Como sucede con muchos personajes que dejaron una gran huella en la humanidad, los datos históricos y hechos reales se confunden con lo mítico. La tradición recogida nos cuenta que Lao Tsé nació alrededor del año 604 a.C. en el estado de Chow, de una madre virgen que tenía 161 años al momento de dar a luz y que lo gestó misteriosamente durante 81 años. El nombre Lao Tsé, significa “Viejo Sabio”, pues se dice que nació anciano canoso y lleno de arrugas, símbolo de sabiduría. STambién se cuenta que su nacimiento fue predicho por tres dragones.
Habría sido bibliotecario o funcionario en la corte de Chow y este se consideraba un oficio sagrado. Tenía encomendado un cargo sacerdotal y su misión consistía en consultar los archivos, los oráculos, e indagar el sentido de la existencia, del éxito y la decadencia de la civilización. Esta función se encargaba de registrar lo que es noble de ser recordado, aquello que vale para futuras generaciones.
Sobre el origen de sus enseñanzas poco se conoce, aunque existen registros de que, desilusionado de la corrupción del mundo, renunció a sus trabajos para dedicar su vida al retiro. En el camino a su destino, antes de cruzar la frontera del estado, un oficial, advertido por una premonición, pidió a este sabio que transmitiera sus ideas y enseñanzas; entendiendo Lao Tsé que, escribiendo un libro para él, lo escribía para toda la humanidad, accedió. Esta obra, fue el Tao Te King.
El Tao Te King
Este libro tiene una gran importancia por su contenido metafísico y esotérico que, a pesar de su tamaño pequeño, influyó profundamente en el pensamiento filosófico posterior, incluso en el mundo occidental, donde sus ediciones superan con mucho las de cualquier otra obra filosófica china.
La estructura de esta obra tiene dos partes: la primera, llamada Tao, tiene 37 capítulos, mientras que la segunda, titulada Te, tiene 44. La comprensión de estos términos, Tao y Te, es imprescindible para poder captar la enseñanza del Tao Te King (King sería “libro”).
Escrito a la manera oriental: con pocas palabras y profundamente intuitivo, Tao es traducido como “el camino” o “la vía”, semejante al concepto de Dhammapada budista.
Para Lao Tsé, el Tao comprende todo lo que es y lo que existe; es la forma sin forma, lo oscuro y lo luminoso, aquello que contiene todos los opuestos. El Tao sería el principio y fin de todos los seres, de donde partieron y a donde deben volver, pero a la vez, constituiría el camino para regresar a este punto de unidad, el camino de regreso al hogar del que hablan cuentos y mitos.
“Existe algo indiferenciado (no-ser) pero pleno, que existió antes que el cielo y la tierra (que el espíritu y la materia). Insonoro y sin forma. No depende de nada y nada lo cambia. Puede considerarse la madre del universo (sin existencia de padre). No sé su nombre. Lo denomino Tao”.
Habría un Tao esencial, perfecto y trascendente, donde reside la causa primera, que a la vez es innombrable; la ley eterna que aglutina a todas las leyes naturales. El Tao es innombrable, y sobre él no se puede hablar, ya que, al mencionarlo, deja de ser y pierde su esencia absoluta para convertirse, en una palabra. Pero, esta esencia existiría en todo lo manifestado, siendo la “madre” de todas las cosas, presente en cada una de las creaciones. Así el Tao sería una roca cayendo, la fuerza de gravedad que la atrae al suelo y el observador del fenómeno, pero también sería la causa de cada uno de estos elementos.
El Tao esencial es vacío, inmóvil e infinito, mas todo lo que existe está sujeto a la continua mutación, lo único permanente y constante en el mundo sensible sería el cambio perpetuo. Lo que se construía debía desaparecer, lo que nacía también moría necesariamente.
El ser humano, decía este sabio, debía encontrarse en el Tao y expresarlo; acción que se lograba más por una suerte de epifanía, que, por un desarrollo con tal fin, como un éxtasis o una iluminación, análogo a la contemplación de la que muchos siglos después hablaría Plotino. La ética para Lao Tsé, era la manifestación del Tao, la recta acción de la que hablara Buda.
Podríamos decir, de manera claramente intuitiva y como un primer acercamiento, que el Tao es la esencia absoluta, el no-ser que no entró aún en el espacio-tiempo, que no obtuvo aún definición. Su manifestación constituye el “Te”. En la filosofía pre-taoísta y confucianista, te es el nombre que representa la virtud, mientras que, para el taoísmo es la energía que permite al Tao manifestarse y hacerse visible. Sin “Te” el Tao no puede existir. El Tao guía el universo, y por medio del “Te” existe.
En relación con la aplicación del Tao en el ser humano, Lao Tse refiere la wu wei, que es la acción por medio de la energía espontánea de la naturaleza y no por medio de las limitadas fuerzas de la voluntad, aunque hay que entender aquí, no la voluntad en sentido superior, sino la “voluntad humana” o los intereses humanos. Wu-wei no significa inactividad, sino actuar en armonía con el flujo natural de las cosas. Este concepto es equivalente a decir que uno marcha en su camino por el Justo Medio, va con el “Dharma”, que significaría, en cierta manera, actuar de acuerdo a la Ley de la Naturaleza.
Un ejemplo que podría ilustrar, es la idea de un río. Si uno se sumerge en un cauce con agua viajando a cierta velocidad, al ir por el medio del cauce, prácticamente tendría que hacer fuerza para mantenerse a flote, pero la misma corriente lo llevaría a destino. En cambio, si uno se mantiene cerca de la orilla del mismo, encontrará innumerables obstáculos. Piedras, arena y ramas demorarán su avance, lastimarán su cuerpo y tendrá el nadador que destinar muchísimos esfuerzos en salvar tantas dificultades, que le quedará poca energía para avanzar (semejante a la idea de karma). El wu-wei sería nadar por el medio de la corriente de vida.
La voluntad del ser humano debe llegar a ser una fuerza viva de la naturaleza y no la suma de sus disposiciones egoístas, porque si no, su acción no estará de acuerdo con el Tao, no movilizará, no activará el “Te” y obrará erróneamente.
Para el Viejo Sabio, en su enigmática y sintética manera de entender la esencia y la creación, el individuo consciente debía encontrarse en el Tao, despertar la intuición y vivir de tal forma que lo divino pudiera encontrar reflejo en la personalidad y descender a esta.
Destacaba que quien marcha en el Tao, vive de manera suave y flexible: “El agua es blanda y flexible, pero desgasta la roca”. Y esto se logra mediante el desapego y la sencillez.
El hombre que vive en concordancia con el Tao es amo de sus oídos y palabras, no tiene egoísmo, ni corazón propio, sino que hace suyos los corazones de la gente. Es humilde, no se envanece con los éxitos, y es como el agua. Cuando el agua está quieta es un espejo. Nadie se mira en aguas turbias. Así, la mente solo entiende y refleja con precisión el mundo cuando está calmada. El agua se adapta siempre: cuando está en un hueco se remansa, cuando llega un plano se desliza, cuando hay pendiente corre y siempre con naturalidad, es decir que fluye y es flexible. A pesar de ser blanda, vence lo más duro: rompe acantilados y erosiona valles. Quien marcha en el Tao, vive de manera suave y flexible, con desapego y sencillez.
Equipo editorial de RevistAcrópolis
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