Hipatia de Alejandría, su vida y su legado

Contexto histórico

Hacia el siglo III d.C., en la ciudad de Alejandría, Egipto, aparece un enigmático personaje llamado Amonio[1] Saccas, cargador y transportador de bultos en el puerto, de grandeza moral destacable y extraordinarias cualidades. Este filósofo sería encomendado para fundar la Escuela de Filaleteos o “amantes de la verdad”.

Mapa de la antigua ciudad de Alejandría

Junto con Plotino como su discípulo, dieron a conocer el ideal de la filosofía profunda, que persigue la fraternidad humana, incluyendo todas las religiones, todos los sistemas de pensamiento, todas las razas. Bautizaron a esta nueva escuela con el nombre de Escuela Neoplatónica de Alejandría. En su discurso, Plotino dijo: “Abramos de par en par las puertas de esta biblioteca de tan noble tradición, para que otras invisibles puertas se abran a los auténticos idealistas y logremos así que, en contacto con la divinidad que nos asiste, podamos cumplir nuestra misión en el mundo naciente».

Y estos personajes no fueron los únicos. La chispa de la filosofía ecléctica se fue propagando y encendió los corazones de aquellos que anhelaban la sabiduría y la verdad. Habría que destacar a Plutarco, jefe de la escuela neoplatónica de Atenas; a Porfirio, discípulo directo de Plotino y también a una gran discípula de esta tradición filosófica: Hipatia.

La Escuela Neoplatónica también era conocida como la Escuela Ecléctica de Alejandría, porque se transmitían todo tipo de enseñanzas de Oriente y Occidente. En esta ciudad se dieron cita pensadores y estudiantes en sus aulas y en su famosa biblioteca, que llegó a tener 700.000 volúmenes. Aquí se reunían los más grandes tesoros del saber para deleite de aquellos que aspiraban a un crecimiento intelectual y espiritual. Este tipo de vida cultural resplandecía en la paz y la fraternidad hasta que la oscuridad cubrió la civilización de los países antiguos. Con el advenimiento de la Edad Media europea, todo conocimiento y tradición del mundo clásico (entre ellas las bibliotecas, museos, oráculos, templos, e incluso escuelas de filosofía) cayó en el olvido. Las instituciones fueron cerradas y sus edificios, en innumerables ocasiones, incendiados.

Recreación exterior de la Antigua Biblioteca de Alejandría.

El emperador Juliano (331-363) intentó resucitar la religión y la filosofía “pagana” en Roma, pero la decadencia siguió su curso fuertemente. El último gran filósofo de Atenas fue Proclo (411-485), que elaboró la síntesis final del neoplatonismo imprimiéndole la forma en la que se incorporó al Cristianismo y al Islam en la Edad Media. Finalmente, en el 529 d.C., Justiniano prohibió la enseñanza de la Filosofía e hizo cerrar todas las escuelas de la ciudad, confiscando el ingente patrimonio de la escuela platónica.

Representación de la Antigua Biblioteca de Alejandría por dentro.

Vida de Hipatia

Nacida alrededor del año 370, hija del filósofo y matemático Teón de Alejandría, creció y se educó en Atenas, siguiendo los pasos de su padre. Esto fue una rareza, ya que en esa época las mujeres no se educaban. Luego se trasladó a Alejandría, donde su padre trabajaría en el Museo, fundado por Ptolomeo I, rey de Egipto. El Museo era, en aquella época, una auténtica universidad a la que asistían alumnos ansiosos de instruirse en las ciencias y la filosofía. Este Museo tenía más de cien profesores que vivían allí y muchos más que asistían periódicamente como invitados.

Su padre siempre vigiló muy de cerca su educación. Según registros de la época, este deseaba que su hija fuera «un ser humano perfecto». Recibió así, una educación científica muy completa, dedicándose también a un exhaustivo cuidado de su cuerpo. Realizaba todos los días una rutina física que le permitía mantener un cuerpo saludable, así como una mente activa.

Cuidadosa y delicadamente educada, pasó Hipatia la infancia y la adolescencia, convirtiéndose en una mujer de extraordinaria belleza, distinción y talento, que la hacían sobresalir de las demás jóvenes de su edad.

Hipatia, en un detalle de La escuela de Atenas (1509-1510) de Rafael Sanzio (Museo del Vaticano).

Hipatia se formó como científica en el propio Museo y permaneció, siendo parte de él, hasta su muerte, llegando a dirigirlo alrededor del año 400. Impartió clases en la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos le llamaban «la filósofa». Hipatia cultivó varias disciplinas: filosofía, matemáticas, astronomía, música… y durante veinte años se dedicó a enseñar todos estos conocimientos.

«Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar.»

Hipatia de Alejandría se interesó también por los instrumentos prácticos que se usaban en las investigaciones astronómicas y elaboró tablas de los movimientos de los cuerpos celestes. Sin embargo, se consagró principalmente al estudio y a la enseñanza de las matemáticas, convirtiéndose en una de las mejores científicas y filósofas de la época. 

Entre sus discípulos más destacados estuvieron el obispo Sinesio de Cirene y Orestes, que llegó a ser prefecto romano de Egipto.  Sus contemporáneos decían de ella que era sabia como Palas Atenea y bella como Afrodita; solía cubrirse con el manto de los filósofos y dialogaba con los personajes distinguidos de la ciudad. En su conducta siempre se mantenía serena y ecuánime, lo cual hacía que su opinión fuese aceptada y respetada por todos los demás.

Su proceder tolerante, no discriminatorio con sus discípulos y sus enseñanzas fomentadoras de la racionalidad (imprescindible para la ciencia), le fueron creando en la ciudad envidias y odios. Entre sus principales detractores se encontraban, al parecer, el obispo San Cirilo de Alejandría y sus seguidores.

«La verdad no cambia porque sea o no sea creída por la mayoría de las personas.»

Acusada por Cirilo, Hipatia de Alejandría fue asesinada en un motín popular alrededor del año 415 (al parecer, un grupo de exaltados asaltó su carruaje, la torturó y la quemó) y sus obras perecieron juntamente con toda la Biblioteca de Alejandría.

Grabado en el que se relata la muerte de Hipatia

Las causas de la muerte de Hipatia, sin embargo, distan de ser claras. Estudios recientes han puesto en duda las motivaciones religiosas, objetando que Hipatia no era contraria al cristianismo, pues tenía discípulos de todas las religiones, e intentaron enmarcar su muerte en el cúmulo de tensiones políticas que existía en la Alejandría de la época como consecuencia de la decadencia del Imperio Romano y de las luchas internas que la provocaron. Su asesinato tendría, según estas hipótesis, posibles motivaciones políticas, dentro de la lucha que mantenían el patriarca Cirilo y el prefecto romano Orestes por la hegemonía política en Alejandría.

El legado de la filósofa

Hipatia de Alejandría es considerada por muchos la primera mujer científica de la historia conocida. En un tiempo en el que las mujeres no tenían acceso al saber, Hipatia consiguió abrirse camino en la ciencia y llegar a tener un gran reconocimiento público. Para ello tuvo que renunciar al matrimonio y a su faceta más femenina.

Aunque los estudios de Hipatia no sobrevivieron al paso de los siglos, sí se ha reconstruido su vida y enseñanzas a través de cartas de sus discípulos o descripciones de terceros, como Sócrates el Escolástico, quien anotó: “Llegó a tal grado de cultura que superó a todos los filósofos contemporáneos, heredó la escuela platónica que había sido renovada en tiempos de Plotino, y explicaba todas las ciencias filosóficas a quienes lo deseaban. Por eso quienes deseaban pensar de modo filosófico acudían hacia ella de todas partes”.

Fue un eslabón más en la laboriosa tarea de traer de vuelta las enseñanzas de Platón, impartiendo sus conocimientos a todos: cristianos, paganos y extranjeros, en medio de tiempos políticamente turbulentos en la ciudad. Pues como ella decía: «Independientemente de nuestro color, raza y religión, somos hermanos.»  

Aunque todos sus escritos se han perdido, existen numerosas referencias a ellos. Su trabajo más extenso fue en álgebra. También escribió un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio (a quien se deben la explicación de las órbitas irregulares de los planetas). Escribió un Canon de Astronomía y cartografió también, diversos cuerpos celestes, confeccionando un planisferio.

Además de la filosofía, matemática y astronomía, se interesó por la mecánica y las tecnologías prácticas. En las Cartas de Sinesio están incluidos sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano, que nos sirve para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol. También desarrolló un aparato para la destilación del agua, así como un hidroscopio para medir la presencia y el nivel del agua y un hidrómetro graduado de latón para determinar el peso específico de los líquidos. Por último, se la supone inventora del aerómetro, instrumento que se usa para medir las propiedades físicas del aire y otros gases.

Fue una mujer con una mentalidad muy abierta, que trataba como hermanos a personas de distintos tipos, religiones, orígenes y características.

Damascio habla de ella de esta manera: “Puesto que era así la naturaleza de Hipatia, es decir, tan atractiva y dialéctica en sus discursos, dispuesta y política en sus actuaciones, el resto de la ciudad con buen criterio la amaba y la obsequiaba generosamente, y los notables, cada vez que hacían frente a muchas cuestiones públicas, solían aproximarse a ella”.

La generosidad y la sabiduría llegan a reunirse en un mismo ser. Hipatia fue embajadora del saber y guardiana de la tradición. Iluminó a la Humanidad con su luz, una luz tan poderosa que hizo falta que el destino se vistiera de negro para extinguirla.

«Comprender las cosas que nos rodean es la mejor preparación para comprender las cosas que hay más allá»

Epílogo

Hipatia fue la última estrella que brilló en Alejandría pero nos legó el ejemplo de una vida entregada a una causa noble. Ella supo mantener viva la llama de la sabiduría, impulsando a los hombres y mujeres de su época a conocer el sentido profundo de sus vidas y continuar transmitiendo las enseñanzas platónicas. Aunque los vientos soplaron en contra, ella se mantuvo firme en su puesto, cumpliendo con la sagrada misión que le fue encomendada.

Hasta hoy Hipatia se mantiene como un símbolo, una mártir del conocimiento, ya que supo hacer prevalecer la Sabiduría por sobre las demás cosas, sin importar la raza, la religión ni el sexo.

Fue un ejemplo de Voluntad al atravesar todos los prejuicios y obstáculos de la época; de Amor, porque supo brindar ese Amor a través de sus enseñanzas, manteniendo su lado más femenino y bello; y de Inteligencia, porque fue un eslabón importante para el avance de la Ciencia al plasmar y comprender las leyes de la Naturaleza al alcance de todos.

Por todo esto fue una persona muy especial, un ejemplo de Virtud y dedicación, un alma iluminada con la chispa divina, una Heroína, que con o sin miedo, acometió con las ilusiones terrenales y fijó su mirada más allá, para vencer la ignorancia y luchar por un mundo más sabio, más justo y mejor.

«El que influye en el pensamiento de su tiempo, influye en todos los momentos que le siguen. Deja su opinión para la eternidad.»

Rosario Vouillat


[1] Amonio significa «elegido de Amón», importante dios egipcio.

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