraphis
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