Las musas, guardianas de la memoria

Alrededor del año 280 a. C. en Alejandría y a cargo de Ptolomeo I Sóter, un centro de investigación es erigido con el propósito de disponer lo necesario para que los mejores poetas, escritores y científicos del Mundo Antiguo vivieran y trabajaran: el “museion”. Es de aquí de donde posteriormente toman sus nombres los museos. Estos espacios sagrados eran construidos para que las musas, deidades de las ciencias y las artes habitaran en su interior.

Antiguo cuadro del Museion dedicado a las musas. Donde se había dispuesto lo necesario para que poetas, escritores y científicos del mundo antiguo vinieran y trabajarán

La búsqueda de las civilizaciones de mantener su pasado vivo, parece expandirse más allá de la cultura occidental, ya que también hay registros de la existencia de museos en las culturas americanas y en Mesopotamia.

Las musas tuvieron y siguen teniendo un rol fundamental en las culturas escudando la memoria de la humanidad en su paso a través de los ciclos del tiempo. Mediante las artes y las ciencias que presiden, estas divinidades acompañan a los hombres como intermediarias entre el mundo de los fenómenos y el mundo de las ideas.

El origen de las musas

Las nueve musas, hijas de Zeus, padre de los dioses y de Mnemosine, diosa de la memoria, fueron engendradas durante nueve noches sucesivas. Mnemosine, su madre, pertenece a la primera generación de dioses, por lo que no es la memoria de los hechos de este mundo lo que nos recuerda, si no que evoca la memoria del origen del cosmos, del tiempo mítico previo a los ciclos históricos.

Las nueve musas hijas de Zeus y de Mnemosine junto a Apolo

Estas nueve deidades han sido desde entonces las responsables de conservar y perpetuar la presencia de la memoria primordial en lo profundo del ser humano. Por ser las musas hijas de Mnemosine y de la voluntad creadora -Zeus-, han inspirado e inspiran a la humanidad para CREAR obras que permitan revivir lo arquetípico. Estos recuerdos de lo atemporal y perfecto, ayudan a mujeres y hombres a penetrar en la naturaleza y comprender su causa; las musas nos acercan a la comprensión y puesta en práctica de las leyes invisibles del cosmos.

Mnemosine diosa de la memoria y madre de las musas

Estas deidades colaboradoras en las manifestaciones humanas residen, entre otros lugares, en el Monte Helicón (según los relatos de Hesíodo). Este es el monte de la hélice, donde ponen a girar el eje del mundo. Por eso la tradición menciona que las musas acuden a las personas cuando están trabajando, cuando están participando activamente con su obra en la re-creación del mundo.

Las musas y las creaciones artísticas

Estas obras que ayudan a recordar antiguas vivencias de la humanidad e inspiran a las personas a encontrar la mejor versión de sí mismos, constituyen verdaderas creaciones artísticas que sirven como canal de la belleza arquetípica. Las musas, por ser las intermediarias celestes en las creaciones del hombre, rigen sobre un arte en particular:

  • Talía, la que lleva flores, es la musa dedicada al arte de la comedia.
  • Clío es la musa que preside la historia. Se le atribuye la trompeta y el reloj de agua (clepsidra), pues su virtud es medir el tiempo, aun cuando el Sol se oculta. Esta deidad se encarga de mantener vivos en el tiempo, los actos generosos y los triunfos del pasado glorioso.
  • Calíope, la de bella voz, la musa de la elocuencia, preside la poesía épica cantando las proezas de dioses y héroes inmortales. Su canto trae el silencio sonoro del mito y lo hace perceptible al hombre.
  • Terpsícore, es la musa dedicada a deleitar con las danzas. Está relacionada con el movimiento armónico en el espacio y por lo tanto con la geometría en la tierra.
  • Melpómene, la musa de la tragedia, es la inspiradora de artistas a lo largo de la Historia, la amada y la temida, la imagen acusadora de la vida, como menciona la filósofa Delia Steinberg Guzmán[1].
  • Erato, portadora de la lira, la amorosa y amable, está dedicada a la poesía lírica y los cantos sagrados.
  • Euterpe, es la musa que tiene el don de saber agradar. Sus atributos son la flauta y los instrumentos de viento, elemento por el que se propagan los mensajes y las audiciones. Por lo tanto, es la musa dedicada a la música.
  • Polimnia, la que seduce mediante la palabra, es la musa de múltiples himnos, los cuales unifica para entonar y armonizar el canto único del universo.
  • Urania es musa de la astronomía y las matemáticas. Se la suele representar con un compás, herramienta que permite conocer y mantener las proporciones que rigen la naturaleza. Urania es la que mide el cielo revelándonos la geometría celeste.

Es interesante destacar que la historia era un arte para las culturas clásicas de occidente, ya que, de la mano de los poetas que la relataban, permitía a los pueblos rememorar su pasado glorioso y tomarlo como ejemplo a seguir. Las sociedades, de este modo, podían tomar los ideales trascendentes como base y perseguir una dirección y sentido común claramente definidos.

Así, la influencia de las musas estuvo ligada a numerosos personajes que cambiaron la historia de la humanidad. Por ejemplo, fueron las que inspiraron a Homero cuando relató las historias de Troya y del sufridor Ulises. Asimismo, a Hesíodo cuando cantó el nacimiento de los dioses griegos. Ambos poetas sentaron las bases de la cultura helénica y, atravesando el tiempo, de nuestra cultura occidental también.

La memoria y las creaciones armónicas

Si el rol natural de las musas es el de evocar la memoria y hacer recordar al ser humano, significa que en algún momento tuvimos cierto conocimiento que fue olvidado. En las enseñanzas de Platón, el alma humana tiene su origen en el perfecto mundo de las ideas. El ser humano entonces, nace con la sabiduría en su interior, pero al beber las aguas del río Leteo antes de nacer nuevamente, olvida.

Volviendo los ojos hacia el alma, el hombre puede recordar aquello que ya ha visto en el mundo ideal, donde reside su esencia y serían las musas quienes, dando de beber ahora las aguas del río de la memoria, evocan el recuerdo de su verdadera identidad.

Las musas que además son compañeras de Apolo -dios del Sol-, velan por la armonía universal en el mundo manifestado. Conducidas por Este último, transportan al alma humana al cielo del no olvido en el que habitan los dioses olímpicos, las ideas universales y eternas. Favorecido el hombre por la audición de las musas, su pensamiento puede penetrar más allá de lo aparente y captar los principios del cosmos.

Apolo, dios del Sol y las nueve musas

Quien recuerda su esencia encuentra la voluntad para crear; quien penetra hasta los abismos de la memoria para recuperar su identidad, es uno con la naturaleza y sus obras en la tierra son un reflejo de las leyes del cielo. Aquel ser humano que abra su corazón para recibir el influjo de lo eterno hará resonar en su voz el canto de las musas y sus creaciones, entonadas con la lira de Apolo, reproducirán la armonía cósmica.

Franco P. Soffietti


[1] En su artículo “Melpómene, la musa de la Tragedia”: https://biblioteca.acropolis.org/melpomene-musa-tragedia/

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