Mahoma: una reseña de su vida

Muhammad, Ibn Abdul-láh, Ibn Abdul Muttalib, Ibn Hashim

Existen en la historia de la humanidad diversas personas que han encarnado seres cuyo mensaje y sabiduría lograron trascender el tiempo y el espacio, dejando un legado que podemos palpar en la actualidad y probablemente también en el futuro. El mensaje original de estos personajes es difícil de encontrar hoy en su faceta más pura. Se debe hacer un esfuerzo y exégesis eclécticos dentro de las liturgias y cultos que hoy encontramos en quienes manifiestan seguir las enseñanzas de estos individuos, para lograr, así, aproximarnos a descifrar los por qué y para qué de la esencia de su sabiduría.

Mahoma de niño en los brazos de su madre. Sus rostros aparecen tapados ya que la religión islámica prohíbe las representaciones de profetas, indicando que fomentan la idolatría.

“Una religión que no sea causa de amor y unidad no es una religión. Todos los santos profetas fueron como médicos para el alma; prescribieron un tratamiento para la curación de la humanidad.”
Abdu’l-Bahá


Una de estas grandes figuras de la humanidad es Mahoma (en árabe:مُحَمَّد), cuyo nombre completo es Muhammad, Ibn Abdul-láh, Ibn Abdul Muttalib, Ibn Hashim. Para los árabes la correcta pronunciación del nombre de su profeta es “Muhammad”, llegando a tomar algunas traducciones como Mahoma o Mohammed como una ofensa, ya que éstos nombres mal escritos o dichos, implican la anulación del verdadero significado de la palabra “Muhammad”, la cual viene de la raíz del verbo árabe HMD, que significa alabar; por tanto, su nombre quiere decir «el más alabado» o “digno de alabanza”.

Breve reseña de la vida de Mahoma

Mahoma nace en Mecca, ciudad ubicada en el valle desértico al oeste de Arabia Saudita, un día lunes 12 del mes de “Rabi Al-Awal” (Mes Primavera) en el año conocido como el “Año del Elefante” (El nombre deriva de un evento que, se dice, ocurrió en Mecca: Abraha, el gobernante de Yemen y súbdito del Reino de Aksum de Etiopía, ​se dirigió hacia la Kaaba en Mecca con un gran ejército, que incluía uno o más elefantes de guerra, con la intención de demolerla. Sin embargo, el elefante principal se detuvo antes de ingresar negándose a pasar a la ciudad). Actualmente se sitúa ese año como el 571 d.C.

Cueva de Hira, en la montaña llamada Jabal al-Nūr, región de Hejaz de la actual Arabia Saudita, donde Mahoma recibió las revelaciones de Alá a través del ángel Gabriel.

Él y su familia formaban parte del clan Hashim, de la tribu de Quraish, que constituía la mayor parte de la población de la ciudad. Según la tradición islámica, esta tribu era descendiente de Ismael, hijo de Abraham, ambos considerados también profetas en la religión del Islam. El padre de Mahoma, Abd Allah ibn Abd al-Muttalib, murió antes que su hijo naciera y su madre Aminah bintu Wahb falleció teniendo él cinco años. La costumbre de la época era que los niños sean amamantados por su madre para luego ubicarlos en una tribu nómada del desierto con niñeras beduinas. El fin de esta acción era que crecieran libres y saludables en el desierto, y poder aprender de los beduinos, reconocidos en las tribus por ser honrados y rectos. Permaneció allí hasta los tres años para quedar, luego, al cuidado de su abuelo Abd all-Muttalib, quien falleció cuando Mahoma tenía la edad de ocho. De esta manera fue recogido por uno de sus tíos paternos, Abu Talib, de profesión comerciante, lo cual implicaría para Mahoma un amplio recorrido por diversos territorios y culturas. A los veinticinco años se casa con Jadiya Bintu Juáilid, mujer viuda de unos quince años mayor que él y con quien tuvo seis hijos. Fue monógamo hasta la muerte de Jadiya, a partir de ese momento se conocen de Mahoma aproximadamente otras trece o quince esposas/concubinas.

Miniatura iraní del siglo XV ,Mahoma recibiendo la revelación del ángel Jibreel, en árabe جبريل.


A la edad de cuarenta años comenzó a recibir la revelación del Corán (libro que es fuente del pensamiento y actuar de los musulmanes, abarca la comprensión de Dios, el hombre, la sociedad y el mundo), la cual hacía descender sobre él, al ángel Gabriel, por orden de Al-láh, único dios de los musulmanes, en la cueva de Hira. Es en ese lugar donde Al-láh le ordenó a Mahoma difundir “El Mensaje”. “¡Lee en el nombre de tu Señor que ha creado!” – Aleya número 1 de Sura del Coágulo, Corán (una de las primeras aleyas que descendieron del Corán).
Sin embargo, las personas de su tribu no creyeron en él y comenzaron a perseguirlo junto al grupo de compañeros que si admitía las revelaciones que llegaban a cambiar para siempre a gran parte del pueblo árabe y del mundo. En el año 622 d.C Mahoma optó por huir de Mecca acompañado de los fieles de esta nueva e incipiente religión para establecerse en Medina. Este momento de destierro tribal es conocido con el nombre de “hégira”, y en el calendario se considera como el año inicial del calendario islámico. Entre los años 610 y 619 Mahoma va desarrollando el “Mensaje divino” recibido y pasa de predicador a profeta.
Entre victorias y derrotas militares, su propósito fue extender la renovada religión. Finalmente, en el año 630 Mecca vuelve a estar en manos islámicas de manera pacífica luego de una victoria por parte de los beduinos de la región. Mahoma regresa a Medina para continuar con sus revelaciones. Dos años después, el Islam ya controlaba la península arábiga. En el año 628 regresa a Mecca para peregrinar al santuario. Cuando el clan más adverso a sus ideas finalmente se adhiere a la perfeccionada fe comienzan las expediciones al exterior para intentar extender la religión musulmana. Es en ese momento, en al año 632, cuando Mahoma muere.

Contexto en que se desarrolla su misión
Antes de la aparición de Mahoma en la historia, los árabes tenían una organización política muy poco favorecedora para lograr expandirse al mundo. Se organizaban en numerosas tribus rivales, y las guerras entre unas y otras formaban parte de la cotidianeidad. Las ocupaciones de sus habitantes variaban desde pastores nómadas, sobre todo en las zonas frente al Mar Rojo, agricultores en la zona de Yemen, atracadores en las zonas de fronteras y soldados mercenarios en el extranjero. En un territorio geográficamente hostil cada quien se las rebuscaba para vivir como podía. Tenían una forma de vida patriarcal que había ido pasando de generación en generación, y más allá de algunas conquistas logradas por los romanos, Ciro El Grande y Alejandro Magno, no habían sufrido mayores modificaciones en sus costumbres y tradiciones.
Arabia (Yazirat-al-Araba, lo que significa: Isla de los nómadas) es una región caracterizada por el calor, la sequía y la aridez, la cual siempre ha sido adversa para la vida humana. Alejada, en su momento preislámico, del “mundo civilizado”, lograba funcionar como zona estratégica para el cruce de personas y productos, permitiendo el desarrollo del comercio. No debemos imaginar el mundo arábigo del siglo VI como una sociedad cerrada y uniforme, por el contrario, dada su condición de tierra de paso se caracterizaba por su heterogeneidad. Los árabes eran muy buenos comerciantes, trayendo a sus territorios desde mirra de Berbería (actuales regiones costeras de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia), oro y especias de la India, hasta productos de África. Sumado todo esto a sus propias mercancías cargaban sus caravanas atravesando el desierto hacia otros estados como Ammon (zona de Jordania) y puertos fenicios, de los cuales se distribuían los productos a todo el mundo. Atravesar el desierto en aquellos momentos era una tarea extremadamente ardua y arriesgada. Por este motivo, en mayor medida, los encargados de estas labores eran los pueblos nómadas cuyos integrantes, desde su infancia, ya estaban familiarizados con la vida del desierto. Es en estos grupos de beduinos que Mahoma encontró la mejor oportunidad para difundir su Mensaje a través del territorio desértico. Los valores y la moral de los beduinos, basadas en respaldo de raza, hospitalidad y honor guerrero eran más simples, pero más fuertes y arraigadas que las de los grupos sedentarios. Su religiosidad se apoyaba en lugares y objetos con carga representativa más o menos sagrada como árboles, rocas, estrellas, etc. a la vez creían en dioses y demonios. Las dos grandes religiones monoteístas del mundo (cristianismo y judaísmo) no habían logrado calar con tanta fuerza en estos grupos, pero si había quienes las practicaran.
Antes de que Mahoma desarrollara su mensaje, como se puede intuir dada su falta de Estado y su distribución en diversas tribus, Arabia estaba caracterizada por el politeísmo. Existían distintos cultos pero todos tenían algo en común, el santuario que se emplaza en la ciudad de Mecca: La Kaaba. En medio de la ciudad se encuentra la mezquita, y allí es donde está ubicado este templo, del cual se dice según los historiadores musulmanes, que su fundación se remonta a la época de Abraham. Es en este santuario en forma de cubo donde se podían encontrar todo tipo de figuras consideradas sagradas para la heterogénea sociedad del momento. Entre las representaciones más adoradas en esa época estaban el Sol y otros astros, diosas helenísticas, yinns (genios), ídolos en torno al tiempo, al animismo y al totemismo y rastros de hermetismo y zurvanismo. Pero dentro de esta pluralidad de deidades había, sin embargo, ciertas similitudes de cultos.


Estas condiciones, sumadas al hecho de que ya algunos árabes adoraban a un solo Dios, fueron cimiento para una inminente búsqueda de unidad, la cual tendría a Mahoma como su precursor y operador. Algunos grupos religiosos minoritarios preislámicos fueron pilares fundamentales para la creación del Islam y del Corán, como los sabeos (adoraban a un solo Dios: Allah Taala, consideraban que había siete ángeles, que había una vida inmortal después de la muerte que podía tener recompensas o castigos según lo virtuosa que fuese la persona y rezaban tres veces al día); los mandeanos (en su lengua, que era el arameo, significa saber o conocimiento, consideraban que el universo estaba constituido por dos fuerzas, una de luz y otra de tinieblas, tenían leyes para sus dietas y para las limosnas); grupos cristianos nestorianos y jacobitas y judeocristianos como los ebionitas. “Cierto que los que han creído, los que siguen el judaísmo, los cristianos y los sabeos, si creen en Allah y en el Último Día y actúan rectamente, tendrán su recompensa ante su Señor y no tendrá que temer ni se entristecerán” – Aleya número 62 de Sura de la vaca, Corán.
Apoyado en este mosaico religioso, Mahoma encontró la forma, no de crear un culto nuevo, sino de proclamar a un Único Dios que ya los habitantes de Arabia adoraban: el Dios de Abraham, fundador de La Kaaba (Edificación que está conformada por capas de piedra azulada y grisácea sacada de las montañas que rodean la ciudad. En una de sus esquinas se encuentra una piedra, de origen indeterminado, pero que según la tradición y aunque se haya comprobado su origen terrestre, es un meteorito), y de volver al culto original de él y de Ismael. “Decir: Creemos en Allah, en lo que se nos ha hecho descender, en lo que hizo descender a Ibrahim (Abrham), Isma’il (Ismael), Ishaq (Isaac), Ya’qub (Jacob) y a las Tribus, en lo que le fue dado a Musa (Moisés) e ‘Isa (Jesús) y en lo que le fue dado a los profetas procedente de tu Señor. No hacemos distinciones entre ninguno de ellos y estamos sometidos a Él” – Aleya número 136 de Sura de la Vaca, Corán

Lucía Appugliese

Fuentes:
-ISLAM, La religión de Alá. Cukar, Alejandra y Zabaleta, Igor. Edimat.
-Traducción-comentario del Noble Corán. Abdel Ghani Melara Navío. Darussalam.
-100 Hadices sobre modales islámicos. Abdul Jabír Muhammad y compilado por Equipo de Investigación de Darussalam. Syracuse University Collage of Law
-Wikipedia

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