Etimología: Cosmos

La palabra Cosmos proviene del griego antiguo, de sus remotos orígenes por el siglo VIII a.C. cuando Homero empleaba esta palabra en La Ilíada para describir lo ordenado. El Cosmos era el resultado de poner orden sobre algo caótico; dar forma a aquello que no lo tiene y que así pueda servir de una manera determinada.

          El filósofo Pitágoras en el siglo VI a.C. explicaba que el Cosmos se expresaba de manera armónica a través de leyes fijas; tenía ritmo, orden y armonía, por lo tanto, era bello. Se manifestaba a través de patrones proporcionados, donde cada cosa tenía su lugar y su función. El Cosmos era una joya y esta belleza arquetípica podría ser despertada dentro del ser humano, pues cada persona era un microcosmos del universo como unidad.

          En ese mismo tiempo, el filósofo presocrático Heráclito utilizó el término para hablar de conceptos universales, al expresar que:

“Este cosmos, que es el mismo para todos, no ha sido hecho por ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que siempre fue, es y será un fuego eterno y vivo que se enciende y se apaga obedeciendo a la medida”.

          La palabra Cosmos, en síntesis, por tener proporción y una justa medida para cada cosa, era una joya y representaba el orden, la armonía y la belleza.

¿Será que el ser humano puede ser un cosmos en sí mismo, a imagen y semejanza del universo mismo, cuando encuentra la armonía y el orden en su interior y lo expresa hacia afuera?

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