¿Cuál es el lugar del ser humano en la naturaleza según la mitología africana?

Las preguntas profundas que llevan al ser humano a indagar sobre su origen y sobre las causas de la existencia, sobre el por qué y el para qué de la vida, acompañan a la humanidad probablemente, desde su surgimiento en la tierra.

         La mayor parte de los pueblos sobre los que hoy tenemos registros, inclusive nuestra cultura globalizada actual, intentaron con los medios disponibles comprender sus orígenes. Las culturas antiguas encontraban respuestas en las tradiciones que provenían desde tiempos remotos y se mantenían vivas, sobreviviendo al paso del tiempo.

         Así como nuestras sociedades actuales buscan explicaciones en los fenómenos, en lo medible y asequible a través de los sentidos, las culturas tradicionales solían encontrar respuestas simbólicas-mitológicas que también configuraban respuestas concretas y prácticas en la vida cotidiana.

         Con el espíritu ecléctico y comparativo, en el intento de discernir la esencia de las enseñanzas accesibles de este último continente, indagaremos el origen del ser humano en las tradiciones africanas.


El origen del ser humano[1]

         Entre los malgaches se cuenta la leyenda de que existen cuatro seres humanos primitivos, cada uno tenía un trabajo distinto: un cazador, un domador, un minero que buscaba objetos brillantes y un agricultor. En términos generales se muestra que el ser humano para estos pueblos no viene a la vida a vagar, a dar vueltas o a suplir los instintos como sí harían los animales; el ser humano viene a trabajar conscientemente al mundo.

         Entre los massai (puede profundizar en el siguiente artículo: “La religión de los Massai”) de Kenya se menciona que la humanidad surge de la siguiente manera: el dios padre-madre Ngai en un primer momento había creado a las vacas. Cuando Cielo y Tierra se separan, Ngai se lleva a su creación con Él a las alturas. Pero estando allí se dio cuenta que en el cielo no había pasto y las vacas no podrían alimentarse.  Entonces nuevamente las envía a la tierra a pastar; el ser humano es enviado entonces para ser pastor y protector de estos animales sagrados. Era el árbol de la vida, que conecta cielo y tierra, el puente por el cual el ser humano descendería para cuidar y proteger la creación de la deidad, los frutos del Cielo en la Tierra.

         Entre los bosquimanos vemos también la idea del árbol sagrado en la especie baobab (reconocida en el libro “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry) como símbolo del eje del mundo: una línea vertical que unifica y sostiene todos los planos de la creación, semejante al Yggdrasil nórdico.

Avenue of the Baobabs, Madagascar | Baobab tree, Tree photography, Ancient  tree
Baobabs en Madagascar

         De esta manera, el ser humano para las tradiciones africanas tiene una doble naturaleza: un espíritu, de origen celeste -atemporal, eterno y perfecto- y un cuerpo de naturaleza terrestre. Por este motivo se puede encontrar también la noción del hombre moldeado con arcillas; por existir diferentes tonos de pieles, serían creados con arcillas de distintos colores.

MASSAI in 2020 | Africa people, African, African culture
Sacerdote massai

         Entre los massai, Kintu -el primer ser humano-, se casó con la hija de Ngai -dios del cielo-. Como regalo de bodas le dieron animales domésticos y plantas útiles que podrían ser cultivadas para permitir la vida de la sociedad. Estos regalos son símbolos de civilización[2]. De modo que es posible interpretar que para estos pueblos la civilización no es una mera aglomeración de personas, sino, el fruto de las sociedades que se “casan”[3] con lo celeste. Existe la civilización cuando una cultura aprende a cultivar, a cuidar los animales, aprende las leyes de la naturaleza y colabora con ellas. Cuando las culturas toman contacto y se unifican con lo ideal, ahí precisamente se convierten en civilizaciones.

         Pero Kintu desobedeció las reglas del Cielo y apareció la muerte entre los hombres. Esta idea de la maldad humana que lo lleva a alejarse de las leyes naturales está presente en numerosos pueblos africanos y del resto del mundo. La maldad residiría en el egoísmo, en darle mayor importancia a lo personal que a lo universal; el mal era aquello que genera fragmentación. Una primera desobediencia los llevó a convertirse en seres mortales. Pero una posterior desobediencia más grave, llevó a que los seres humanos fueran convertidos en monos.

         Podemos ver que nuestra visión científica de la historia acepta que el ser humano desciende del mono. Pero para los africanos la realidad era que el mono desciende del hombre; esto coincide con tradiciones mayas e hindúes, por ejemplo.

         Nuestra visión materialista y positivista, a través de ciertos descubrimientos arqueológicos y algunas ideas que no siempre van de la mano con las leyes naturales, da por sentado y de manera irrefutable que el ser humano desciende del mono. Es importante tener en cuenta que este es nuestro modo actual de comprender la historia, pero no por eso es la única forma. Antes hubo otros modos de entender la historia y probablemente en el futuro surjan nuevas maneras de hacerlo. Por eso es importante sacarse los prejuicios del momento para acercarse a la esencia.


La vida después de la muerte

         Por su origen celeste, el espíritu humano es inmortal. Este espíritu eterno va encarnándose en distintos cuerpos que sí, mueren con el paso del tiempo. Entonces, si una parte de la constitución humana es eterna, ¿existe vida después de la muerte? Para estos pueblos, una vez que el cuerpo físico perece, las almas desencarnadas tendrán un rol intermediario entre la sociedad y las fuerzas que rigen la naturaleza; una vida ligada al mundo invisible.

         Al concebir que todo en el universo está vivo, verán que los ríos, las montañas, la lluvia y demás aspectos naturales tienen inteligencia propia. Tanto los hechiceros en vida, como aquellos que murieron, serán los que pueden comunicarse con estas entidades. Entonces irán a pedir por lluvia en épocas de sequía, por ejemplo. Por lo tanto, el ser humano luego de la vida física tendrá nuevos trabajos de qué ocuparse de modo que existiría la actividad, sin embargo, en un nivel más sutil.

         La presencia del mundo invisible es muy importante para estos pueblos. El cosmos manifestado tendría una parte visible perceptible por los sentidos comunes, pero no obstante, existe también una contraparte que se escapa a estos. En el plano invisible habitan numerosos seres vivos con inteligencia y voluntad propia. Los hechiceros y brujos pueden percibir y comunicarse con estas formas de vida; se comunican con el mundo invisible y con las cosas del cielo, a través del humo; elemento que, sostenido por la superficie terrestre, asciende a los cielos. Los hechiceros también se comunicaban con el mundo invisible a través de sueños, silbidos o danzas, por ejemplo, entre los bosquimanos. Así tenían revelaciones con fines prácticos que ayudaban a dilucidar las decisiones a tomar.

Rituales y danzas

         Existen entonces genios de la naturaleza o fuerzas naturales que rigen desde el mundo invisible. Este concepto en la edad media fue conocido como “espíritus elementales” de la naturaleza tales como hadas o gnomos, por ejemplo. Dan vida a los elementos siendo entidades que trabajan para la naturaleza.

         Asimismo, existe el concepto de una justicia post-mortem, donde aquellos que fueron buenos (que respetaron las leyes) irán a terrenos fértiles, mientras los demás irán al desierto. Los massai mencionan también la existencia de un ángel de la guarda que aconsejaba y protegía a la personalidad mientras estaba en vida y la llevaba al otro mundo al fallecer.

         La muerte no es algo natural para el ser humano; esta surge por la intervención de fuerzas o espíritus malignos que producen enfermedades o accidentes. Estos interventores no siempre están fuera de uno mismo, sino, que podrían encontrarse en el interior de la misma personalidad y se manifiestan a través de los deseos y el egoísmo.

         Mediante danzas era posible espantar a los espíritus molestos. La danza era muy importante en las tribus africanas, pues era una forma de plasmar la armonía del universo. Las danzas muchas veces muestran las interacciones entre los principios naturales; por ejemplo, reproduciendo los movimientos de los astros.


El rol de las sociedades

         Entre lo sociopolítico se puede ver que existía una relación muy estrecha entre los pueblos y sus gobernantes. Existían tradiciones donde el rey debía ser el mejor ciudadano del pueblo; el más virtuoso, el que más valor hubiera despertado. De esta forma, quien mejor se gobierne a sí mismo sería el más adecuado para guiar al pueblo a dar su mejor versión. Noción coincidente con la aristocracia platónica, pues la política es el arte de guiar y elevar al pueblo, desde lo que existe hacia lo que es.

         Si la sociedad veía que esto no sucedía, el pueblo podía reclamárselo al rey y este, por no cumplir con su propósito, se hacía a un lado suicidándose. Ya que la vida no tenía sentido, sino por cumplir correctamente con el deber, con el trabajo que a cada uno le corresponde. Con el tiempo los reyes dejaron de ser valientes para tomar esta actitud y se convirtieron en tiranos poniéndose en contra de la sociedad.

         Para comprender a grandes rasgos como se organizan estas tribus, podríamos ver la película “El Rey León” de Disney. Entre los cargos y roles sociales se encontraba alguien con la voluntad y la fuerza de guiar y proteger a la sociedad como lo es el Rey León Mufasa en la película. También, estará el mono hechicero-sabio Rafiki que aconseja al gobernante. Luego, la sociedad toma cuerpo en el resto de los animales, cada uno en su lugar, cumpliendo con la tarea correspondiente en armonía y sin interponerse con el resto de los seres.

Simba y Rafiki - El pasado FANDUB - YouTube
Simba y Rafiki

Existían, de manera simplificada, tres grandes grupos: el pueblo encargado de dar vida a la cultura a través de la agricultura, la artesanía, la herrería o el comercio; un gobernante que protege los ideales y un sabio-curador que aconseja, sana y era consultado antes de importantes decisiones.


La educación entre los bámbaras

         Las tribus bámbaras del oeste africano tenían entre sus castas sociales artesanos, agricultores, sacerdotes, nobles y un grupo muy especial llamados los griots. Estos últimos a modo de los trovadores medievales, escaldos vikingos, poetas griegos o bardos celtas cantaban los mitos. Estos eran los encargados de permitir que las tradiciones que daban identidad al pueblo se transmitieran de generación en generación. La vida en las sociedades bámbaras y su organización estaba sostenida por su sistema educativo.

Los sonidos del Imperio de Mali (III). Djelis y griots
Griots en Guinea

         Existen cinco niveles relacionados con la edad y experiencia del aspirante. Los rituales con que se iniciaban estos niveles estaban caracterizados por máscaras especiales. Las máscaras tenían un significado muy profundo ya que, al colocárselas, la persona deja de ser ella misma para ser el vehículo en que las fuerzas de la naturaleza o las deidades se manifestaran. Esta es una forma simbólica de unificarse con lo divino.

         Por ejemplo, la primera etapa tiene máscaras con ojos saltones. Podría interpretarse que simboliza la sorpresa ante lo primero que se aprende a ver en la vida. También tienen la boca muy pequeña, pues quien está aprendiendo debe observar y escuchar en silencio. En sucesivas etapas tendrán máscaras con formas de elefantes que, por sus grandes orejas y buena memoria, son representantes de la sabiduría.

Máscaras rituales de las tradiciones bámbaras. Máscaras de las primeros aspirantes, tocado de elefantes, hienas y antílopes.

         En las últimas etapas se ponen máscaras de hienas y antílopes. La hiena tiene orejas verticales, simbolizando la capacidad de oír lo celeste y pequeños ojos, ya que la percepción del mundo manifestado no tiene demasiada importancia para el sabio. Además, estos tocados no tenían boca, pues el conocimiento sutil no puede ser transmitido a través de palabras o a través de elementos del mundo manifestado; sólo puede alcanzarse a través de la vivencia, la profunda reflexión con uno mismo y el silencio. Los antílopes eran sagrados por su gran vitalidad e impulso, por sus luchas en que se elevan hacia lo alto y sus cuernos espiralados -símbolo de la evolución-; el antílope era el único animal que conocía la “casa de dios”, así como el sabio.


Comentarios finales

         Los mitos africanos tienen una característica muy particular y esta es la simpleza. Son relatos naturales y lógicos para explicar cómo comprendían lo eterno. Según extractos de la cosmovisión africana, el rol del ser humano es el de unificar el Cielo y la Tierra a través del trabajo. Las sociedades eran grupos humanos organizados de tal forma, que esta labor se pueda dar de la mejor manera.

         El ser humano tiene un rol activo, aquel de constructor. Mujeres y hombres vendríamos a la vida a colaborar con los dioses y al finalizar nuestro viaje en una determinada personalidad, continuaríamos con el servicio, pero ya en otros planos. Simbólicamente cuando las sociedades se unifican -al casarse- con algo trascendente, al perseguir ideales de unión y desarrollo respetando el lugar del ser humano en la naturaleza, nacen las civilizaciones.

Franco P. Soffietti


[1] Para comprender el lugar del ser humano es importante conocer el origen del universo según estas tradiciones: El origen del universo según las tradiciones africanas.

[2] Del mismo modo que Prometeo brindó a la humanidad según la mitología griega.

[3] En un sentido simbólico, el casamiento es símbolo de la unión.

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