Como se lee en algunos artículos de la RevistAcrópolis, cuando nos referimos a la palabra mito es necesario comprender que estos son símbolos en movimiento, que, en general, se encuentran representados a través de los siglos en diferentes culturas y civilizaciones. La filosofía y las culturas están impregnadas de diferentes mitos que buscan transmitir alguna enseñanza particular o alguna idea arquetípica con el objetivo de instruir al ser humano.
En China y varios países de Asia, el Festival de la Luna, también conocido como de Medio Otoño, es una celebración muy popular, durante la cual las familias se reúnen bajo la luna llena y comen «pasteles de luna». Se realiza desde hace miles de años y suele ser ocasión para contar esta leyenda, una de las más famosas en china: la historia de la diosa Chang’e y el arquero Yi.

Cuenta el mito que en la antigüedad había diez soles que salieron a alumbrar al mismo tiempo. Sin poder soportar el fuerte calor, los cultivos se empezaron a marchitar, algunos hasta murieron, y a la gente también le costó mucho sobrevivir.
El gran arquero Yi, que tenía un gran poder, se compadeció del pueblo y subió a la cima del monte Kum Lun (semejante al Olimpo, donde el Cielo y la Tierra se unen) y derribó nueve soles con su arco y flechas.
Gracias a esta proeza Hou Yi obtuvo la inmortalidad de los dioses, se convirtió en rey y héroe.
Tiempo después, se casó con una doncella hermosa y simpática que se llamaba Chang’e. Hou Yi, ambicioso, quiso crear una fórmula -o un eclipse dicen algunas leyendas- para conseguir prolongar también la vida de su amada. Chang’e lo descubre y lo toma accidentalmente, alcanzando la inmortalidad. Hou Yi enojado, la empieza a perseguir y ella salta por la ventana del palacio y flota hasta la luna. Su esposo no podía encontrarla, hasta que, a la noche, mirando la luna se da cuenta que la sombra que había en ella se parecía a Chang’e.
Él, para honrarla, ordenó un banquete a la luz de la luna con los postres y frutas que le gustaban a ella. El pueblo imitó esta acción y esa tradición de honrar a la Diosa de la Luna se mantiene hasta la actualidad.
Otras versiones, hablan que, al volverse ambicioso, Hou Yi le pidió la fórmula de la inmortalidad a la Reina Madre. Hou Yi dio el medicamento a Chang’e para que lo guardase bien, así que lo escondió en la caja de tesoros de su tocador, en un momento en el cual el alumno de Hou Yi, Peng Meng la vio.
Tres días después, Hou Yi se fue a cazar con sus discípulos, pero Peng Meng, el malintencionado, fingió estar enfermo y se quedó en casa. Irrumpió en el patio trasero con una espada en su mano y obligó a Chang’e a darle el medicamento inmortal.
Sabiendo que no ganaría la lucha contra Peng Meng, Chang´e sacó el medicamento de la caja de tesoros y lo tragó inmediatamente.
Al instante, el cuerpo de Chang’e se elevó en el aire y voló hacia el cielo. Preocupada por su esposo, Chang’e decidió quedarse en la Luna, un lugar más cerca de la Tierra, convirtiéndose en un “hada” en la Luna.

Enterado de lo sucedido, Hou Yi se enfureció, pero como Peng Meng ya había huido, Hou Yi, el arquero triste, no tuvo otra alternativa más que gritar el nombre de su esposa mirando el cielo nocturno.
En aquel momento, sorprendido, se dio cuenta de que la Luna de aquella noche brillaba mucho más que de costumbre, al tiempo que divisó que en ella había una sombra parecida a la de Chang’e.
Extrañando mucho a su esposa, Hou Yi ordenó que pusieran una mesa en el jardín trasero que frecuentaba su esposa y que colocaran encima los postres y frutas favoritos de Chang´e.
Informado de lo ocurrido, el pueblo lo hizo también para ofrecer sacrificios a Chang’e y desde ese momento, se popularizó la costumbre de adorar a la Luna.
El mito chino del arquero Yi es profundamente simbólico. El sol, es un símbolo relacionado con la voluntad y sabiduría. Es la voluntad pura que surge del espíritu, la fuerza que desde el plano “espiritual” cae sobre la materia y la moldea. En un plano humano, esta voluntad representa la capacidad de actuar que tenemos todos. La posibilidad de actuar desde la distancia, en la simbología del mundo guerrero, muchas veces se representó mediante el arco y la flecha.
Encontramos este símbolo, en innumerables mitologías y culturas, por ejemplo, “Mau” en Egipto o Apolo en Grecia. En la naturaleza, el Sol dispara desde lejos y sus rayos proveen el calor y la luz necesarios para la generación de la vida en la Tierra. En otra dimensión más profunda, este Sol Interior, deja caer su impulso sobre el ser humano y así florecen las virtudes y las buenas acciones en nuestros corazones. Tal esta sea una de las razones por la que los héroes, gobernantes y sabios eran la encarnación del Sol en el mundo y los dioses solares los acompañaban y protegían.
Reflexionando un poco más sobre el mito, nos lleva a pensar que el exceso de luz —representado en los diez soles— lejos de iluminar, quema. No estamos preparados como humanidad para recibir toda la energía o el conocimiento de golpe. Así como mirar directamente un solo sol nos ciega y quema los ojos; también nos ciega la verdad si no estamos listos para verla, como le pasó a Sémele en la mitología griega, al ver a Zeus en su esplendor. También se nos viene a la mente el mito de la caverna de Platón: cuando el prisionero liberado sale al exterior y ve el sol por primera vez, la luz lo hiere, lo confunde, hasta que poco a poco sus ojos se acostumbran. Solo entonces puede comprender.
Del mismo modo, el arquero Yi no destruye los soles por odio o rechazo a la vida, sino porque comprende el valor del límite, del equilibrio. Sus flechas no son violencia, sino actos de compasión: apuntan con precisión para salvar a la humanidad. El héroe, como en tantos otros relatos, no es quien impone su fuerza, sino quien sabe cómo usarla.
Este mito nos lleva a reflexionar sobre la necesidad del punto justo en todas las cosas. A veces, por querer apurarnos, por desear demasiado o por buscar entenderlo todo de una vez, nos hacemos daño. Tal vez, como Yi, todos necesitamos aprender a usar nuestro arco con sabiduría, aprender a discernir.
El arquero Yi, se convierte así en una forma del arquetipo de héroe. El héroe es aquel personaje de la mitología que simboliza el modelo eterno de lo que el ser humano debe llegar a ser. Pero antes debe enfrentarse a batallas y desafíos, mostrar valentía y discernimiento, ser generosos para ayudar a sus semejantes, así como hizo el arquero Yi
Ana Paula Silvero
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