De la buena y la mala fortuna

Muchas veces nos preguntamos ¿Por qué nos suceden las cosas que nos suceden? ¿Por qué algunos son tan afortunados y otros tan desafortunados? ¿De qué depende la fortuna? ¿Existe la buena suerte o la mala suerte? Quizás nunca lleguemos a responder por completo estas preguntas, pero investigando sobre lo que pensaron los grandes filósofos sobre el tema y reflexionando sobre ello, quizás podamos poner un poco de luz en lo que a estas preguntas respecta.

La milenaria Filosofía Oriental nos habla de la existencia de la ley del Karma, ley de la que nada escapa, ley que podríamos llamar de Causa-Efecto. Como nada escapa a ella, podemos decir que nada en esta vida es casual, sino que todo es causal, todo lo que nos sucede en nuestro presente es consecuencia de una acción pasada.

Contrariamente a lo que muchas personas creen, el Karma no es una especie de castigo, no es algo negativo, en realidad no es negativo ni positivo, sino que es lo que debe ser. Podríamos decir que es una especie de GPS o Guía, que nos va indicando el camino correcto, que nos enseña a recorrerlo paso a paso.

Esto nos estaría indicando que existe un camino que recorrer y un destino a donde llegar, este camino y destino es llamado por las enseñanzas Orientales como Dharma. Cada uno tiene su Dharma o misión en la vida, y es el Karma el que nos guía en esa tarea.

Podemos recorrer el camino de forma inconsciente, es decir sufriendo con las correcciones de nuestro Karma, o intentar recorrerlo de una forma consciente, lo que podríamos llamar de una manera filosófica, tratando de comprender lo que nos quieren mostrar y enseñar las situaciones que nos presenta la vida, vivir la vida como un aprendizaje, y tratar de descubrir poco a poco nuestro Dharma, que, después de todo, es la razón de nuestra existencia.

Esta es una muestra de la gran importancia que tiene la Filosofía en nuestras vidas, se trata de una forma de afrontar la vida, una forma de conocernos en profundidad, es tratar de entender para qué estamos en este mundo, como decía el aforismo griego del templo de Apolo en Delfos “Conócete a ti mismo”.

Pero muchas veces al reflexionar y comenzar a comprender esta ley de causa-efecto nos preguntamos, ¿Por qué suceden males a hombres buenos? ¿Es acaso injusta esta ley?

El Filósofo Séneca nos plantea esta cuestión en uno de sus escritos que se han dado a llamar “Los siete libros de la sabiduría”, en el libro “De la divina providencia” específicamente.  Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba España en el año 4 antes de Cristo, fue filósofo, político, orador y escritor romano. Además, fue senador, ministro y tutor – consejero del emperador Nerón, quien, siendo su antiguo alumno, lo condena a muerte, muriendo en el año 65 d.C.

Séneca pertenece a un corriente Filosófica denominada Estoicismo, doctrina de origen griego, cuyo iniciador fue Zenón de Citia, pero que halló especial eco y desarrollo entre los romanos, pues se adaptaba maravillosamente a su carácter nacional.

En el Libro “De la Divina Providencia”, Séneca, con respecto a la suerte de los hombres buenos, nos dice que entre éstos y dios existe una familiaridad y hasta una cierta semejanza mediante la virtud. Siendo el hombre bueno discípulo e imitador del propio dios. Por lo que dios como un padre cría con más aspereza a los buenos, proveyéndoles experiencias para que se hagan duros, porque los prepara para sí mismos.

Pero así también nos habla de cómo el hombre virtuoso toma y busca estas experiencias. La llegada de las adversidades nunca trastorna el ánimo del virtuoso, juzgando que todas las adversidades son examen y experiencia de su valor. Los hombres virtuosos son como los grandes luchadores que, deseosos de aumentar sus fuerzas, desean enfrentarse a los más fuertes, ya que saben que la virtud se marchita si no encuentra adversarios.

Aquí es donde nos surge la pregunta si existe la buena o mala fortuna, el hombre virtuoso transforma en bien su aparente mala fortuna, la usa a su favor para ser cada vez mejor, las exigencias que los llevan al límite de sus posibilidades son el verdadero combustible para su constante evolución. “…dios grande amador de los buenos, queriéndolos excelentísimos y escogidos, les asigna la fortuna para que se ejerciten con ella”, nos dice Séneca.

Por otro lado, a los hombres sin virtud y sin búsqueda de la virtud, la fortuna les huye diciendo: ¿para qué he de tener yo a este por contrario?, ante la primera adversidad rendirá las armas, para con él no es necesaria toda mi potencia, con una ligera amenaza huirá, no tiene valor para esperar mi vista. Como dijo el filósofo Demetrio: “Para mí, ninguno me parece más infeliz que aquel a quien jamás sucedió cosa adversa” ya que a este nunca se le permitió la experiencia de desarrollar sus virtudes, habiéndole sucedido todas las cosas de acuerdo a sus deseos.

Séneca nos habla aquí de Virtud, Victoria y de Gloria. Nos habla de que vivir siempre en felicidad y el pasar la vida sin algún remordimiento de ánimo, es ignorar parte de la naturaleza. ¿Eres grande? ¿De dónde lo sabremos si la fortuna no te ha dado la oportunidad de demostrar tu virtud? Viniste a los juegos olímpicos y en ellos no tuviste competidor, llevarás la corona olímpica, pero no la Victoria. La virtud es deseosa de peligros, y pone la mira en la parte a donde camina y no en lo que ha de padecer, porque el mismo padecer le es parte de Gloria.

Ningún árbol está sólido y fuerte sino el fatigado de continuos vientos, porque con el mismo combate de ellos se aprietan y fortifican las raíces, y al contrario los que crecieron en abrigados valles son frágiles. 

Podemos concluir entonces que la buena o mala fortuna depende de nosotros mismos, depende de cómo nos tomemos las situaciones que se nos presentan en la vida, si nos tomamos la vida como lo supieron hacer los estoicos, es imposible que nos sintamos desafortunados. Seguramente muchas veces nos llevará al límite de nuestras posibilidades, y hasta nos generará dolor en muchas ocasiones, pero no nos olvidemos de las palabras de Buda, quien decía que el dolor es el motor de la conciencia. 

Mariano Suárez

*La imagen que encabeza el artículo es una representación de la diosa romana Fortuna

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