Ética y estética, el reflejo externo de la belleza interior

En todas las culturas que estuvieron en contacto con las leyes de la naturaleza e intentaron convivir armónicamente con ellas, el arte era uno de los caminos a través del cual las personas que compartían un ideal de estado se unificaban, se integraban y se volvían parte de él.

Las obras artísticas de estas culturas, por lo general trascendían el tiempo, así como hoy podemos ver aún pirámides alrededor del mundo, esculturas y pinturas que datan de otras etapas humanas. Las culturas que lograron esto, por permanecer en el tiempo, llegar hasta nuestros días, y en alguna medida ser interpretadas, se volvieron clásicas.

Cuando el arte va de la mano de esta investigación profunda sobre la naturaleza, tiene la capacidad de reflejar la belleza arquetípica, la belleza ideal, que como tal, es eterna, inmutable, trascendental. Estas obras de arte, ponían al artista y al espectador en cercanías de lo esencial, despertando sentimientos que elevan al alma, que borran las percepciones del tiempo y el espacio.

En la antigua Grecia el artista, era el que creaba las obras de arte, quién a través del contacto con las musas -las diosas que rigen las artes-, plasmaban en el mundo material sus mensajes. La palabra poeta en la Grecia helenista, se traducía como “creador”, “hacedor”; los creadores, las manos que daban vida al arte, eran las de los poetas.

La armonía en las creaciones, el equilibrio que eleva las serpientes en el símbolo de caduceo, que a través de un eje que les brinda altura, dos fuerzas iguales y opuestas pueden superar lo material -el suelo- y alcanzar las alas -el espíritu- es lo que las hacía transmisoras de lo bello, de la belleza atemporal; es lo que las vuelve inmortales.

Los griegos antiguos al hablar de la belleza, de lo armónico y coherente, utilizaban el término kalos kagathos. El adjetivo kalos, significaba hermoso y abarcaba significados equivalentes al español “noble” o “caballero”. Así Platón, por ejemplo, en La República utilizó este término en forma neutral, en sus intentos de definir los arquetipos. Recordando que los arquetipos son en el mundo de las ideas, se puede entender mejor a qué se hace referencia al hablar de lo bello: aquello que es causa y raíz y comprende las cosas bellas y las carentes de belleza del mundo tangible.

El segundo adjetivo, agathos, significa “bueno” y podría describir la excelencia de carácter de una persona, aquellos éticos y virtuosos; además el término incluye un aspecto de utilidad, servía a su cultura aquel que era virtuoso, colaboraba en la unión y en la armonía de los pueblos.

Así kalokagathia era el sustantivo para describir un ideal de conducta personal, convirtiéndose en una frase por la cual se hacía referencia al aristócrata, este que en términos platónicos era quien se había conquistado a sí mismo. El término pasó a representar a la persona ideal o perfecta; a la mujer y al hombre arquetípico, el modelo de ser humano, así como los son los héroes de la mitología.

La ética en los filósofos griegos, era la búsqueda de la coherencia entre los pensamientos, sentimientos y acciones, cuando sus pensamientos, además, estaban orientados hacia el bien común. Este camino requería el desarrollo de la virtud, requería poder discernir el justo medio en cada circunstancia de la vida.

La ética guiaba la formación del carácter de las personas, era un trabajo que demandaba voluntad, esfuerzo y responsabilidad, y era un compromiso con uno mismo, con la sociedad y con la naturaleza. Ser éticos, era considerado el trabajo, el deber del ser humano. Alcanzarlo ponía de manifiesto que cada individuo de la sociedad lograba plasmar los valores atemporales, aquellos que a través de los tiempos y de los distintos lugares fueron permaneciendo en las diferentes culturas, tales como: la generosidad, la humildad, el respeto, la tolerancia, la empatía.

Esta noción de ética y del hombre cuyo deber es el desarrollo de la virtud, se encontraba también en todas las culturas y civilizaciones. Por ejemplo, del épico y sagrado libro hindú el Mahabharata se extrae un fragmento de Yudhishthira siendo interrogado por Dharma, quien era su padre:

– Dharma: ¿Quién es un verdadero hombre?

– Yudhishthira: Los informes de las acciones de cada uno llegan al cielo y se extienden sobre la tierra. Mientras dure el informe de que una persona actúa en armonía, se le llama hombre.

Cuando los frutos del trabajo dejaban entrever la armonía, la unión con las leyes de la naturaleza y la puesta en práctica de los valores atemporales, entonces eran verdaderas obras de arte. Cuando la contemplación de obras de artistas-poetas, de personas éticas, permitía percibir destellos de eternidad, cuando elevaban el alma y entusiasmaban a los espectadores (Etimologías: entusiasmo), se estaba en frente de obras estéticas.

El arte, para reflejar armónicamente lo esencial, debía surgir como producto del equilibrio entre dos fuerzas, debía contener en su interior lo bueno y lo bello. Lo bueno estaba representado por la virtud y era la manifestación de la ética; aquello que era bello, lo era porque tenía armonía, reflejaba la estética. En síntesis, el arte podía entenderse como el “hacer las cosas bien: buenas y bellas”.

Aquel que era ético, lograba armonía en su interior, una coherencia que le permitía ser considerado un individuo en términos platónicos: alguien que no está dividido por sus pensamientos o por sus emociones, alguien en quien la voluntad podía llegar a cada rincón de su persona. Este estado de vida, despertaba la belleza en su interior. Al lograr materializar sus ideas, que estaban unidas a lo arquetípico, sus creaciones, por lo tanto, también eran estéticas, reflejaban la belleza en el exterior. Lo que es la ética para el alma, lo es la estética para las formas.

«Cuando hay un sentido de la belleza, todo lo que uno hace siguiendo ese sentido será hermoso. De la misma forma puede haber un sentido de la virtud o de la rectitud, y cuando entra en acción, todo cuanto uno hace, piensa o siente, es correcto y hermoso».

N. Sri Ram («La belleza de la virtud»)

Por lo tanto, siguiendo estas concepciones clásicas, la belleza está tanto en las afuera de uno, como en nuestro interior podamos encontrarla. Según Plotino, las almas bellas podían encontrar la belleza en todo. La estética en las creaciones surge como reflejo de la ética interior, aparecen obras de arte, manifestaciones buenas y bellas, que llevan a la unión de las personas, al recuerdo de lo profundo, a la inspiración y en su efecto en la sociedad, alimentan y dan vida a la cultura.

Si dentro nuestro podemos empezar a cultivar los valores atemporales de manera humilde y sincera, seguro con el tiempo también podamos ser reflejos estéticos de las formas bellas de la naturaleza. Quizás si dentro de cada uno podemos reencontrarnos con lo esencial, nos transformemos en artistas-poetas, tomando nuestras experiencias y nuestra personalidad como materia prima, transformándolas en vivencias -así como las ostras transforman la arena en perlas dentro de su seno- y moldearlas de tal forma que podamos inspirarnos en la naturaleza y expirar lo trascendental en cada respiración, en cada uno de nuestros actos, y lograr que nuestras creaciones sean buenas, bellas y útiles para colaborar en la cultura, para contribuir en la creación de un mundo más bello y mejor.

Franco P. Soffietti

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