El rol de la música y el trabajo en los incas

Los incas son una cultura que al igual que los romanos o aztecas, utilizaron la Inteligencia para hacer una síntesis con lo mejor de lo que dejaron culturas anteriores a ellos. Pero en este caso, los incas van a aportar una novedad fundamental a la historia: el sentido de la organización. Según explica el profesor Jorge Ángel Livraga en el artículo “Los incas y su filosofía moral”: “Los incas van a traer la gran novedad de que no van a ser un pequeño Estado, sino que van a ser la relación entre varios Estados y que van a dar un trato común a pueblos que incluso son étnicamente diferentes”.

El mundo inca o Tahuantinsuyo, más que un imperio como hoy lo conocemos, llegó a ser una confederación de pueblos de distintas etnias, lenguas y credos, asociados bajo un mismo sentido de desarrollo humano. Esta unificación solo fue posible gracias al profundo sentido de orden, coordinación y colaboración. En lo espiritual los unía una serie de creencias comunes, mientras que, en lo concreto, un fino sistema de comunicación.

Alcanzaron avanzados desarrollos tecnológicos que se mantienen bajo el velo del misterio para nuestra ciencia actual, por ejemplo, el trabajo de la roca. Tenían maquetas funcionales, pulidos sistemas hidráulicos y una red de caminos tan organizada, que, estando en Cuzco se podía comer pescado fresco obtenido en el Pacífico.

El imperio inca se fundamentó en una fuerte formación moral, y esto les permitió alcanzar tal grado de civilización. Explica Livraga en el artículo antes mencionado que: “consideraban que había una dualidad entre el Alma y el cuerpo, y que esa dualidad se podía armonizar de tal manera que el Alma imperase sobre el cuerpo. Imperando el Alma sobre el cuerpo, existía una verticalización, que permitía al cuerpo colaborar con el Alma, o sea, que tenían un profundo sentido moral”.

El sentido de Religión, de unir lo trascendente con lo cotidiano -la verticalización del Alma-, era canalizado a través del trabajo y aquí llegamos al corazón de este artículo.

El trabajo tenía una función pedagógica y humanizadora, tenía valor en sí mismo, más allá de las recompensas obtenidas; era vivido como la Recta Acción budista, o el imperativo categórico de Kant, con un fuerte sentido colectivo. El trabajo no era cuestión de un único individuo, si no que era la responsabilidad del pueblo para consolidar y elevar la civilización hacia el Sol que la inspiraba.

Ilustración de los trabajos incaicos. Créditos: link

El trabajo, así como la guerra, era interior-exterior; en la medida que el ser humano se construía interiormente, mejores y más elevadas eran las obras que podría dejar hacia afuera. El trabajo era una de las formas de lucha con las que la conciencia se elevaba y el Alma se erigía sobre sí misma.

El trabajo, además, permitía vivir el Bien Común. Como el trabajo no estaba enfocado, en general, en satisfacer sólo cuestiones personales o materiales, permitía vivir la unidad en la sociedad: muchas personas distintas, colaborando por un sentido común y trascendente. El trabajo cumplía con las necesidades físicas, psicológicas, morales y espirituales, de cada individuo y de la sociedad. Se trabajaba en conjunto con los demás como un verdadero organismo; en esta armonía se despertaba la concordia, todos trabajando por uno mismo y a la vez sirviendo a los demás y a la historia de su pueblo. Todos vibrando al unísono, como una orquesta. “Todos para Uno y Uno para todos”, como gritaban los Mosqueteros.

Lo eterno descendía al mundo mediante el trabajo y era ayudado por la música. Los incas, así como otras antiguas civilizaciones, tenían la particularidad de trabajar con música. Por lo que, cada trabajo tenía su música particular y sonaba en el momento de la labor. Instrumentos de percusión y aerófonos, hacían sonar melodías y ritmos que unificaban al grupo. Es que el trabajo era una ceremonia, el inca trabajaba y cantaba a la vez, era feliz mediante el trabajo y así sacaban hacia afuera su parte más elevada.

Terrazas de trabajo en Moray, Perú.

Al compartir el mismo ritmo, la misma armonía, la misma melodía, se trabaja en fase, en lo físico, en lo psicológico y en lo moral. Bajo el efecto de la música no eran personas individuales, si no parte de un ser mayor. Lograban unificarse y trabajar sincrónica y armónicamente. La música entonces los englobaba, los acompañaba, les daba ritmo, cadencia, un calor y un matiz particular. Además de que aliviaba las penas y los cansancios.

Este fenómeno es sencillo entenderlo, por ejemplo, imaginando que estuviéramos en un recital compenetrados con la música. Todos bailaríamos y cantaríamos al unísono, vibraríamos en armonía. Cuando esto sucede, la propia personalidad dejar de ser importante en el momento y se funde con el conjunto mayor. Salvo que se esté en el recital pensando si se dejó el auto cerrado con llave o las luces de su casa apagadas, la persona deja de acordarse de sí misma cuando se está bajo el efecto de la música. Si se está compenetrado en la música, se está unificado con los demás y la personalidad unificada a algo mayor. Pero son los miedos, las preocupaciones, los que suelen opacar y silenciar la Música que une.

Pero la música tiene otra cualidad especial. Además de englobar y contener a las personas que están bajo la misma melodía, la música es indivisible. Tomemos el siguiente ejemplo, y analicemos el caso de tener que repartir una torta; si se fracciona para cuatro personas, cada una recibe un cuarto; si ahora fuera para diez, cada una recibiría un décimo, si fueran cien, un centésimo y así, si la torta fuera para una cantidad infinita de personas, cada porción tendería a cero. Pero si ahora realizamos el mismo análisis con la música, ya sea que fuéramos cuatro, diez, cien o infinitas personas, todas escucharían y recibirían la misma “cantidad” de música, la misma melodía, la misma armonía y ritmo.

La música es invisible, indivisible y unifica, es como Dios, de alguna manera.

Ahora, si unimos los conceptos de trabajo y música bajo la idea del desarrollo humano, entenderemos porqué los incas trabajaban con música.

Los incas tenían una búsqueda común y trascendente de evolución. La humanidad actualmente tiene la posibilidad de recordar cómo colaborar, en lugar de competir; de dignificar el trabajo y de hacerlo unidos, para crear un mundo nuevo y mejor.

Franco P. Soffietti

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