Los incas y su sentido de moral

La civilización incaica es la más nueva de América del Sur. Sus territorios se expandieron desde Ecuador y Colombia al norte, hasta el centro-sur de Chile, pasando en Argentina por provincias como Tucumán y Catamarca. Existen focos primordiales que los convirtieron en una gran civilización como el arte, la religión y la ciencia, pero el legado más significativo, la característica propia de esta cultura que les permitió trascender, el nuevo aporte que dejaron en la Historia, fue el sentido de la organización. Jorge Ángel Livraga, fundador de Nueva Acrópolis en una conferencia llamada Los incas y su filosofía moral, contaba que “los Incas van a traer la gran novedad de que no van a ser un pequeño Estado, si no que va a ser la relación entre varios estados y que van a dar un trato común a pueblos que incluso son étnicamente diferentes”.

Un conjunto de individuos conforman una sociedad; un grupo de sociedades bajo una misma idea que los englobe y les de altura, conforman un estado. Para que en una polis se logre plasmar cultura, para que una ciudad se acerque al ideal de estado en términos platónicos, era necesario que los gobernantes fueran filósofos, o que los filósofos gobernaran. La política, era para este filósofo griego, el arte de armonizar la polis, de lograr que un conjunto de individuos vivan armónicamente con un fin, y este era el trabajo de su gobernante.

Esta civilización sudamericana logró en sus momentos de auge, plasmar verdaderos estados y aún más, lograron armonizar distintos estados entre sí. El de los incas no fue un imperio como hoy lo podemos imaginar, sino una confederación de pueblos asociados con creencias comunes, aunque con diferencias en sus culturas. Todos los estados que conformaban esta confederación estaban comunicados por carreteras y compartían el mismo ideal de polis, encontrando un sentido común a todos los pueblos, lo que creaba fraternidad en todos los planos.

Para comprender cómo los incas llegaron a este nivel de coordinación es importante reconocer sus orígenes. Nos cuenta el filósofo argentino ya mencionado que el origen de la civilización incaica, procede de fuentes mucho más antiguas que los estados incas. Con nodos que se pueden encontrar en Chavín -400 km al norte de Lima- donde existía un centro religioso con alrededor de 4000 años de antigüedad o en Tiahuanaco, en Bolivia donde se encuentra la Puerta del Sol. El Sol, representado por el dios Viracocha, sería el ejemplo a seguir, y lo religioso sería la base moral de esta confraternidad inca.

El origen de la civilización inca es conocido por medio de tradiciones donde mencionan que alrededor del siglo X, un personaje mítico, a quien luego se lo identificó con el inca Manco Cápac, de tez blanca, cabellos y ojos claros, llegó para darles civilización, religión y organización. 

Para lograr sostener este sistema religioso, político-social y militar, que duró 200 años aproximadamente, requirieron una formación moral muy estricta. Consideraban que existía una dualidad entre el alma y el cuerpo y que podía armonizarse de tal manera que la primera gobernara sobre la segunda. 

Consideraban que además del hombre, los minerales, las plantas y los animales conformaban cada uno un reino particular. El hombre sintetizaba estos tres reinos ya que estaba formado por algo de cada uno de ellos, pero además tenía algo propio, algo único del ser humano. Esto particular del ser humano era el alma y dejar que esta viviera era la tarea propia del hombre; cumplir con esto era la tarea del ser humano.

Tenían un sentido moral como el que se podría ver en I. Kant, por ejemplo: era a través de cumplir con el deber que el hombre podría verticalizarse para que su alma viviera conscientemente.

La forma de comportarse como ser humano en la práctica, de lograr la coherencia en uno mismo, en la sociedad y así la fraternidad con los otros pueblos (quienes muchas veces tenían idiomas, costumbres y deidades diferentes) permitiendo que el Imperio funcionara como un organismo, era a través del trabajo, al cual consideraban una forma pedagógica y humanizante cuando tenía aspiración de tipo colectiva.

El inca mientras trabajaba cantaba y sonaban músicas con ritmos distintos para cada labor. El trabajo era considerado una ceremonia, que les permitía conectar con lo más profundo de sí; era una forma de acceso a lo sagrado y lo vivía como una especie de Religión del Trabajo, donde según su sentido etimológico (Religión proviene de re-ligar, de volver a unir) los pueblos se unificaban a través de este, dejando que algo más grande que la propia personalidad de cada uno, trascendiera el tiempo.

Un ejemplo de esta filosofía con que se gestó el imperio incaico, se puede ver en Pachacutec inca, quien fuera considerado como el filósofo más grande de la historia de esta civilización. Tomamos una anécdota, donde es posible ver el valor moral y la coherencia de los actos de este aristócrata, en el sentido platónico del término, verdadero gobernante: “en otra oportunidad, pasó junto a un lago pantanoso en donde había un (…) aguará. Estaba el aguará allí atrapado y todos los que pasaban por el camino le echaban piedras, le daban con palos, como ocurre siempre, cuando alguien fuerte está atrapado, los débiles atacan. Entonces, Pachacutec (…) tomó al aguará en sus brazos y lo levantó (…) y cuando lo levantó el aguará lo mordió en el hombro. Uno de sus guardias levantó la lanza para matarlo (…). Entonces Pachacutec dijo: “No, no lo matéis, dejadle.” (…) “Este aguará estaba en el barro golpeado por todos, y es como un pueblo que tuvo malos reyes. Cuando un pueblo tiene un buen rey, que lo levanta en brazos, creen que es un mal rey, que será como los de antes, y lo muerden. Pero si el buen rey, lo acaricia, le habla, y le demuestra que no le tiene odio, sino amor, y que le va a salvar realmente, así como este aguará se amansa ahora entre mis brazos, se amansan los pueblos” Y así con caricias, Pachacutec convirtió a ese animal salvaje en su mascota.”.

Para que un grupo de humanos, una sociedad, pueda construirse y perdurar en el tiempo; para que un estado sea hogar y escuela donde el ser humano pueda desarrollarse como tal, es necesario que una idea, algo superior a cada individuo por separado los englobe a todos y les sirva de guía. Vivir de esta forma, sostenidos y unidos por un ideal de estado, era vivir filosóficamente y para alcanzarlo era necesario desarrollar la comunicación, el orden y la armonía entre los hombres y entre las ciudades que conformaban la fraternidad. Los incas nos enseñan, por un lado, que este desarrollo no hubiera sido posible sin el concepto filosófico de moral que los sostuvo, y que en su caso tomó forma a través del trabajo. Pero si hay algo clave que nos dejan como legado, es que lograrlo es posible. 

El texto forma parte del estudio de las culturas americanas en el curso de filosofía comparada de oriente y occidente que se dicta en las cátedras de Nueva Acrópolis Córdoba.

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