Matemática: el lenguaje del cosmos

La naturaleza, la base sobre donde la sociedad y cada uno de nosotros puede desarrollarse, nos muestra constantemente sus ciclos, como el paso del otoño, siendo la madurez del tiempo, al invierno y luego a la primavera, representando un nuevo nacimiento de la vida. Los amantes de la sabiduría de todos los tiempos, observaban lo que los rodeaba, observaban el universo y el entorno más próximo, para aprender de lo que percibían.

Repasando las enseñanzas de estos filósofos y sabios de las distintas culturas del mundo miles de años después, es posible conocer la concepción que tenían del cosmos. Entendían que el cosmos era el universo completo, todo lo que existe -ya sea que podamos percibirlo o no-, pero también era la causa, el principio del cual partía todo lo que existe.

Así es posible verlo en enseñanzas egipcias, americanas, en el concepto del Tao de Lao Tse en China y más cercano a nuestra cultura occidental, estas nociones recibieron su nombre a partir de Pitágoras, quien profundizara en el estudio del universo, quien encontrara las relaciones fundamentales de la armonía en general, ya sea que se aplicara en la música, en el estudio de los astros, dentro del ser humano.

Ellos entendían que el cosmos y todo lo que existe en la naturaleza tiene la característica de manifestarse armónicamente, con determinada proporción y con simetría. ¿Qué significa que haya tenido estas características? Es interesante tratar de profundizar en cada uno de estos conceptos, para acercarnos a comprender lo que nos rodea.

La armonía además de ser una diosa para los griegos, hija de Venus y de Marte, dioses de la belleza y de la guerra respectivamente, se gestaba a partir de la unión de dos fuerzas iguales y opuestas que lograban equilibrarse y ponerse en movimiento ascendente, así como nos mostrara el símbolo del caduceo. La armonía en el ser humano, entre los pensamientos sentimientos y acciones, lo que consideraban como ser éticos, hacían de éste una persona saludable, quizás por eso este símbolo hoy se utiliza para la medicina.

Aquello que en su interior era armónico, era bello exteriormente. Esta belleza en lo exterior, era el reflejo de la belleza atemporal interior, que no le pasa el tiempo, que se vuelve trascendental. Y la belleza en Grecia, se representaba con el término kalos kagathos que representaba lo bello y lo bueno al unísono. Por lo tanto, lo que se mostraba estético, en su interior necesariamente era ético.

La proporción representaba la analogía que muestra la naturaleza entre todos los organismos que la componen. En el universo podía verse correspondencia entre lo pequeño y lo grande, entre lo que se encontraba en el cielo y lo que se encontraba en la tierra, percibían que las cosas eran de tal manera afuera, como lo eran adentro de uno. Así la Tierra giraba alrededor del Sol junto con los otros planetas, como los electrones giran alrededor del núcleo de cada átomo; el sistema solar giraba dentro de una galaxia junto con otros sistemas. Así los seres humanos girábamos entorno a otros seres humanos, formando grupos llamados estados, y éstos en conjunto a la vez, giraban alrededor de la naturaleza conformando la humanidad.

Podían ver que las estaciones, que cada año se plasmaban en el entorno donde vivían las personas, por ejemplo, en el otoño las hojas de los árboles se volvían amarillentas antes de caer al suelo, mantenían cierta relación con los seres humanos; el otoño en cada uno llega luego de la madurez. Podían percibir que todo tenía ciclos, que se mostraban en distintos tiempos, pero todo nacía, crecía, alcanzaba el zenit y empezaba a decaer hasta el deceso.

A través de las proporciones estéticas podían encontrar formas fractales, patrones con que se creaban los minerales, los vegetales, los animales, los humanos y todo lo que existe. Estos filósofos interpretaban el universo a través de las analogías y las semejanzas, entendiendo que la proporción es en el espacio, lo que el ritmo es en el tiempo.

Fractales en la naturaleza, en distintas escalas.

Entendían que el mundo manifestado, era el mundo de las dualidades y éstas se encontraban en todos los planos. Está la dirección derecha y la dirección izquierda, tenemos el sonido y tenemos el silencio, las cosas se crean y se destruyen. Hasta uno podía sentir dolor y sentir placer, pero qué extraño esto de las dualidades que, por ejemplo, uno no puede sentir frío y calor a la vez, pero si uno siente frío seguro que tiempo después va a sentir calor, como si fueran dos extremos de lo mismo, dos caras de la misma moneda, como si estuvieran unidos por la coronilla diría Sócrates al comenzar el Fedón.

Que todo oscilara entre dos extremos, hacía que se transitara, en algún momento, por un punto intermedio entre ambos. Como todo se alejaba en igual magnitud del punto medio, así como si uno arroja una piedra hacia arriba, esta luego descenderá la misma distancia que logró ascender, existe un eje, un centro que marca el justo medio entre dos puntos. La misma distancia en un sentido o en el opuesto a partir de ese centro, es la simetría.

En síntesis, éstos filósofos veían que el universo se muestra en equilibrio y movimiento de manera coordinada, tiene proporción y tiene ritmo, de esta forma, el tiempo y el espacio no estaban separados, así como la ciencia moderna y post moderna sigue demostrando desde los descubrimientos expresados por Albert Einstein. Todo en la naturaleza tiene dos extremos entre lo que todo oscila, y entre éstos existe un punto intermedio, de donde se alejan simétricamente.

Que la naturaleza se manifieste con armonía, proporción y simetría dejaba entrever, que implícitamente, el universo se creaba matemáticamente.  Así, todo lo que existe tiene un orden implícito en su matriz, existe una determinada forma en que el universo se organiza, en que el universo se expresa y habla, y este lenguaje es la matemática. De aquí la importancia de estudiar los números para comprender el universo. Como el universo se expresa por medio de la matemática, es bello, es la representación de la belleza arquetípica, y por eso lo llamaron cosmos que en el idioma de los helénicos significa joya.

Todas las culturas percibieron del universo estas características. Los pitagóricos expresaban que la matemática era el modo en que la naturaleza se ordena. Todas las cosas existían porque tenían orden en su seno. Entendían el orden como el producto del trabajo de un sistema y de las relaciones internas entre sus miembros, por lo tanto, para que hubiera orden también era necesario que hubiera organización.

La palabra organización, significa “acción y efecto de convertir en algo, de crear, aquello que funciona bien” y etimológicamente proviene de la palabra órganon. El universo era lo que estaba bien hecho. Hoy entendemos que aquello que tiene órganos funcionando entre sí, es un ser vivo y quizás por una percepción semejante, todas las culturas también vieron al universo como un ser vivo, como un macro cosmos.

Además, es curioso que la palabra órganon, en su origen significa instrumento y fue la música para los pitagóricos, la expresión de la matemática en el sonido; era la música lo que mantenía unido al universo y esta provenía de la interrelación armónica entre todo lo que componía el universo, así como una orquesta. Todo lo que se movía armónicamente, producía música. Pitágoras decía que lo conocemos como silencio, o como ausencia de sonido, en realidad era la música que producían los planetas en su movimiento alrededor del Sol; esta era la música de las esferas, imperceptible para nosotros. Cuando los movimientos del alma no sonaban en armonía con la música del universo, aparecía la enfermedad y era la misma música aquello que también sanaba. Así como en Egipto cuando Maat -concepto divinizado del orden cósmico- estaba ausente, su rol ocupaba su hermana: Isfet, el desorden, la sequía y la dureza.

Así concebían a la matemática como el lenguaje con que se expresaba el cosmos; la música, la voz del universo.

Los antiguos amantes de la sabiduría entendían que el universo es un ser vivo, compuesto por infinitos órganos-instrumentos que deben funcionar en conjunto y armónicamente. Los seres humanos, por ser parte del macro cosmos, debíamos encontrar el orden universal dentro de cada uno, afinar y armonizar nuestro micro cosmos, y expresarlo; así las sociedades convivirían armónicamente y conformarían estados, culturas, civilizaciones, como un reflejo del orden del universo. Así la humanidad sonaría armónicamente, como una orquesta, reproduciendo la sinfonía de la vida.

Franco P. Soffietti

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