Enseñanzas atemporales escondidas en la película TOC TOC

Querido lector, antes de comenzar tendremos que hacer una alerta de “spoiler”: si aún no vio la película, sepa que en el artículo haremos un breve resumen y llegaremos al final de la misma.

         La película Toc Toc es una obra teatral que fue llevada al cine por el director español Vicente Villanueva en el año 2017. La misma narra la historia de seis pacientes con fuertes trastornos obsesivo-compulsivos (TOC). La trama comienza cuando los personajes se encuentran en el consultorio del doctor que los atendería (el Dr. Palomero) y con humor e inteligencia, relata la búsqueda de estos pacientes por resolver sus aflicciones.

         La obra transcurre mientras los distintos pacientes van llegando al consultorio, nerviosos por el temor de enfrentarse a sí mismos, pero con la esperanza como bandera, pues cada uno busca allí una solución de sus pesares. Entre la ansiedad propia de la situación y la incertidumbre de ver que avanza el tiempo y el doctor Palomero no llega, los personajes se van conociendo, a la fuerza y de manera un tanto incómoda. Al comienzo discuten, se pelean entre ellos; el egoísmo y el temor los mantiene distanciados.

         Entre los personajes encontramos a Federico, con síndrome de Tourette[1], que involuntariamente lanza movimientos y palabras obscenas al aire. Blanca, una mujer obsesionada con la limpieza, los gérmenes y las bacterias. Emilio, un taxista caracterizado por el constante cálculo matemático y el síndrome de Diógenes, el cual se había divorciado recientemente por la acumulación de objetos inservibles en su propia casa. También se presenta una joven llamada Lili, con ecolalia[2], trastorno que la lleva constantemente a repetir sus propias palabras. Luego aparece en escena Manolo, joven que sufre trastorno del orden simétrico y finalmente, nos encontramos con Ana María Virginia Galindo de la Mata, quien padece trastornos de verificación y necesita revisar continuamente sus acciones y objetos.

         Luego entrará en escena la fastidiosa secretaria del doctor Palomero quién, con falsas noticias sobre el pronto arribo del doctor, se esmera durante todo el relato en mantener al grupo reunido en la sala. Este personaje será interesante, pues tendrá la difícil tarea de mantener, sutilmente, el entusiasmo en los pacientes, contribuir a que se forme un grupo y evitar que estos se vayan.

         Mientras los pacientes dialogan, al abrirse y confiar en los demás, salen a la luz las consecuencias de padecer estos TOCs. Los personajes no pueden relacionarse normalmente con las demás personas en la sociedad, por lo que terminan aislándose y quedando solos; andan por la vida inseguros; se desgastan los vínculos con sus personas queridas y, entre otras situaciones que enumeran, terminan causando daño a las demás personas, sin quererlo. Por ejemplo, Blanca comenta que “la limpieza ocupa tanto, que apenas tengo tiempo de vivir la vida”.

         Pero el doctor continúa ausente, la tarde avanza y ante la escasez de soluciones externas, los personajes tendrán que hacerse cargo de ellos mismos. Así es que Manolo, quien no podía caminar libremente por la sala porque su TOC no le permitía pisar las rayas de la alfombra que cubría el piso, propone una “terapia de grupo”. La consigna es la siguiente: cada uno de los personajes tendrá que enfrentarse durante tres minutos a una situación que les genere tensión, intentando controlar sus obsesiones.

          Uno a uno se irá enfrentando a su TOC, pero todos fallan en el intento. Las esperanzas se van esfumando y el entusiasmo se dirige hacia el fondo; Emilio, frustrado por su infructuoso intento decide retirarse del encuentro, pero lo frenan en la puerta y le recuerdan: “porque no haya funcionado contigo, no quiere decir que no vaya a funcionar con ninguno de nosotros”.

          Así la amistad y el compañerismo comienzan a despertarse entre los personajes. Estos que antes se habían enfrentado, discutido y peleado, ahora son un equipo. Así veremos que Lili -quien todo repetía-, al fallar dice: “Pero yo voy a seguir aquí apoyando al grupo y estoy segura de que vosotros pensáis igual. Pues si al final solo funciona con uno, la verdad vale la pena. Sobre todo, porque estaría orgullosa de haberlo ayudado a ganar su batalla personal. Eso no solo le daría confianza a la persona, le daría esperanza al grupo entero”.

          Queda de manifiesto en esta escena la fuerza de la unión y la profunda amistad, conceptos que las órdenes de caballería conocían muy bien, que podemos encontrar en la Ilíada de Homero, entre los espartanos, o en el Bhagavad Gita de India. En este punto podemos recordar las viejas tradiciones que nos recuerdan que las alegrías compartidas se multiplican y las penas se dividen; que el misterio del compartir hace que, como el fuego, una llama encienda una nueva sin perder luz ni calor, sino que la misma llama crece. Lili será la pequeña chispa que encienda hogueras en los corazones del grupo.

          Seguirán intentando los restantes personajes y al enfrentar sus problemas de manera directa, continuarán fallando. Nuevamente caen en un pozo anímico y Manolo impotente comenta que “hemos fallado estrepitosamente”. Y es en este momento de crisis, en el punto más bajo, que se da la magia.

          Federico se da cuenta que todos los personajes habían encontrado pequeños momentos en que sus TOCs habían sido superados. Durante las diferentes situaciones tensas, concentrados en sus compañeros mientras estos enfrentaban sus miedos, cada paciente había olvidado sus propias obsesiones. Y en ese momento descubre la solución: “pensar menos en nosotros mismos”, apagando el interruptor de nosotros mismos, ocupándonos de lo urgente, olvidamos nuestros problemas.

         Mientras los compañeros dialogan, uno a uno recuerda los momentos en que, por atender a los demás, al concentrarse en los demás, olvidaban sus dolores. Fruto de la vivencia, los personajes experimentan un profundo cambio. Y descubren esta antigua idea que puede verse en Buda, en Confucio o en Sócrates: el actuar sin esperar recompensa, poniendo al bien común por encima de uno mismo, despierta vivencias que nos ayudan a superar el dolor y librarnos de los apegos.

          La película llega a su final, los personajes se dan cuenta que, aunque por solo un segundo hubieran podido superar sus problemas, fue el único momento en muchos años en que lograron hacerlo. Ese segundo era el comienzo, pues “un viaje de mil millas comienza con un paso” nos recordaría Lao Tsé.



         Esta divertida película, en que el humor está centrado en un antiguo concepto griego, donde aquello que hace reír es lo exagerado, lo que se aleja de la justa medida, nos recuerda aspectos muy profundos del ser humano. La amistad, el compromiso, la unión, la búsqueda del bien común, el intento de superarse a uno mismo y de mejorarse es lo que nos lleva a superar penas y dolores, a sentirnos contentos, alegres y entusiasmados.

         En estos tiempos duros que estamos atravesando en todo el planeta, donde la separación y la fragmentación cada vez es más honda; donde la salud y la armonía parecen ideas olvidadas y desconocemos el lugar que ocupamos en el mundo, tal vez el recuerdo de lo atemporal nos devuelva a la vida. En esta edad media que se consolida con el paso de los días, recordamos palabras de Platón que, como ya sucedió en el Renacimiento europeo, tal vez se mantengan como semillas que atraviesen el invierno y florezcan nuevamente en primavera:

“Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”

Franco Soffietti


[1] El síndrome de Tourette se caracteriza por movimientos involuntarios (tics) de la cara, de los brazos, de los miembros o del tronco, así como tics fónicos.

[2] La ecolalia es un trastorno del habla que consiste en la repetición involuntaria e inconsciente de palabras, frases, e incluso conversaciones, diálogos o canciones, que el paciente ecolálico haya escuchado, ya sea en personas cercanas, la radio o la televisión.

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